Consejo para la cosecha de soja

Por Mariano Fava (*)

Los potreros de soja tanto de primera como de segunda han iniciado a otoñar, en la mayoría de los casos. Entiéndase por tal, el proceso en el cual las plantas comienzan a perder las horas, comenzando el secado (pérdida de humedad), que derribará en aproximadamente unos 20 o 30 días más, en la cosecha de los potreros. El tiempo seco que atravesamos actualmente favorece el proceso de madurez, prometiendo contar con un estado de los pisos adecuados para las labores de trilla. En cuanto al tema primera helada, sería necesario que se demoren en promedio unos 15 días más, en las zonas donde aún no heló, para así poder estar seguros de que no generará disminución alguna del potencial de rinde en los cultivos de soja, ya sean estos de primera o de segunda.

Entrando ya en aspectos puramente técnicos del tema que nos ocupa en la columna de hoy diremos que antiguamente, al referirnos a tolerancias en pérdidas de cosecha, se pensaba en términos de porcentaje respecto de lo que rendía el cultivo. Con esa filosofía, a medida que más rendimiento conseguía el productor, este toleraba mayor pérdida de kilos por hectárea como resultado de las ineficiencias de labores de recolección. Con el avance de la tecnología y la mejora en las maquinarias este concepto ha cambiado. Hoy tenemos valores máximos tolerados de pérdida por hectárea en los diferentes cultivos, independientemente del rendimiento que estén arrojando.

Así es que para una soja se considera razonable una pérdida máxima de alrededor de 80 kilogramos por hectárea, repartidos 60 kilos por cabezal y el resto por la “cola de la cosechadora”. Como dato adicional podemos decir que 60 granos de soja por metro cuadrado recogidos en los rastrojos luego del paso de la máquina trilladora, representan, en promedio y como regla de cálculo rápido, unos 100 kilos por hectárea de pérdida.

Casi instintivamente cuando el productor detecta pérdida de cosecha en un lote, lo primero que piensa es que el conductor de la cosechadora va a alta velocidad, y la verdad es que la mayoría de las veces tiene razón. El sistema de corte alternativo de cuchilla del cabezal de la cosechadora se desplaza a razón de 540 golpes por minuto. Aplicando las fórmulas necesarias, esta velocidad de corte alternativo la trasformamos en velocidad de avance lineal y veremos que representa alrededor de 7 kilómetros por hora. Por lo tanto ninguna cosechadora por moderna que sea puede superar esa velocidad. Esta es la justificación por la que las empresas de cosechadoras tratan de hacer cada vez más grandes los cabezales de recolección, como estrategia para ganar capacidad operativa (hectáreas cosechadas por hora), ya que la velocidad de avance no se podrá aumentar hasta que no aumentemos la velocidad de corte del sistema de cizalla del flexi. Otro dato importante que podemos mencionar es que el “ángulo de ataque” del cabezal al cultivo debe ser de alrededor de 30 grados respecto de cómo fue sembrado, para que la máquina tenga tiempo de trabajar en vacío, “aliviarse” y que el gasto de las cuchillas sea parejo. Respecto a la inclinación de los dientes del molinete son hacia adelante para una soja alta, rectos para una soja normal y hacia atrás para una soja “petisa”, según el desarrollo que haya tenido el cultivo. El golpe de cabezal al cultivo para arrojarlo dentro del sinfín acarreador debe ser al medio de la planta. La posición del mismo debe ser 10 centímetros delante del punto de corte, e ir a una velocidad un 25% superior al avance de la máquina para un cultivo normal, lo que es lo mismo que decir a un índice de molinete de 1,25, esto se estima viendo la máquina desde lejos, dando la sensación de que el cabezal va “arrastrando o traccionando” la máquina. Para un cultivo alto el índice de molinete debe ser de 1,15 y para un cultivo petiso, de 1,3.

Para finalizar, diremos que para muestrear un lote y medir de manera correcta el nivel de pérdida que está aconteciendo, se debe seguir un protocolo respecto de dónde y cuántas veces tirar el aro. Este implemento (el aro) mide 0,25 metros cuadrado, y dentro de su superficie se deben recoger los granos que se encuentran esparcidos por el suelo. Posteriormente se procede a ponderar ese dato, obteniendo de este modo los kilos por hectárea de grano esparcido por la cosechadora. Sin embargo, como el proceso es muy largo, y excede el objetivo de una columna agropecuaria, recomendamos como siempre la consulta a un ingeniero agrónomo, que es la persona idónea para detectar el problema, y luego trabajando en conjunto el contratista o chofer de la cosechadora, determinar la manera de estar dentro de los límites de tolerancia, modificando un factor de la cosechadora a la vez, según el problema que detectemos.

(*) Ingeniero agrónomo (MP: 607 CIALP) - Posgrado en Agronegocios y Alimentos - @MARIANOFAVALP

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