La Pampa

Lo condenaron a ocho años de prisión por abusar de su sobrina

Un hombre de 30 años fue condenado esta semana a cumplir ocho años de prisión efectiva, por abusos sexuales reiterados contra su sobrina.

El condenado formó pareja con la exmujer de su hermano, muerto en un hecho violento, y comenzó los abusos con tocamientos cuando la víctima tenía 7 años y a partir de los 11 la accedió carnalmente, siempre bajo amenaza de matar a su madre y su hermana.

El juicio tuvo lugar los días 12 y 13 de septiembre, presidido por el juez de audiencia Carlos Federico Pellegrino (foto), la actuación de Ana Laura Ruffini como fiscal y la asistencia técnica del defensor oficial, Héctor Freigedo.

Al término del debate, el juez Pellegrino consideró al acusado como autor material y penalmente responsable del delito de "abuso sexual con acceso carnal, agravado por al aprovechamiento de la situación de convivencia preexistente con un menor de 18 años, como delito continuado". Y le aplicó la pena requerida por la Fiscalía, ocho años de prisión efectiva.

Los hechos ocurrieron tiempo después que el piquense iniciara una relación de convivencia con quien había sido la pareja de su hermano, fallecido en el marco de un hecho violento. Los abusos comenzaron en la casa de la abuela de la menor, cuando la niña tenía 7 años, y se reiteraron mientras el hombre quedaba a cargo de la guarda cuando su mamá salía a trabajar. 

A los 11 años los abusos comenzaron a ser carnales, siempre con amenazas hacia la víctima, ya que le reiteraba que, si contaba algo, mataría a su mamá y a su hermana. De hecho, cuando la damnificada estaba por cumplir los 15 años, un día su madre regresó a la vivienda antes de lo previsto y observó una situación que le llamo la atención, pero su hija le negó la posibilidad de un abuso por parte del hombre. Tiempo después, la misma adolescente admitió que lo hizo por miedo, ya que las amenazas del violador le provocaban pesadillas sobre un trágico final de su madre y su hermana.

Finalmente, la víctima se decidió a contar lo que sucedía cuando su madre y el hombre estaban separados y analizaban la posibilidad de reanudar la pareja. La chica se quebró en llanto y le relató a su madre los padecimientos. Una hermana del agresor sexual, enterada de la situación, llevó al hombre hasta la Comisaría Segunda para que se entregue y allí admitió "me las mandé, me las mandé", para luego reconocer ante la policía los abusos, aunque en el juicio los negó.

El juez Pellegrino concluyó en su sentencia que "la relación asimétrica de poder, el aprovechamiento de un claro estado de vulnerabilidad de menor de edad y el evidente ejercicio de violencia de género, resultaron los elementos utilizados por el imputado para conseguir saciar su apetito sexual sin ser descubierto en su producción".

La cámara gessel y las pericias realizadas a la víctima menor ratificaron plenamente la existencia de los abusos reiterados por parte de su tío. Y, sumado a otros elementos de prueba volcados en el debate, llevaron al juez Pellegrino a confirmar la condena de ocho años de prisión efectiva contra el acusado.

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