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Reforma en la mira: el Gobierno mete mano en la Ley de Salud Mental y recalienta el debate

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El tablero sanitario vuelve a moverse. El Gobierno nacional confirmó que enviará al Congreso un proyecto para modificar la Ley de Salud Mental Argentina 2010, una norma que lleva más de una década vigente y que ahora quedó en el centro de la discusión política y médica.

El encargado de blanquear la jugada fue el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quien adelantó que la iniciativa apunta a "modernizar" el sistema y, sobre todo, a cerrar grises que —según el oficialismo— hoy complican la intervención en casos críticos. Detrás del proyecto está el Ministerio de Salud, conducido por Mario Lugones.

Cambiar las reglas del juego: diagnósticos más duros

Uno de los puntos más sensibles es el lenguaje. El Gobierno quiere dejar atrás el concepto amplio de "padecimiento mental" y alinearse con estándares internacionales como la Clasificación Internacional de Enfermedades CIE-10.

La apuesta es quirúrgica: pasar a hablar de "trastornos mentales o del comportamiento". Traducido al llano, menos ambigüedad y más precisión clínica. Pero también, potencialmente, un cambio en cómo se etiqueta y trata a los pacientes.

Intervenir antes de que sea tarde

Otro giro fuerte está en los criterios de intervención. El proyecto introduce el concepto de "riesgo de daño para la vida o la integridad física", lo que habilitaría actuar con mayor rapidez.

En criollo: menos burocracia y más margen para intervenir antes de que una situación explote. El oficialismo sostiene que hoy el sistema llega tarde en demasiados casos.

Internaciones: el punto más caliente

La reforma no esquiva el tema más polémico: las internaciones. Seguirán siendo excepcionales, pero el proyecto abre la puerta a que psiquiatras indiquen internaciones involuntarias, que luego deberán ser validadas por equipos interdisciplinarios.

Además, se estira el plazo de notificación judicial de 10 a 24 horas, un cambio que puede parecer técnico, pero que impacta directamente en la velocidad de respuesta.

Incluso, si un paciente internado voluntariamente pide el alta, podrá quedar retenido si se detecta una alteración en su capacidad. Es decir, el sistema gana margen para decir "no" en situaciones límite.

El regreso de los hospitales psiquiátricos

Otro punto que promete ruido: el Gobierno busca fortalecer la red de hospitales especializados, en contraste con el espíritu original de la ley, que impulsaba su reemplazo por dispositivos comunitarios.

Hoy existen decenas de instituciones monovalentes en el país, tanto públicas como privadas. La nueva mirada oficial las vuelve a poner en el centro del sistema, un giro que divide aguas entre especialistas.

Un diagnóstico incómodo

El relevamiento previo dejó datos que explican la urgencia oficial: adhesión incompleta de las provincias, pocos hospitales generales con servicios de salud mental y dificultades operativas en el terreno.

Con ese telón de fondo, el Ejecutivo busca reordenar un sistema fragmentado y, según su visión, insuficiente para responder a situaciones complejas.

Lo que viene: debate asegurado

El proyecto todavía no ingresó formalmente al Congreso, pero ya asoma como un foco de conflicto. Organizaciones, profesionales y sectores políticos anticipan una discusión áspera.

Porque detrás de la reforma no solo hay cuestiones técnicas. Hay una pregunta de fondo: hasta dónde debe intervenir el Estado en la vida de una persona en crisis.

Y ahí, como suele pasar, no hay consensos fáciles.

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