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EL DIARIO digital
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La billetera del Banco Central de la República Argentina sigue engordando, aunque no sin mostrar algunas grietas. En la última rueda, la autoridad monetaria sumó USD 30 millones y ya acumula casi USD 4.500 millones en lo que va de 2026. Un número que, a primera vista, seduce. Pero detrás del dato hay una trama más compleja que el relato oficial intenta simplificar.
El dato duro: el Central lleva 60 jornadas consecutivas comprando dólares, una racha que no se veía hace tiempo y que le permitió alcanzar más del 44% de la meta anual en apenas tres meses. Desde enero, el organismo sumó USD 4.491 millones a sus arcas, en línea con el esquema que impulsa el equipo económico.
Sin embargo, no todo es acumulación virtuosa. Para sostener este ritmo, el BCRA optó por una estrategia delicada: emitir pesos sin esterilizar completamente el excedente, trasladando parte del problema al Tesoro, que salió a colocar deuda en moneda local para absorber liquidez. Traducido: se gana por un lado, pero se patea la pelota hacia otro sector del Estado.
Las proyecciones oficiales hablan de un objetivo de entre USD 10.000 y USD 17.000 millones en compras netas para este año. El propio presidente del Central, Santiago Bausili, dejó en claro que el ritmo dependerá de dos variables clave: la demanda de pesos y la oferta de dólares. Es decir, el equilibrio es frágil y está lejos de estar garantizado.
Mientras tanto, las reservas internacionales se ubican en USD 44.248 millones, aunque con una caída diaria de USD 179 millones. ¿El motivo? No es menor: la volatilidad de los activos, con impacto directo de factores externos como el conflicto en Medio Oriente, que golpea la cotización del oro y otros instrumentos que integran el stock del Central.
El contraste también es evidente si se mira en perspectiva: a fines de febrero, las reservas habían tocado los USD 46.905 millones, el nivel más alto desde 2018. Desde entonces, entre pagos de deuda y ajustes de valuación, el número empezó a retroceder.
Ahí aparece otra tensión estructural: el propio Estado le compite al Central por los dólares. La necesidad del Tesoro de afrontar vencimientos de deuda frena la velocidad de acumulación, obligando a una especie de equilibrio inestable entre sumar reservas y cumplir compromisos.
En este escenario, los dólares que ingresan tienen dos motores claros: el agro siempre protagonista y el financiamiento vía mercado de capitales. Tras las legislativas de 2025, empresas y provincias aprovecharon el viento a favor y colocaron más de USD 11.000 millones en deuda. Un flujo que ayudó, pero que no necesariamente es permanente.
El balance, entonces, es ambiguo: el BCRA muestra números que permiten exhibir músculo, pero lo hace sobre un andamiaje que todavía depende de demasiadas variables sensibles. La pregunta de fondo no es cuánto compra hoy, sino cuánto puede sostener mañana sin que la arquitectura empiece a crujir.