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Trump aprieta a Irán con una ofensiva económica y Teherán responde con una amenaza militar

Estados Unidos profundizó su ofensiva económica contra IrÃn mientras TeherÃn respondió denunciando “terrorismo económico” y advirtió que dispone de armamento mÃs avanzado para enfrentar una eventual nueva guerra
Estados Unidos profundizó su ofensiva económica contra Irán, mientras Teherán respondió denunciando “terrorismo económico” y advirtió que dispone de armamento más avanzado para enfrentar una eventual nueva guerra.

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La pulseada entre Estados Unidos e Irán volvió a subir varios grados. Donald Trump lanzó una nueva batería de medidas para asfixiar financieramente a Teherán y habló de una ofensiva económica sin precedentes. La respuesta iraní no tardó: denunció "terrorismo económico", exhibió su poder misilístico y advirtió que, si estalla otra guerra, utilizará armamento mucho más destructivo.

La tensión entre Estados Unidos e Irán ingresó este jueves en una nueva zona de riesgo. Esta vez, el primer golpe llegó desde el frente económico, pero la respuesta de Teherán rápidamente trasladó la discusión al terreno militar.

El Gobierno de Donald Trump decidió profundizar el aislamiento financiero iraní mediante una ofensiva destinada a bloquear las vías que todavía permiten el ingreso de recursos al país.

Desde Teherán respondieron con dureza. El canciller iraní, Abbas Araqchi, calificó las medidas como "terrorismo económico" y advirtió que las consecuencias de la estrategia estadounidense podrían extenderse mucho más allá de las fronteras iraníes.

Trump declaró su "Día D económico"

El presidente estadounidense presentó la estrategia como "la operación económica más devastadora jamás emprendida contra cualquier país" y bautizó la ofensiva como un "Día D económico".

La intención de Washington es cerrar todavía más el cerco sobre las fuentes de financiamiento de Irán y conseguir que sus aliados internacionales acompañen la presión.

Trump volvió además sobre uno de los argumentos centrales de su política hacia Teherán: impedir que Irán consiga desarrollar armamento nuclear.

La Casa Blanca apuesta así por golpear donde más duele, cortando recursos y aumentando el costo económico de mantener el actual enfrentamiento con Occidente.

Irán acusa a Washington de "terrorismo económico"

Araqchi rechazó frontalmente la ofensiva estadounidense y sostuvo que no solamente amenaza a la economía iraní, sino también a otros países que mantienen vínculos comerciales con Teherán.

Para el canciller, Washington utiliza su poder financiero como un instrumento de presión política.

Además, buscó devolverle el golpe a Trump poniendo el foco sobre los problemas económicos internos de Estados Unidos, particularmente el crecimiento de la deuda pública y las tasas de interés.

"La insistencia en continuar con políticas fallidas solo provocará más fracasos y la enemistad del pueblo iraní", lanzó Araqchi.

La crítica coincidió con la información del Departamento del Tesoro estadounidense que indicó que la deuda de Estados Unidos superó por primera vez los 40 billones de dólares.

Washington ya habla del "colapso" del régimen

Lejos de bajar el tono, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, defendió la nueva estrategia y planteó que la presión financiera podría tener consecuencias mucho más profundas sobre el Gobierno iraní.

Incluso mencionó la posibilidad de que las sanciones contribuyan al "colapso" del régimen.

La definición muestra hasta dónde pretende llevar Washington la ofensiva: no se trataría únicamente de conseguir concesiones diplomáticas, sino de ejercer una presión económica capaz de comprometer seriamente la estabilidad interna iraní.

Y Teherán tomó nota.

La Guardia Revolucionaria muestra los dientes

Mientras Washington habla de sanciones, desde Irán comenzaron a hablar directamente de misiles.

El portavoz de la Guardia Revolucionaria iraní, Hossein Mohabi, aseguró que las Fuerzas Armadas continúan desarrollando armamento más avanzado y sostuvo que sus capacidades actuales son superiores a las utilizadas anteriormente.

Según afirmó, las nuevas ojivas poseen mayor poder destructivo, mientras que los sistemas desarrollados cuentan con más precisión y tecnología.

La advertencia fue explícita: "Si estalla una guerra, nuestras armas serán completamente diferentes a las del pasado en todos los aspectos".

El mensaje parece dirigido directamente a Washington y sus aliados: Irán sostiene que una eventual nueva confrontación militar no tendría las mismas características ni el mismo costo que enfrentamientos anteriores.

Economía, misiles y una diplomacia congelada

El problema es que esta escalada encuentra a ambos países prácticamente sin un puente diplomático capaz de descomprimir rápidamente la situación.

Las negociaciones entre Washington y Teherán permanecen estancadas y no aparecen señales concretas de un entendimiento cercano.

Estados Unidos apuesta a que el estrangulamiento económico obligue al régimen iraní a retroceder, mientras Teherán intenta demostrar que todavía dispone de capacidad suficiente para elevar considerablemente el costo de cualquier escalada militar.

La combinación resulta explosiva: más sanciones estadounidenses, amenazas iraníes, desarrollo misilístico y negociaciones paralizadas.

Trump decidió aumentar la presión económica hasta niveles que su propia administración presenta como históricos. Irán, lejos de mostrar señales públicas de retroceso, respondió exhibiendo músculo militar.

La pulseada vuelve así a quedar peligrosamente abierta: Washington amenaza con golpear la economía iraní y Teherán advierte que, si el conflicto cruza nuevamente la frontera militar, esta vez responderá con armas más poderosas.

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