La vicia como “columna vertebral”

Por Mariano Fava

La vicia es una especie usada desde hace ya mucho tiempo en la provincia de La Pampa, a tal punto que la misma está naturalizada a los costados de los caminos vecinales, rutas, terrenos aledaños a la vía del ferrocarril, etcétera. Sin embargo, no fue sino hasta hace apenas veinte años atrás que el cultivo se empezó a expandir a nuevas zonas, incluso a las que no son tradicionalmente ganaderas, por varias cuestiones que más adelante vamos a mencionar. Hoy en día, prácticamente toda la vicia que se siembra corresponde a poblaciones con diferentes proporciones de mezclas entre dos variedades de esta especie (dasycarpa y sativa), muy difíciles de diferenciar para un ojo inexperto en estado de plántula, y en el caso de la semilla es casi imposible hacerlo visualmente.

En el contexto actual, la vicia tiene ventajas que la hacen más que interesante para el empresario rural. Se ha determinado que el abono verde es una de las estrategias más eficientes para mantener barbechos limpios de malezas resistentes al glifosato, para lo cual la asociación de vicia más centeno parece ser la fórmula más recomendable por la alta eficiencia del uso de agua para la producción de materia seca por parte del centeno y el aporte de nitrógeno que hace la leguminosa, la cual adicionalmente inhibiría la germinación de malezas problema, facilitando la realización del posterior barbecho. La inclusión de la vicia permite obtener no solo un importante volumen de rastrojo por hectáreas, el cual reporta importante beneficios a la fertilidad del sistema, sino que además posibilita fijar nitrógeno atmosférico, pues al ser una leguminosa tiene la capacidad de usar la energía proveniente del sol para captar el nitrógeno del aire y emplearlo en su beneficio. Esto es posible gracias a una simbiosis que posee con una bacteria que se aloja en sus raíces, y es justamente esto lo que queremos favorecer al inocular la semilla con rizobios específicos seleccionados, tal cual lo hacemos en otras leguminosas como la soja o la alfalfa. La vicia puede fijar hasta 60 kg de nitrógeno por hectárea (equivalente al aporte que haría la fertilización con 120 kg/ha de urea aproximadamente). El nivel de aporte dependerá de la duración del ciclo del cultivo (a mayor duración más aporte) y del desarrollo de la planta, pues a mayor crecimiento y producción de biomasa, mayor será la cantidad de nitrógeno fijado por hectárea.

El recurso forrajero conocido como verdeo de invierno consta de gramíneas anuales como por ejemplo centeno, cebada, avena, triticale, rye grass o incluso trigo, los cuales por sí solos o asociados a alguna leguminosa anual, típicamente vicia o el trébol de olor, son plantados para mantener altos niveles de carga animal en invierno, de modo de aprovechar eficientemente las raciones “baratas” que llegan con la temperatura y la lluvia en primavera. Este recurso forrajero (el verdeo de invierno) es concebido por el productor como una herramienta cara, sin embargo, el mismo resulta caro si produce poco; muy por el contrario, si hacemos bien las cosas y logramos altas producciones pasa a ser un excelente negocio, ya que se obtienen conversiones de un kilo de carne por cada 8 a 12 kilos de materia seca de verdeo sazonado (es decir, después de las heladas, cuando pierde un poco de humedad). De todo lo expuesto vemos que el desafío está en lograr elevada masa de forraje y, una vez lograda, emplearla eficientemente. Para ello es necesario, además de realizar un pastoreo eficiente, sinergizar esta técnica con otras que integran y potencian la cadena forrajera invernal, como lo es la suplementación estratégica con grano, dándole de este modo cumplimiento no solo al ya mencionado objetivo de mantener elevadas cargas de animales por hectárea durante el invierno, sino que a la vez logramos elevados niveles de respuesta animal (aumento diario de peso vivo importante).

Lo primero con lo que debemos contar para lograr altas producciones de verdeo son alrededor de 150/200 milímetros de agua para que el cultivo lo insuma en su ciclo productivo. Esto no parece ser un problema, al menos si se barbechó el potrero a tiempo. Como vemos, la técnica no es muy exigente en cuanto a la humedad requerida para tener elevadas producciones. Una vez que tenemos un buen verdeo, de elevadas cantidades de raciones por hectárea, debemos emplearlo eficientemente. Para ello, además de hacer un pastoreo correcto, debemos seguir lo que se ha dado en llamar “la ley de puño”. Es decir, dejar un área foliar remanente de unos 7 centímetros, similar tamaño al puño de una persona promedio. Esto es fundamental, pues de esas hojas sobrantes es de donde saldrá la energía fotosintética necesaria para lograr un vigoroso rebrote.

Para finalizar, diremos que los verdeos de invierno en general “están pasados” en los porcentajes proteicos requeridos por la mayoría de las categorías vacunas. Como la proteína es un recurso caro y escaso, para emplearla de la mejor manera posible aparece la tecnología de la suplementación estratégica. La misma consiste en complementar este forraje con una fuente de elevado contenido de materia seca y energía, este último nutriente (energía, o en otras palabras azúcares) permite al ganado reciclar y aprovechar al máximo cada kilo de proteína ingerida vía pastoreo, potenciándose de este modo ambas técnicas. Los insumos más usados en la suplementación estratégica son el grano de maíz o sorgo, el silo planta entera de estas dos gramíneas antes mencionadas, o una mezcla de grano más silaje.

(*) - Ingeniero Agrónomo
(M.P. 607 CIALP)
Posgrado en Agronegocios y Alimentos
@MARIANOFAVALP

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