El jefe de enfermería de CEAR, Javier Piorno, sigue en terapia del Molas. Lleva un mes y diez días internado por coronavirus. Estuvo al borde de la muerte y ahora sus familiares ruegan poder pasar las fiestas con él.

 "Estoy internado, estoy bien. No se olviden de que papá los ama". El jefe de enfermería del Centro Emergente de Asistencia Respiratoria, Javier Piorno, mandó hace un mes y diez días ese mensaje de wasap a sus hijos, Martina, de 18 años, y Gonzalo, de 16. En la misma terapia donde trabajaba todos los días, esta vez les escribió como un paciente más.

Una ambulancia lo había trasladado desde su casa el 11 de octubre a las 3 de la madrugada, porque tenía fiebre y problemas respiratorios. A  las pocas horas el diagnóstico de coronavirus le dio positivo.

Desde aquel día, su madre Teresa, de 76, años, sus hijos, y su novia Romina, ya no pudieron verlo ni comunicarse con él. Con una neumonía en los dos pulmones, con coronavirus, su estado se agravó. Le aplicaron plasma. Dos veces estuvo al borde de la muerte. Pero salió. "Tiene mucha fuerza de voluntad", le dice un familiar al diario.

Piorno es uno de los cientos de médicos y enfermeros de la provincia que se contagiaron de coronavirus atendiendo los pacientes de la pandemia. Este sábado, el día del enfermero, su familia renueva las esperanzas, más que nunca.

Hace veinte días tuvo una mejoría. Después de dos test de coronavirus negativos, los médicos decidieron trasladarlo desde el CEAR a la terapia del hospital. Allí permanece con sondas y una traqueotomía. Le desconectan el oxígeno de a ratos, para que sus pulmones se fortalezcan, pero cuando se cansa, vuelve a quedar con respiración asistida.

Los familiares todavía no pueden visitarlo. "Hace unos días le mostraron un video que le mandaron los hijos, la mamá y la novia. Se le llenaron los ojos de lágrimas. Si es así, reconoce, es una buena señal", cuenta uno de los familiares. Las drogas lo mantienen en un estado de baja lucidez. Más adelante será el turno de estudios para evaluar si hay secuelas del tránsito por la enfermedad.

"Sabemos que cuando salga lo espera una larga rehabilitación. No es fácil salir de una pulmonía con covid", agrega el familiar.

Como lleva tanto tiempo internado, el trabajo de rehabilitación de kinesiología también es fundamental por estas horas.

La madre de Piorno, Teresa, es viuda, modista y vive en Santa Rosa. Cuando quedó sola se vino desde Castex. "Viene bien. Está aprendiendo a respirar de vuelta. Es un excelente profesional, un padre excelente, rezamos por él, hacemos misas, cadenas de oración", confía la familia.

"La pasó muy feo. Estuvo en el frente del campo de batalla desde el día uno. Había tenido ya tres o cuatro aislamientos de algunos días. Este parecía uno más, pero no fue así", cuenta.

Piorno no tenía enfermedades prexistentes. Los familiares desmintieron que tuviese diabetes. Apenas un poco de sobrepeso. Y el colesterol alto. Tiene 47 años. "Era sano. Los médicos dicen que un exceso de estrés puede haberlo perjudicado", revelan.

Después de casi un mes y medio de internación, los compañeros y compañeras de Piorno, junto a la familia, solo piden que no baje los brazos. "Estamos seguros de que él va a salir", muestran optimismo los familiares.

La pelea sigue. Y los hijos de Piorno y el resto de su familia abrigan un deseo que confiesan con lágrimas de emoción: están pidiendo volver a verlo y poder compartir las fiestas de fin de año. Una súplica de corazón.