El domingo pasado, el Centro Municipal de Cultura de Santa Rosa celebró 24 años desde su inauguración y decidió celebrarlo  a través de la voz de uno de sus trabajadores.

Rubén Ruiz, o simplemente “el Negro” Ruiz, cómo le dicen sus compañeros y compañeras, ingresó en la planta de la Municipalidad de Santa Rosa en 1988. A punto de jubilarse, recordó los inicios de un espacio cultural ganado al abandono, que supo albergar el nacimiento de grupos artísticos y dar origen a movimientos de resistencia frente a los autoritarismos neoliberales de las gestiones municipales.

“No recuerdo bien el día exacto en el que comencé a trabajar en el municipio, pero fue en la dirección de Acción Social durante la gestión de Félix Molteni. Trabajé algunos años en esa dirección y cuando el área de Cultura, que en ese entonces funcionaba en el Teatro Español, comienza a tener su espacio en la calle Mansilla, me sumé a ese grupo de compañeros que estaban laburando en “El palomar”, un edificio de la UNLPam. Por esa época en El palomar ya funcionaba el archivo histórico HiIda Paris, que luego se traslada a la nueva dirección de la calle Quintana”, recuerda Ruiz, a punto de jubilarse.

A principios de la década del 90´, la Dirección Municipal de Cultura, con el apoyo de asociaciones intermedias de Santa Rosa, se moviliza para recuperar el viejo Mercado y utilizarlo para desarrollar sus actividades. En 1992 el Concejo Deliberante aprueba una Ordenanza que declara de Interés Municipal la reconversión del edificio abandonado en un Centro Cultural. Dos años después, las autoridades municipales toman la decisión política de llevar a cabo el proyecto.
“El recuerdo que tengo del funcionamiento del Centro Municipal de Cultura en sus principios es que la mayoría de las cosas estaban por hacerse. De a poco y con el paso del tiempo fueron llegando les compañeres, cada une con su impronta y se le fue dando forma y fundamentación a cada espacio de acuerdo a la manera de trabajo que implementaba cada gestión, porque no siempre se lograba un acuerdo”, cuenta “El Negro Ruiz”.

En ese sentido, recuerda que fueron apareciendo grupos de trabajo como Las Malvonas, que dictaban talleres y trabajaban en el barrio Escondido, el grupo Andar, los comienzos de la tecnicatura de Cerámica, de Danza, los Ensambles de Música, les chiques de la sala Incaa, la creación de Curaduría, que en sus principios no estaba, El Puesto, para la venta de creaciones artísticas locales, los talleres de artes visuales, de guitarra, etc.

“El C.M.C fue durante mucho tiempo un reclamo muy profundo de todos los sectores de la cultura de nuestra ciudad. La gente recorría los pasillos que reconocían como propios, te explicaban dónde estaban los puestos del ex mercado, donde estaba la panadería, la verdulería. Durante mucho tiempo en las salas externas (lo que hoy es la radio Municipal) las paredes siguieron conservando el olor a pescado. Durante varios años en una de las salas funcionó el Fotocineclubpampeano, ellos armaban muestras de fotografía y eso dio origen a lo que es la galería Horacio Echaniz”.

Denominado como “Profesor Julio Alejandro Colombato” por el Concejo Deliberante en 2001, el Centro Cultural fue ganando espacios, hasta quedar conformado con Archivo Histórico Municipal “Hilda Elena Paris”, al Auditorio “Juan Carlos Bustriazo Ortiz”, la galería “Eduardo Ferma”, la fotogalería “Ricardo Echaniz”, el patio de artesanos “Enzo Fidia Camilletti”, la recientemente recuperada sala “Guillermo Jesús Mareque” y diversas aulas donde se dictan talleres y ensayan los Cuerpos Artísticos Municipales.

Arte y resistencias

Manteniendo el espíritu de reclamo del sector cultural de la ciudad con el que fue creado el Centro Municipal de Cultura, Rubén rememora uno de los momento de intensa lucha en el área: “A finales de 2007 y principio del 2008 con la llegada de Juan Carlos Tierno a la intendencia, el C.M.C se convirtió en una suma de asambleas y reclamos de la ciudadanía en general y les trabajadorxs de la cultura en particular. Parte de los espacios destinados a talleres de cultura estaban siendo asignados a lo que se denominaba la policía municipal. En oposición a eso, en las calles de ciudad se desarrollaban distintos tipos de reclamos. Se realizaban marchas con músiques, instalaciones artísticas, teatro callejero, eran diversas y variadas manifestaciones espontaneas en contra de lo que nos segregaba”.

Luego de aquellas intervenciones, el Negro Ruiz decidió dejar el área de mantenimiento en donde se desempeñaba laboralmente y comenzó a trabajar en Curaduría junto a Paula Rivero y en las muestras del Archivo Histórico Municipal con Mónica Luchesse. “Desde aquel momento y hasta la actualidad me dediqué al montaje de obras, creo que mis mejores momentos pasaron realizando esa tarea. En cada muestra, tuve la suerte de conocer gente muy valiosa […]. Podría mencionar cómo momentos importantes que viví en mi trabajo cuando se creó la Galería Ferma y armamos junto al homenajeado Eduardo su propia muestra. También recuerdo que tuve el privilegio de haber compartido los Simposios de Escultura junto a Raul Fernandez Olivi, que era mi amigo. Y así podría seguir describiendo las muestras colectivas de la Semana de la Memoria, las experiencias con otros grupos como los trabajadores y trabajadoras de cerámica, el grupo de muralistas, la gente del Museo Verde, las exposiciones de fin de año de los y las talleristas. La verdad es que se me vienen tantos nombres a la mente de las personas con la que disfruté compartir trabajando, que no me alcanzaría el tiempo para mencionarlas a todas”, agradece Ruiz. Y agrega: “Pensar en que el C.M.C cumplió 24 años, me hace recordar a ese grupo de compañeres que están desde su inauguración. Realmente me hubiera gustado disfrutar este cumpleaños de otra forma, pero los momentos que se están viviendo a causa de la pandemia son muy difíciles y tenemos que cuidarnos. Me queda también como algo inconcluso no haber podido colaborar lo suficiente con esta nueva gestión que tanto habíamos esperado, ya que dentro de poco comenzaré a llenar los papeles para mi jubilación. Pero puedo asegurar, que el C.M.C va a seguir siendo mi lugar en el mundo aunque ya no tenga que cumplir con mis horarios y obligaciones”.