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EL DIARIO digital
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El avance internacional del gigante de las telecomunicaciones vuelve a quedar en el centro de la disputa entre Beijing y Washington. Las nuevas normas chinas sobre seguridad e inversiones alimentan las sospechas occidentales sobre la relación entre las compañías privadas, el Estado y el aparato militar. En Argentina, los contratos vinculados con infraestructura estratégica también entraron en el radar.
La batalla entre las grandes potencias ya no se libra solamente con armas, sanciones o disputas comerciales. Los datos, las telecomunicaciones y el control de las redes digitales se convirtieron en piezas estratégicas, y Huawei aparece desde hace años en el centro de ese tablero.
Fundada en 1987 por Ren Zhengfei, la compañía china pasó de ser un fabricante de equipamiento de telecomunicaciones a convertirse en uno de los gigantes tecnológicos más importantes del planeta.
Pero su crecimiento también despertó fuertes sospechas en Estados Unidos y otras democracias occidentales, donde gobiernos y organismos de seguridad advierten sobre los riesgos que supondría entregar infraestructura crítica de comunicaciones a una empresa sometida a las leyes de seguridad e inteligencia de China.
El interrogante que atraviesa esa discusión es contundente: ¿hasta dónde llega Huawei como empresa y dónde comienza la influencia del Estado chino?
Estados Unidos volvió a poner la mirada sobre Argentina
La discusión tiene ahora un capítulo argentino.
En las últimas horas, Washington expresó preocupación por un contrato de la Cooperativa Provincial de Servicios Públicos y Comunitarios de Neuquén (CALF) con Huawei para desplegar infraestructura de fibra óptica.
La advertencia estadounidense elevó considerablemente la temperatura del asunto debido a la posibilidad de aplicar restricciones de visas vinculadas con autoridades de organizaciones que profundicen acuerdos considerados sensibles con la compañía china.
El episodio coloca nuevamente a la Argentina en medio de la gigantesca pulseada tecnológica entre Estados Unidos y China.
Washington lleva años presionando a sus aliados para limitar la participación de Huawei en infraestructura crítica, especialmente en redes de telecomunicaciones y sistemas 5G.
El verdadero tesoro son los datos
La preocupación occidental se concentra especialmente sobre las redes de quinta generación.
El 5G no representa simplemente una mejora en la velocidad de los teléfonos celulares. Esa infraestructura permite conectar en tiempo real industrias, sistemas logísticos, vehículos, servicios públicos y millones de dispositivos.
Por esa razón, quien suministra determinados componentes de esas redes puede ocupar una posición extremadamente sensible dentro de la infraestructura digital de un país.
Estados Unidos, Australia, Reino Unido, Canadá, Nueva Zelanda y otros gobiernos adoptaron durante los últimos años diferentes restricciones sobre Huawei alegando motivos de seguridad nacional.
China y la propia empresa rechazan esas acusaciones y sostienen que las restricciones responden fundamentalmente a intereses políticos y comerciales.
Las leyes chinas que aumentaron las sospechas
La discusión adquirió otra dimensión con normas impulsadas desde Beijing que fortalecen la capacidad estatal para supervisar actividades consideradas estratégicas.
Entre ellas aparecen regulaciones relacionadas con seguridad nacional, inversiones en el extranjero, transferencia de tecnología y manejo de información.
Uno de los puntos que genera inquietud fuera de China es la amplitud del concepto de seguridad nacional utilizado por Beijing.
La definición puede abarcar desde defensa y terrorismo hasta tecnología, información, finanzas, energía, cadenas de suministro y estabilidad política.
Para los críticos del régimen de Xi Jinping, semejante alcance significa que las grandes empresas chinas podrían quedar obligadas a responder a los intereses estratégicos del Estado incluso cuando desarrollan actividades fuera del país.
Beijing sostiene, en cambio, que sus regulaciones buscan proteger legítimamente los intereses nacionales y acusa a Washington de utilizar argumentos relacionados con la seguridad para intentar frenar el crecimiento de sus compañías tecnológicas.
Huawei y el Ejército chino: el vínculo que genera controversia
Otro elemento sensible es la historia del fundador de Huawei.
Ren Zhengfei tuvo antecedentes laborales dentro del Ejército Popular de Liberación (EPL) antes de crear la compañía.
A lo largo de los años también aparecieron investigaciones sobre colaboraciones entre empleados de Huawei e integrantes de organismos militares chinos en trabajos científicos relacionados con inteligencia artificial, procesamiento de imágenes y otras tecnologías.
La compañía ha negado reiteradamente que exista una relación institucional que la convierta en una extensión de las Fuerzas Armadas chinas.
Sin embargo, esos antecedentes continúan siendo utilizados por gobiernos occidentales como parte de sus argumentos para extremar los controles.
América Latina, otro escenario de la batalla tecnológica
La pelea por las telecomunicaciones también llegó con fuerza a América Latina.
China incrementó durante las últimas décadas sus inversiones, préstamos y proyectos de infraestructura en numerosos países de la región, mientras empresas tecnológicas del gigante asiático ampliaron rápidamente su participación.
Huawei logró una fuerte presencia comercial en varios mercados latinoamericanos ofreciendo equipamiento, infraestructura y soluciones tecnológicas.
Para Beijing, se trata de cooperación económica y desarrollo tecnológico.
Para Washington, en cambio, existe el riesgo de que infraestructura estratégica de países aliados termine dependiendo tecnológicamente de compañías sujetas al marco jurídico chino.
Ese choque de interpretaciones convirtió contratos que años atrás podían ser considerados meramente comerciales en verdaderos asuntos de política exterior.
Argentina quedó atrapada en una pelea entre gigantes
El escenario resulta particularmente delicado para Buenos Aires.
China es uno de los principales socios comerciales de la Argentina y mantiene importantes inversiones e intereses en áreas estratégicas. Estados Unidos, al mismo tiempo, continúa siendo un actor decisivo en materia financiera, diplomática y política.
En ese contexto, cualquier decisión vinculada con telecomunicaciones, energía, infraestructura digital o tecnología sensible puede superar rápidamente el terreno empresarial.
El caso de Neuquén es una muestra.
Un contrato para desplegar fibra óptica terminó convirtiéndose en otro capítulo de la pulseada global entre Washington y Beijing.
Y detrás de esa disputa aparece Huawei, una compañía que para China representa uno de los grandes símbolos de su salto tecnológico, pero que para buena parte de Occidente continúa rodeada de interrogantes.
Porque en la nueva Guerra Fría tecnológica, el territorio que las potencias buscan controlar ya no está solamente en los mapas: también circula por cables, antenas, servidores y millones de datos.