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EL DIARIO digital
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La jornada financiera dejó una postal incómoda: calma aparente en casa, pero con el mundo en modo tensión máxima. Mientras el conflicto en Medio Oriente sigue marcando el pulso global, Argentina mostró una leve mejora en sus indicadores aunque lejos de cantar victoria.
El riesgo país ese termómetro que nunca miente retrocedió a 611 puntos básicos, una baja marginal que no alcanza para disipar dudas estructurales. En paralelo, el dólar se movió con una estabilidad quirúrgica, casi artificial, en un mercado con menor volumen y señales mixtas.
Petróleo caliente, mercados fríos
El verdadero driver de la jornada estuvo afuera. La suba del petróleo WTI arriba de USD 113 y Brent cerca de USD 110 volvió a meter presión inflacionaria global. Todo atado a un factor crítico: el Estrecho de Ormuz, una arteria clave para el comercio energético mundial.
En ese contexto, el siempre polémico Donald Trump agitó aún más el tablero con declaraciones incendiarias sobre Irán. Mientras tanto, se negocia a contrarreloj una tregua de 45 días. Traducción: el mercado está operando con más nervios que certezas.
Acciones argentinas: rebote técnico, no euforia
En Wall Street, los ADR argentinos mostraron mayoría de bajas, con YPF cayendo 3%. Sin embargo, algunas excepciones como Loma Negra lograron destacarse con subas tras movimientos corporativos.
A nivel local, el S&P Merval avanzó apenas 0,2%. Un dato que, sin contexto, parece menor. Pero si se amplía la mirada, hay un dato que seduce a los optimistas: desde fines de febrero, el mercado accionario argentino subió más de 14% en dólares. Un rebote que algunos celebran y otros miran con cautela.
Dólar contenido: calma real o anestesia
El tipo de cambio mayorista cerró en $1.393, con movimientos acotados y sin sobresaltos. El dólar minorista se mantuvo en torno a los $1.415, mientras que el blue bajó a $1.400, tocando mínimos recientes.
Pero hay un dato que no pasa desapercibido: el volumen operado cayó fuerte, señal de un mercado más fino, donde cualquier desequilibrio puede amplificarse.
El Banco Central de la República Argentina volvió a intervenir y se llevó USD 30 millones, sosteniendo su estrategia de acumulación. Aun así, las reservas bajaron USD 179 millones, afectadas por la valuación de activos.
El equilibrio incómodo
Argentina camina por una cornisa: logra cierta estabilidad cambiaria y mejora leve en bonos, pero depende de factores externos altamente volátiles y de una dinámica interna que todavía no termina de consolidarse.
El agro aparece en el horizonte como posible salvador de corto plazo, con una cosecha de soja proyectada en 48,5 millones de toneladas. Más dólares, sí. Pero también más presión bajista en precios.
En síntesis, el mercado argentino no está en crisis pero tampoco en zona de confort. Se mueve en ese terreno gris donde cualquier chispa externa o error interno puede cambiar el escenario en cuestión de horas.