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Karina Milei le pone un filtro a Sturzenegger: sus proyectos deberán pasar por la mesa política antes de llegar al Congreso

Karina Milei decidió reforzar el control político sobre las reformas de Federico Sturzenegger después del Ãltimo tropiezo legislativo del oficialismo
Karina Milei decidió reforzar el control político sobre las reformas de Federico Sturzenegger después del último tropiezo legislativo del oficialismo.

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El último tropiezo parlamentario dejó consecuencias puertas adentro de la Casa Rosada. Karina Milei decidió que las iniciativas impulsadas por Federico Sturzenegger deberán ser revisadas por la mesa política antes de aterrizar en el Congreso. El ministro fue ratificado y el Gobierno insiste en que sigue siendo una pieza clave, pero sus reformas tendrán desde ahora un control político previo para evitar proyectos demasiado ambiciosos que después naufraguen por falta de votos.

El Gobierno tomó nota del golpe y decidió cambiar el mecanismo.

Después de verse obligado a retroceder con capítulos centrales de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, el oficialismo reunió a su mesa política para revisar la estrategia legislativa, contar nuevamente los votos y, fundamentalmente, evitar que otra iniciativa llegue al Congreso sin suficiente respaldo.

La novedad tuvo nombre y apellido: Federico Sturzenegger.

El ministro de Desregulación participó del encuentro para explicar sus iniciativas y quedó alcanzado por una nueva regla impulsada por Karina Milei: sus proyectos deberán atravesar primero el filtro de la mesa política.

No se trata formalmente de una desautorización. De hecho, desde el Gobierno se ocuparon de ratificarlo.

Pero el mensaje político es difícil de disimular: antes de mandar una reforma al Congreso, alguien deberá asegurarse de que existan votos para aprobarla.

Karina Milei pone un filtro político a las reformas

La decisión fue adoptada por la secretaria general de la Presidencia después del traspié sufrido la semana pasada.

Según trascendió, la mesa política tendrá la tarea de auditar las iniciativas elaboradas por Sturzenegger antes de su envío al Poder Legislativo, con especial atención sobre aquellas propuestas consideradas demasiado ambiciosas.

La intención es evitar otro escenario incómodo: presentar reformas profundas, defenderlas públicamente y terminar recortándolas cuando queda en evidencia que los aliados no están dispuestos a acompañarlas.

Dentro del oficialismo reconocen que uno de los problemas estuvo en la reforma vinculada con la Ley de Tierras, cuyo contenido habría avanzado sin atravesar previamente un filtro político suficiente.

El resultado dejó una enseñanza incómoda para un Gobierno acostumbrado a acelerar: la motosierra también necesita votos.

Sturzenegger sigue, pero ahora con supervisión política

La incorporación del ministro de Desregulación a la mesa política se produjo en medio de versiones sobre las consecuencias internas del fracaso parlamentario.

Desde la Casa Rosada salieron rápidamente a sostenerlo.

El vocero presidencial, Adrián Ravier, ratificó a Sturzenegger y lo definió como una "figura clave" dentro de la administración libertaria.

No habrá desplazamiento, entonces.

Lo que sí habrá es un cambio en el circuito de toma de decisiones.

Sturzenegger podrá continuar diseñando reformas, pero el contenido deberá atravesar una instancia donde se mida no solamente su impacto técnico o económico, sino algo bastante más terrenal: cuántos diputados y senadores están dispuestos a levantar la mano.

Milei tiene una larga lista de reformas pendientes

El problema para el Gobierno es que no puede permitirse demasiados tropiezos.

La agenda legislativa que pretende impulsar Javier Milei sigue cargada de proyectos importantes.

Entre ellos aparece la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, que el Presidente considera una prioridad absoluta.

También permanece pendiente la reforma política, donde uno de los puntos más sensibles pasa por la eliminación de las PASO.

A eso se suman Inocencia Fiscal II, los cambios vinculados al régimen de Zonas Frías y el paquete económico que acompañaría la transformación del Banco Central.

Demasiados frentes abiertos para un oficialismo que necesita aliados prácticamente en cada votación.

Los gobernadores vuelven a ser fundamentales

La Casa Rosada sabe que buena parte de su suerte parlamentaria seguirá dependiendo de las provincias.

En el Gobierno aseguran haber alcanzado entendimientos con gobernadores para avanzar con los cambios sobre Zonas Frías, iniciativa que modifica el esquema de subsidios al gas en regiones con bajas temperaturas y que ya cuenta con media sanción de Diputados.

El jefe de Gabinete, Diego Santilli, viene manteniendo conversaciones con mandatarios provinciales y el Ejecutivo analiza complementar esa discusión con una propuesta destinada a las denominadas zonas cálidas.

La estrategia combina negociación parlamentaria con presencia territorial.

Santilli y el ministro de Economía, Luis Caputo, tienen previsto viajar este jueves a Catamarca para reunirse con el gobernador Raúl Jalil y el mandatario de Santiago del Estero, Elías Suárez.

La visita estará relacionada con la puesta en marcha de la Red de Acueductos y Plantas Potabilizadoras Albigasta, pero inevitablemente servirá también para mantener aceitado el vínculo político con las provincias.

El PRO ya avisó que no acompañará cualquier cosa

El problema para La Libertad Avanza es que los aliados empezaron a marcar territorio.

La reforma política es un buen ejemplo.

El jefe del bloque del PRO en Diputados, Cristian Ritondo, puso distancia respecto de la intención libertaria de avanzar con cambios sobre las PASO.

"Es un debate que todavía no tenemos saldado dentro del PRO", advirtió.

Y agregó que su partido todavía no está en condiciones de acompañar una transformación de la legislación vigente.

La declaración funciona como recordatorio para la Casa Rosada: ser aliado no significa entregar un cheque en blanco.

La propia Patricia Bullrich, actual jefa libertaria en el Senado, reconoció las dificultades que implica avanzar con una agenda reformista.

"Un gobierno que reforma y va para adelante en algunos momentos choca", admitió.

El problema es que el Gobierno pretende reducir la cantidad de choques.

Menos laboratorio y más calculadora política

La decisión de Karina Milei expone una tensión que atraviesa al oficialismo desde el comienzo de la gestión: la distancia entre la velocidad con la que el Ejecutivo quiere transformar regulaciones y la capacidad real para convertir esas reformas en leyes.

Sturzenegger representa probablemente una de las expresiones más contundentes de la ofensiva desreguladora del Gobierno.

Pero el Congreso tiene otra lógica.

Allí importan los gobernadores, los bloques provinciales, el PRO, los dialoguistas, las negociaciones artículo por artículo y, finalmente, una matemática bastante sencilla: tener más votos a favor que en contra.

Después del último traspié, Karina Milei parece haber decidido que esa cuenta deberá hacerse antes y no después.

Sturzenegger continúa siendo una pieza central del proyecto libertario, pero sus iniciativas ya no tendrían vía libre directa hacia el Congreso. Primero deberán superar el examen político de la propia Casa Rosada.

La motosierra seguirá funcionando. Solo que ahora, antes de encenderla en el Parlamento, alguien contará las manos disponibles.

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