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El "Air Force One secreto": cómo es el avión militar que sacó a Trump de Turquía ante una amenaza iraní

El Boeing C-32A de la Fuerza Aérea estadounidense combina la plataforma del 757-200 con comunicaciones protegidas gran autonomía y sistemas defensivos para trasladar a las mÃximas autoridades del país
El Boeing C-32A de la Fuerza Aérea estadounidense combina la plataforma del 757-200 con comunicaciones protegidas, gran autonomía y sistemas defensivos para trasladar a las máximas autoridades del país.

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EL DIARIO digital

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Por fuera parece un Boeing 757. Por dentro es una plataforma preparada para trasladar a la cúpula del poder estadounidense en situaciones de alta seguridad. El Boeing C-32A cuenta con comunicaciones satelitales codificadas, contramedidas defensivas, más de 11.000 kilómetros de autonomía y capacidad para operar en aeropuertos donde un gigantesco 747 tendría dificultades. Ese fue el avión elegido para sacar discretamente a Donald Trump de Turquía ante una presunta amenaza iraní.

El operativo parecía sacado de una película de espionaje.

Donald Trump subió ante las cámaras al Air Force One, pero no habría abandonado Turquía a bordo de ese avión.

Según reveló The Washington Post, una alerta de seguridad obligó al equipo encargado de proteger al presidente estadounidense a cambiar los planes y utilizar otra aeronave para trasladarlo hasta el Reino Unido.

La elegida fue un Boeing C-32A de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, una máquina mucho menos llamativa que el enorme avión presidencial, pero equipada para realizar misiones de altísima sensibilidad.

¿La razón? Una amenaza considerada creíble y de supuesto origen iraní contra el mandatario.

Un Boeing 757 convertido en avión militar

A simple vista, el C-32A guarda un enorme parecido con cualquier Boeing 757 que durante décadas transportó pasajeros alrededor del mundo.

No es casualidad.

Se trata precisamente de una versión militar y ejecutiva del Boeing 757-200.

La Fuerza Aérea estadounidense encargó cuatro unidades durante la década de 1990 y recibió el primer aparato en 1998. Las aeronaves quedaron asignadas a la 89th Airlift Wing, con base en Andrews, Maryland, la misma estructura encargada de buena parte del transporte aéreo de las máximas autoridades estadounidenses.

Pero debajo de aquella apariencia relativamente convencional se esconde un avión muy diferente.

Más de 11.000 kilómetros sin aterrizar

Las prestaciones explican parte de su valor estratégico.

El C-32A tiene aproximadamente 47,3 metros de longitud, 38 metros de envergadura y 13,6 metros de altura.

Sus dos motores Pratt & Whitney PW2040 permiten que alcance velocidades cercanas a los 968 kilómetros por hora, con un techo operativo próximo a los 12.800 metros.

Pero uno de los datos más importantes es su autonomía.

Puede recorrer más de 11.100 kilómetros sin necesidad de repostar, suficiente para realizar vuelos intercontinentales manteniendo una enorme flexibilidad operativa.

Su capacidad ronda los 45 pasajeros, aunque la configuración está pensada para transportar funcionarios, equipos de seguridad y personal estratégico, no para maximizar la cantidad de asientos.

La gran ventaja frente al Air Force One

El avión presidencial estadounidense tradicional es una mole.

Los VC-25 derivados del Boeing 747 ofrecen enormes capacidades, pero sus dimensiones también imponen restricciones.

Ahí es donde el C-32A juega otra carta.

Al ser considerablemente más pequeño, puede utilizar pistas y aeropuertos que presentan mayores limitaciones para las operaciones de un 747.

Eso lo transforma en una alternativa particularmente útil cuando el presidente necesita desplazarse hacia destinos con infraestructura limitada o cuando razones de seguridad aconsejan modificar inesperadamente una ruta.

Precisamente por esa característica, distintos presidentes estadounidenses lo utilizaron ocasionalmente como alternativa al avión presidencial principal.

Y existe una aclaración importante: "Air Force One" no es técnicamente el nombre de una aeronave específica. Es el indicativo utilizado por cualquier avión de la Fuerza Aérea estadounidense cuando el presidente se encuentra a bordo.

Por lo tanto, si Trump viaja en un C-32A de la USAF, ese aparato pasa a operar como Air Force One durante ese trayecto.

Teléfonos satelitales y comunicaciones codificadas

Su interior tampoco tiene demasiado que ver con el de un 757 comercial.

La cabina está configurada en diferentes sectores destinados al trabajo, descanso y coordinación de las autoridades.

Dispone de oficinas, espacios para reuniones y áreas privadas, permitiendo que el Gobierno continúe funcionando incluso durante vuelos de larga distancia.

Uno de sus componentes más sensibles es el sistema de comunicaciones.

El avión cuenta con telefonía satelital y sistemas para transmitir información mediante comunicaciones globales protegidas, una capacidad indispensable cuando transporta al presidente, vicepresidente o integrantes de alto rango del Gobierno.

En una crisis, el ocupante no puede simplemente quedar incomunicado durante diez horas de vuelo.

El aparato funciona, en ese sentido, como una oficina gubernamental voladora.

Contramedidas para defenderse de amenazas

El C-32A tampoco está indefenso.

Aunque buena parte de las especificaciones más sensibles no se difunden públicamente, la aeronave cuenta con equipamiento defensivo y sistemas militares que no forman parte de un Boeing 757 convencional.

A ello se suman aviónica avanzada, sistemas para evitar colisiones y radares meteorológicos de altas prestaciones.

La combinación de seguridad, autonomía, comunicaciones y menor tamaño explica por qué puede convertirse en una herramienta particularmente valiosa cuando el Servicio Secreto necesita alterar discretamente el movimiento presidencial.

El avión habitual del vicepresidente

El C-32A tiene una función mucho más cotidiana que las evacuaciones secretas.

Es utilizado habitualmente para trasladar al vicepresidente de Estados Unidos.

Cuando el vicepresidente se encuentra a bordo, la aeronave recibe el indicativo Air Force Two.

También puede transportar a la primera dama, miembros del gabinete y otras autoridades.

Distintos presidentes, entre ellos Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama, Joe Biden y Donald Trump, recurrieron a este modelo cuando las circunstancias operativas hicieron inconveniente utilizar un 747 presidencial.

Pero la operación realizada en Turquía fue mucho menos convencional.

Trump habría subido a un avión y despegado en otro

El componente más llamativo del operativo fue precisamente el engaño visual.

Según la reconstrucción periodística, Trump abordó inicialmente ante las cámaras el avión presidencial que todos esperaban que utilizara.

Todo parecía indicar que despegaría desde allí.

Pero el plan real habría sido otro.

El presidente fue trasladado discretamente hacia el C-32A, utilizando la logística desplegada alrededor de las aeronaves para evitar que el movimiento quedara expuesto.

De esa manera, cualquiera que estuviera observando el dispositivo presidencial podía creer que Trump permanecía dentro del avión inicialmente abordado.

Mientras las miradas apuntaban hacia un lado, el presidente se preparaba para salir por otro.

Una amenaza "creíble" detrás del operativo

La extraordinaria maniobra respondió, según la información difundida, a una advertencia de seguridad relacionada con una posible amenaza iraní.

Trump posteriormente reconoció que sus custodios le habían pedido utilizar otra aeronave.

El presidente dejó en claro que siguió las recomendaciones de seguridad y admitió que sabía de la existencia de una amenaza, aunque aseguró que no había solicitado demasiados detalles.

La decisión final quedó así en manos de quienes tienen una tarea particularmente complicada: mover al hombre más protegido de Estados Unidos sin permitir que un eventual atacante pueda anticipar cómo, cuándo y por dónde lo hará.

El engaño continuó al llegar al Reino Unido

La maniobra no terminó con la salida de Turquía.

Al llegar a la base de RAF Mildenhall, en el Reino Unido, el dispositivo habría realizado el procedimiento inverso.

Trump regresó al avión presidencial fuera del alcance de las cámaras y posteriormente apareció descendiendo por sus escaleras.

Para cualquier observador externo, la escena podía transmitir una conclusión lógica: había viajado allí durante todo el trayecto.

Ese era justamente el objetivo.

No fue la primera vez que Estados Unidos jugó al despiste

La seguridad presidencial estadounidense tiene antecedentes de operaciones diseñadas para ocultar rutas y movimientos.

En 2000, durante una visita de Bill Clinton al sur de Asia, se implementaron maniobras especiales y aeronaves señuelo durante el desplazamiento hacia Pakistán.

Más recientemente, el viaje de Joe Biden a Ucrania en 2023 fue preparado bajo un extraordinario nivel de secreto debido al riesgo asociado con ingresar en un país en guerra.

El exagente especial del Servicio Secreto Paul Eckloff definió este tipo de maniobras como poco frecuentes, aunque no necesariamente inéditas.

Y eso explica por qué el C-32A resulta tan valioso.

No tiene la silueta inmediatamente reconocible de un gigantesco 747 presidencial. Puede operar con mayor flexibilidad, recorrer enormes distancias, mantener comunicaciones seguras y cuenta con capacidades defensivas.

Parece un Boeing 757 más. Precisamente ahí reside parte de su ventaja.

Cuando apareció una amenaza contra Trump, Estados Unidos necesitó menos espectáculo y más discreción.

Y el avión que habitualmente permanece a la sombra del Air Force One terminó convertido en la pieza central de un operativo diseñado para que nadie supiera con certeza dónde estaba el presidente.

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