Los uniformados que actuaron en la investigación afirmaron que un testigo les contó que Melody Cecilia Martines llegó toda ensangrentada y le dijo “me la mandé, la maté”.

El asesinato ocurrió el 31 de octubre de 2018 en el departamento de la víctima, ubicado en el barrio Calfucurá en Santa Rosa. Ella falleció tres semanas después, el 21 de noviembre, como consecuencia de “una hemorragia interna por traumatismos múltiples”, según detalló hoy el médico forense, Juan Carlos Toulouse.

De acuerdo a la acusación del fiscal Facundo Bon Dergham, los imputados ingresaron a la vivienda con fines de robo y luego golpearon brutalmente a Acevedo para que eventualmente no reconociera a Martines, quien había realizado tareas de limpieza en la casa.

Toulouse consideró que las hemorragias internas se produjeron a raíz de “puntapiés y golpes muy fuertes” que le dieron a la víctima, a tal punto que “le rompieron el diafragma y le fracturaron costillas”. Sobre la lesión cerebral –recibió al menos cuatro golpes con una barreta– indicó que por ellas pudo haber quedado en estado vegetativo, pero que no fue lo determinante del deceso.

El tribunal está compuesto por los jueces Andrés Olié, Daniel Sáez Zamora y Gastón Boulenaz.

Testigos.

Previamente al inicio de la audiencia, el defensor particular de Martines, Gastón Gómez, informó que un testigo muy importante, Juan “Toto” Gómez, estaría en Santa Fe y, por lo tanto, mañana no podría declarar. Según otro testigo que declaró ayer, Franco Nicolás Ríos, Gómez escuchó cuando Martines admitió que ella fue quien golpeó con la barreta a Acevedo.

Los otros testigos de hoy fueron cuatro policías, Damián Alberto Torres, Marcelo Enrique Calderón, Horacio José César Cabrillana y Jorge Eduardo Haim; un técnico en alarmas, Juan Manuel Abt; y un conocido de los acusados, Miguel Angel Ferreyra.

Tanto Calderón como Cabrillana dijeron que a partir de los dichos de Ríos empezaron a conocer detalles del hecho. Cabrillana consideró que un episodio como el que se investiga “no lo hace un improvisado”, indicó que “en algún allanamiento vi handies” en la casa de O´Lery y añadió que a Ríos no lo conocía de antes. Sobre este último añadió que “quería saber si su aporte era real” y por eso fue chequeando y corroborando los datos que iba dando.

Tanto él como Calderón señalaron que Ríos les contó que Martines le había dicho “me las mandé, me las mandé” y que la vio llegar a su propia casa, ese miércoles 31, llorando y ensangrentada. Y que él tuvo miedo y se fue enseguida.

Calderón recordó que O´Lery estuvo involucrado en los robos a una escribanía y a la vivienda del propietario de una carnicería. “En la jerga no lo calificamos como un rastrero, sino como un ladrón; porque es una persona inteligente y pensante, con la que se puede hablar. Sale de lo que consideramos un delincuente común”. También dijo que una de sus características es planificar y realizar trabajos de inteligencia. Gómez le preguntó sobre qué conocimiento tenía de Ríos, y Calderón contestó que sabía que “siendo menor cometió varios delitos”.

En la primera jornada los imputados mantuvieron el silencio.

En la segunda, hubo testigos claves que los dejaron en una posición muy comprometida.