Por Silvio Tejada

El sonido envolvente de la trutruka nos alertó de que el poeta, que había muerto, ya estaba allí, para que nos despidiéramos de él. La poesía se desgajaba con el paso fúnebre en una tarde que sangraba anaranjada y helada. El acercamiento social, los barbijos del COVID, el despliegue de aplausos que ofrendaban gratitud hacia el poeta y el silencio respetuoso de las diucas fueron un momento único de comunión del dolor, de la despedida sentida al poeta Morisoli.

Los pasos de cientos avanzaron tras él, como infrenables pasos que lentamente seguían al poeta, los pasos de cientos que traspasaban las compuertas del cementerio parque, que se abrieron de par en par ante el dolor del cortejo, que atravesaron el bulevar hacia la capilla, que crujían las hojas amarillas y las piedras del camino, y como un espiral de lágrimas los pasos de cientos rodearon el auto fúnebre con la leyenda Edgar Osvaldo Juan Morisoli.

Los pasos de cientos cruzaban codos, lágrimas, abrazos, palabras, sin palabras. La poesía duele en La Pampa, en el sur, en el río de acebos, en la América profunda, en la patria grande que se refugia en la memoria del poeta. Se escuchan ya los pasos de los pueblos que despiden con honores al poeta. Se leen y escuchan los pasos que Morisoli y su poesía buscaron y recorrieron desde el lagrimal. La trutuka suena, vive la poesía. Su partida lo renace.

“Al sur crece tu nombre”

El poeta Edgar Morisoli se ha manifestado en la memoria popular. Parece un anaquel de historias, de nombres, de lugares, de fechas históricas, de luchas libertarias, de resistencia, de amistades, de un gran amor, de su familia; en esta casa que habita don Edgar, su trabajo de labrador de palabras ha sido su propia vida poética.

El poeta Morisoli ha rubricado su pensamiento antiimperialista, lo ha transmitido, lo leemos en tantos textos suyos, es el horizonte de su poesía. En “Fábula del tiburón y las sardinas”, El “Alca” y la Cultura. Algunas reflexiones en su ensayo “Cultura como creación versus Cultura como mercancía (versión preliminar) declara el posicionamiento en pro de la Cultura como Creación: “El intelectual deberá tomar posición, y esa opción se inscribe en el terreno de lo ético. O abre los ojos ante una instancia única e irrepetible y se suma a la lucha, o se encoge de hombros frente al riesgo y al desafío y retorna a su insular tarea de orfebre. Eso sí, en este último caso, tal vez al elevado precio de erradicar o tapar en su casa todos los espejos, para no ver cotidianamente los rostros egoístas de la comodidad, la facilidad, la indiferencia... cuando no otros peores.

En resumen, un problema de conciencia con el dramático telón de fondo de la confrontación entre el Norte poderoso y hegemónico, y este Sur que brega por defender su soberanía, su independencia, su libre albedrío y su derecho a definir su propio camino para lograr el bienestar de sus pueblos, el afianzamiento de su identidad, su futuro. “El poeta escribe en ...vísperas de otoño, 2004...” Tironeado por inquietudes y certezas, por dudas y convicciones, yo también me he preguntado y me he respondido, frente a ello: “¿El Sur? Un persistir. Una manera obstinada de amar, y la hidalguía de ser fiel a ese amor. ¿El Sur? Una contienda sin otra recompensa que la propia dignidad de luchar. ¿El Sur? Una calandria gorjeando en la espesura. Un pausado narrar del corazón”.

 

* Poeta, periodista e integrante de la Asociación Pampeana de Escritorxs.