Veinte años atrás la M17 de rugby de Estudiantes conquistó el Oficial de la URS marcando un hito.

“Llegué el 18 de marzo del 2000 y en el primer entrenamiento los junté a los chicos y les dije que primero se rieran. Cuando lo hicieron, les dije que íbamos a salir campeones. Muchos pensaron que estaba loco, porque habían ganado muy pocos partidos los años anteriores. Se los volví a decir para que sintieran que hablaba en serio. Nos juramos dar lo máximo en cada entrenamiento, en cada partido, y así logramos el objetivo”.

Ignacio Rodríguez Berdier se recibió de abogado en la UMSA. Tres años atrás de haber llegado a Santa Rosa se había casado con Florencia Maza y uno antes de asentarse en la capital pampeana había nacido Juanchi, el primero de sus hijos.

Convocado por el club Estudiantes para asumir la conducción de la categoría menores de 17 años el entrenador formado en San Carlos, tiró la información sobre el campo para que sea decodificada. John Graves y Jorge Howe empezaban a visualizar, ‘ao vivo’, lo que en sueños imaginaban: un equipo que reuniese condiciones para hacer historia desde una provincia con escasísima cultura rugby.

Tras un largo camino que comenzó en la pretemporada y finalizó con el nacimiento de las primeras hojas de las margaritas, begonias y amapolas, esa M17 de la suerte conquistó el torneo Oficial dela Unión de Rugby del Sur contra todos los pronósticos.  La definición llegó después de varias idas y vueltas, de presentaciones y no presentaciones. Pero el golpe de autoridad fue en Suárez, en un partido memorable que se resolvió con los tries de Verdenelli y Lartirigoyen a nada del final. Lo que vino después, fueron cerezas para acompañar los postres.

Identidad

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Gustavo Bérgamo y Juani Pérez Sampallo valen tanto como cada uno que recibió la camiseta con franjas celestes, negras y blancas para ir en búsqueda del sueño. “Increíble que hayan pasado 20 años” le dicen a El Diario. “Fue el broche de oro de una categoría que terminó de consumar el esfuerzo de todo un club que fue edificando con el hombro a hombro de la dirigencia, entrenadores, jugadores, familias y amigos que creyeron en un proyecto colectivo”.

Esta generación que recorrió todo el proceso de competencia desde la categoría infantiles, fue única e irrepetible. Jugadores con ganas, velocidad, talento, potencia y determinación. Y, sobre todas las cosas, ambición para borrar campañas pasadas y derribar fronteras y preconceptos.

“Había chicos de buen tamaño, había que orientarlos y ordenarlos un poco. Yo traía algunas cosas frescas de Buenos Aires, jugadas, formas de entrenar, y fuimos poco a poco. El primer partido le ganamos 32-0 a Argentino, acá. Nunca le habíamos podido ganar” recuerda Fofi Rodríguez, quien durante el receso invernal, para mantener motivados a sus jugadores, acordó una pretemporada relámpago planificada por Julio Santella, quien era PF de Carlos Bianchi en Boca.

En 1999, mientras muchos imaginaban otro de los tantos finales para el mundo cuando se alinearan Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno y la Tierra, y la inmersión a la aventura de descubrir un nuevo milenio, las frustraciones para Estudiantes se replicaban. Resultados adversos, goleadas y equipos superiores, física y técnicamente. El mérito fue, para este grupo, volver a intentarlo.

Dice Charly Marotti, forjado en esos choques del pack y alimentado de embestidas cada vez más intensas: “Tuve la suerte de jugar con amigos, no solo compañeros. Nos formamos en la categoría M15 y lo que pasó después fue algo maravilloso. Cuando llegó Fofi nos propuso ser aplicados, entrenar, pero divertirnos. Teníamos metas, y cuando nos dimos cuenta, estábamos ganando todos los partidos”.

Tras ese debut exitoso el Celeste viajó a Bahía Blanca y en La Carrindanga le dio un golpe de KO a Sociedad Sportiva, el club más fuerte de la Unión.  Victoria 45-0.
Pero llegó un baño de realidad en la tercera fecha del torneo. Puerto Belgrano ganó en Santa Rosa 8-6 y todo se resumió a una idea: humildad, cabeza y paciencia.

“Fue un partido muy cerrado, pero les dije a John y a Jorge que cuando viajásemos a Puerto, para la revancha,  íbamos a ganarle. Y así lo hicimos, ganamos muy bien” recuerda el entrenador.

Una gran comunidad de padres se subió a este viaje. Aún en ese primer y único tropiezo al título. Cada vez fueron más y el equipo sintió que las energías estaban asociadas. Esa simbiosis de voluntades no se detendría hasta el final del relato.

Gustavo Bérgamo, capitán del equipo, vuelve su mirada a esos fríos del sur.  Y en ese recuerdo confiesa: “En esos años, como de costumbre, el país atravesaba una crisis muy fuerte, muchos no teníamos plata ni para pagar la cuota del club o comprarnos la camiseta. John y Jorge estuvieron ahí, no solo desde lo táctico y emocional, sino también para que lo económico no fuera un problema y nadie quedara afuera de este deporte tan maravilloso. Nos transmitieron la pasión por este deporte, respiraban rugby… formadores de buena madera a los que siempre le vamos a estar agradecidos por todo los que nos dieron y enseñaron”.

“El mundial de rugby del 99 fue clave. A partir de allí hubo un incremento en la cantidad de jugadores de todas las categorías. Físicamente estábamos muy bien, pero por sobre todas las cosas había un enorme nivel de compromiso, humildad y fraternidad. Fofi Rodríguez fue un estratega, un excelente coach, nos hizo evolucionar muchísimo en lo táctico y mental. Fue un team leader muy importante para nosotros que supo entrenarnos y potenciarnos” agrega Pinocho, capitán de ese equipo.

Esta aventura tenía todo para documental auspiciado por una marca de celular para llevar a youtube. Alegría, seriedad, frustración, pero compromiso por el objetivo. Sintieron que nadie, salvo en cuentos surrealistas, ha recibido monedas de oro del cielo. La riqueza, también a nivel deportivo, había que construirla.

Esas patadas…


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Las generaciones de jugadores suelen dejar huellas con marcas de forjas. Y este equipo llegó a meterse muy adentro del corazón de un club con historia y peso en el básquet y tenis. ¿Rugby? Poco.

En esas pinceladas al óleo la 17 Celeste tuvo a un enorme 10, acaso el mejor del campeonato. Juanji Lartirigoyen no solo encontró en Tommy Ortiz a su pareja ideal para la conducción, sino que fue “él” chico de las grandes conversiones.

“Juanji no entrenaba patadas, pero lo hice que pateara todos los martes, jueves y sábados, 5 veces de abajo de los palos, 5 de cada costado, y 5 de 40 yardas. Fue determinante para nosotros” dice Rodríguez Berdier.

“Tommy y Juanji formaron una pareja de conductores muy buena. Hoy es muy difícil encontrar pateadores  de primera que metan de mitad de cancha y Juanji, con 17 años, lo hacía. Fue una rareza en un equipo de juveniles” dice Ignacio Costabel, otro de los talentos de este equipo que hasta desembarcó en Alumni, uno de los grandes del rugby URBA. Y aporta: “Llamamos la atención porque empezamos a ganar. Nosotros empezábamos como club y no era común que ganara. Se sumó gente, padres, y toda esa energía nos llevó a tomarlo con más seriedad y responsabilidad y salimos campeones”.

“Puedo destacar el grupo de amigos que se forjó en el club. Todo el trabajo y la amistad que nos generó John Graves, nos sembró la amistad para siempre. También Oscar Tamé… Lo pudimos culminar con el campeonato, el broche de oro, antes de irnos a estudiar” relata Ortiz.

La marcha hacia el título no se detendría más. Pero encontraría, sí, varias piedras.

Gol, empuje y solidez

Estudiantes pasó cuatro pruebas durísimas en fila, primero en Viedma ante Sol de Mayo (24-3), luego frente a Coronel Suárez (41-7) y después frente a Palihue (18-3) y Argentino (12-0). El equipo estaba en ritmo y en su tiempo. Jugaba un rugby vistoso y efectivo, con mucho dinamismo. Moderno y fresco para la época.

“El juego fue evolucionando partido a partido. A fin de año, sin nuestro jugador estrella (Santiago Verdenelli), participamos de los Juegos de la Juventud y obtuvimos el tercer puesto representando a La Pampa” recuerdan Bérgamo y Pérez Sampayo.

Tras ganar los puntos ante Sportiva, llegó la revancha en Puerto Belgrano. Para muchos era “él” partido del título. Pasando ese encuentro las dudas serían cosa, entonces, de otros.  Fue victoria
13-8 fuera de casa y camino, ahora sí, más claro.

Los tackles de Emanuel Eleno, los aciertos de Juanji, las corridas de Verdenelli , el poder y convencimiento de Costabel, Marotti, De la Iglesia, Mangas y Andrés Torino, y la conducción de Bérgamo  para ir hacia adelante sin escalas, empezaron a forjar la identidad de este grupo. “El equipo era muy sólido, un pack de forwards fuerte, con mucha sangre y mentalidad ganadora y tres cuartos, veloces muy habilidosos. Era un plantel, con puntos muy altos en lo individual e inmejorable en lo colectivo” recuerda el capitán.

La recta final

Los comunicados semanales de las programaciones de la Unión del Sur ubicaban a un equipo santarroseño en el liderazgo del Oficial M17. Y los números volaban de aquí para allá: sumas, restas, y partidos por delante.
En Coronel Suárez esperaba el último campeón. Tal vez en el juego más emotivo del torneo, Estudiantes confirmó su aspiración al título al ganar 31-24 con una reacción de campeón: Verdenelli y Lartirigoyen llegaron al ingoal y frustraron la celebración local. Muchos festejaron como un título esa victoria en las calles de la ciudad bonaerense ya que Sol de Mayo había manifestado sus intenciones de no venir a la capital pampeana.

Pero esta historia tenía una vuelta atrás: “Nos decretaron campeones porque Sol de Mayo no se iba a presentar. Pero al otro día nos dijeron que el partido se había reprogramado… Jugamos en casa, ganamos de punta a punta, y ahí festejamos. Llegaron a decir que podíamos compartir el título con Suárez, pero no fue así. A ellos también les ganamos y demostramos una gran personalidad. Eso nos ubicó en el mapa de la Unión del Sur. Un mérito enorme del club, primero John y Jorge, y después Fofi, Oscar Tamé y Pancho Marull” recuerda Costabel.

Estas situaciones insólitas y desagradables, como si hubiese que tomar chocolatada con sal sin reaccionar para pasar una prueba de aceptabilidad en la URS, forjaron una mentalidad de roble.

La paliza a Sol de Mayo 55-0, en ese encuentro que finalmente se jugó en Santa Rosa, cerró en un frío agosto pampeano un hermoso cuento de realidad aumentada ya en era 2K.

“Pertenecer a esa camada es unas de las mejores cosas que me ha pasado en mi vida. No solo me quedo con el logro deportivo, sino también, con la amistad” resume Marotti.

“Ese equipo tenía todo. Fuimos la primera división que hizo todo el recorrido desde infantiles y que coronó el proceso. Jorge Howe y John Graves fueron fundamentales para nosotros. La llegada de Fofi, en 17, nos ordenó en cuestiones tácticas y nos potenció a todos. Puso cada cosa en su lugar” define Nachi Costabel.
 
El título marcó a cada cual, uno por uno, en sus vidas. Como pasa con las historias del deporte. Ese grupo que escribió por primera vez y para la eternidad el nombre de Estudiantes de Santa Rosa en la Unión de Rugby del Sur, hoy se dispone a recordar. Seguramente con el aperitivo de jugo Ades de manzana antes de una celebración que terminará tarde, cuando llegue el alba para sentirse vivos, como dice Cafrune. Y todos abrazados y felices. Como hace 20 años.

La campaña

1ra. Fecha: Argentino (L), 31-0; 2da. S. Sportiva (V), 42-0; 3ra. Puerto Belgrano (L), 6-8; 4ta. Sol de Mayo (V), 24-3; 5ta. Coronel Suárez (L), 41-7; 6ta. Palihue (L), 18-3; 7ma. Argentino (V), 12-0; 8va., Sociedad Sportiva (L), GP; 9na. Puerto Belgrano (V), 13-8; 10ma., Coronel Suárez (V), 31-24; 11ma. Sol de Mayo (L), 55-0; 12da. Palihue (V),  18-12.

Los nombres

Juan Pablo de la Iglesia, Marcelo Mangas, Ignacio Marotti, Andrés Torino, Yamil García, Franco Peña, Federico Rossi, Agustín Díaz, Juan Manuel Guzmán, Emanuel Eleno, Ignacio Costabel, Gustavo Bérgamo, Tomás Ortiz, Juanji Lartirigoyen, Matías Fernández, Santiago Abel Verdenelli, Alejandro Moreyra, Maxi Carbonell, Santiago Santamaría, Sebastián Pico, Juan Pérez Sampayo, Adrián Posadas y Luciano Da Ronco. Entrenador: Ignacio Rodríguez Berdier. Ayudantes: Francisco Marull, John Graves, Jorge Howe y Oscar Tamé.