La Roseta, el grupo de cicloturismo, despidió con una sentida carta a Diego Di Paola.

Este año 2020 nos ha dejado muchos aprendizajes. Es un año que no se mide en días sino en cuándo se “terminará” y el “terminará” no se mide en tiempo, se mide en libertad. Para nosotros, los cicloturistas, se mide en la posibilidad de pedalear, de viajar, de reír, de abrazarnos con los nuestros, de ayudarnos y de volver a tener la posibilidad -incierta- de un día más.

Todos los que conformamos este grupo hemos tenido altos y bajos, aprendiendo de la vida como la gran maestra. No importa cuánto bien material tengas, hayas juntado o quieras juntar, lo que importa es cómo vas a vivir y cuántos amigos vas a ir cosechando en este aprendizaje.

El “cómo” vas a vivir, lo sabemos, pero el “cuánto” no lo conocemos. Y aquí radica la enseñanza más grande que hemos tenido estos días con Diego di Paola, ese “rosetero” que vivió cada uno de sus días haciendo que valgan la pena, subiendo montañas, recorriendo senderos, participando en eventos, parándose ante cada vista maravillosa que nos han dado los viajes, abriendo los brazos y mirando el horizonte como pidiendo que lo lleven a volar.

Diego no puede ser olvidado porque se fue haciendo una de las cosas que le gustaba y en brazos de unos amigos incondicionales que lo van a tener presente por siempre.

Preguntémonos hoy qué camino vamos a tomar porque puede que un día no lleguemos a cumplir el circuito. Con el tiempo nos damos cuenta de que sólo nos van a quedar los recuerdos de los lindos momentos compartidos, con la certeza de que al cerrar los ojos sabremos que todo valió la pena.

Diego fue de esos que siempre priorizó lo importante: a su familia, a sus amigos y a la vida. Por eso, cuando quiso cumplir un objetivo, lo hizo con la sabiduría de disfrutar junto a los suyos cada momento, cada logro, ya sea la cima de la montaña, la meta de una carrera o el circuito de un sendero.

A los que quedamos, aprendamos: es hoy y sólo hoy. Eso también nos enseñó Diego antes de irse.

No te vamos a olvidar nunca. Cuando alguien pregunte por vos, quiera saber de vos o quién eras, será muy fácil decir que eras un buen tipo y eso hoy es el apodo de los grandes.