Vecinos y vecinas contaron parte de la vida de “Mili” que con sus 12 años, ya atravesó tres inundaciones y tres evacuaciones por el anegamiento del barrio Almafuerte.

Por medio de las redes sociales de la Asamblea del barrio Almafuerte se dio a conocer la historia de Mili, que está por cumplir los 12 años.

“Desde agosto de 2019 participa de los talleres artísticos y comunicación popular, acompañados de una merienda, que realizamos desde la Asamblea del Barrio Almafuerte, en la esquina del parque ubicado en Maipú y Catamarca”, arranca la carta pública.

Mili atravesó tres inundaciones viviendo en el barrio: “la primera vez yo tendría 5 años, creo’, dijo en referencia a la inundación provocada por las fuertes lluvias  en 2014. ‘El Titi y Ale (sus hermanitos menores) no habían nacido. Vivíamos en un departamento acá a la vuelta con mi mamá, mi papa, el Juanjo y el Tobi, que era bebé. Se nos llenó todo de agua, lo único que me acuerdo era ver el baño destrozado, se rompió todo, flotaba el champú, la crema de enjuague, los cepillos, todo”, contó.

“En abril de 2017, el barrio se volvió a inundar por un fuerte temporal y por la desidia estatal. Mili recuerda que ya se habían mudado a su casa actual, sobre calle Chacabuco: «esa vez fue la que más agua entró porque llovió muchos días. ¿Ves esa marca en la pared? – señala una huella de humedad  que se ubica más de un metro del piso-, bueno, hasta ahí llegó el agua, nos sacaron con canoas. Me acuerdo que había carpas y peces nadando adentro de mi casa porque se venían de la laguna”, continúa el escrito difundido por las redes sociales.

“El domingo pasado, a pocos días de su cumpleaños, Mili pasó por la tercera inundación en la casa  que comparte junto a su mamá, papá y cuatro hermanos. “yo estaba en la pieza de mi mamá viciando y la escucho que me viene a pedir el celular. Cuando empezó a llenarse de agua la casa me hizo subir con el Titi y Ale al sillón. El Juanjo (su hermano mayor) subía las cosas que podía arriba de la mesa y después se fue a la casa de Ana para secarse con la estufa. Estaban re cagados de frio, yo veía a mi papá, que estaba filmando y la mano le hacía así», dice mientras simula una mano temblorosa. «Yo no me iba a ir de la casa porque estaba la Kika (su gatita), así que esperé a que venga la canoa otra vez y la envolví a la Kika en una sábana para poder sacarla”, agrega.

Mili afirma que esta vez perdieron mucho más que las anteriores. “Las cuchetas, los colchones, los muebles, ropa, juguetes. Lo que más me duele a mí es mi mueble rosa en donde guardaba mi ropa. Teníamos en el patio bolsas de cemento y cal para que mi papá haga otra pieza, porque mi mamá está embarazada y vamos a tener otro hermanito y las bolsas quedaron arruinadas con la lluvia. A la noche nos trajeron 3 colchones de la municipalidad que usaron mis hermanos, yo dormí en uno mojado con mi mamá, pero tenía un olor a mierda. Mi mamá hacía arcadas hasta que se hartó y lo sacó al patio. Terminamos durmiendo en el piso. Ella me dijo que va a luchar para que nos den una casa que no se inunde”, enumeró.

“Mili no entiende de obras públicas, pero sí entiende que esas inundaciones son previsibles y evitables: ‘Ya deberían hacer algo para que no vuelva a pasar’”, cierra la carta difundida por la Asamblea del barrio Almafuerte.