Ganadería: planificando el forraje del invierno

Por Mariano Fava (*)

Ya hemos comentado largamente en esta columna la fuerte recuperación ganadera que ha tenido nuestra provincia durante este último período, lo cual es una excelente noticia. Conjuntamente con el stock bovino, el precio del novillo en pie ha crecido vigorosamente, en un primer momento para el segmento de animales gordos, y más recientemente para la invernada. Si bien es posible que aún sigan algo retrasados, los valores actuales son más que tentadores para pensar en una ganadería potente. Dicho esto, y pensando que ya hemos transcurrido más de la mitad de febrero, en poco tiempo más deberemos dar inicio a las labores de siembra de pasturas y verdeos de invierno. Estos últimos en conjunto con las reservas forrajeras son las herramientas claves que nos permitirán tener una alta carga animal durante los meses invernales, donde los forrajes tienen un crecimiento lento o casi nulo, para luego sí poder aprovechar las raciones abundantes y baratas de pasto que llegan con la primavera.
En cuanto a las reservas forrajeras, las mismas debieron hacerse durante la primavera pasada (en lo que a rollo de pastura se refiere). Actualmente subsiste la posibilidad de hacer silaje planta entera picado fino de maíz o sorgo, o rollos de verdeos de verano, como por ejemplo moha o sorgo forrajero. La otra reserva que aún podemos llegar a obtener es el grano de maíz, el cual se cosechará a fines del próximo otoño. Fuera de esto es indispensable planificar la producción de nuevo forraje, el cual llegará fundamentalmente con la implantación de verdeos de invierno.

Ya sea que establezcamos pasturas o verdeos, conviene iniciar hoy mismo las labores de barbecho químico, si es que aún no se ha hecho, de manera de acumular fertilidad y humedad, y eliminar malezas problemas, accediendo de esta manera a tener un alto índice de éxito en el stand de plantas logradas, acortando el periodo de establecimiento/primer pastoreo y aumentando la producción de forraje en el primer año y la duración de las pasturas en el largo plazo. Resulta fundamental hacer los trabajos con tiempo, sobre todo pensando en el alto costo que tiene hoy llevar adelante cualquier labor en el campo, más aun si vamos a sembrar alfalfa, una decisión que vamos a tener como mínimo cuatro años en el lote, muy onerosa y que debemos amortizar con altas producciones. Al no barbechar temprano, los potreros destinados a este tipo de pastoreo no solo no habrán podido captar la lluvia que llegó durante los meses de verano, sino que además tampoco acumularán fertilidad que permita una rápida acumulación de materia seca del forraje en crecimiento. Si bien el problema de la fertilidad tiene la solución de la fertilización, cuando se contrasta esta tecnología con la realidad económica y financiera del sector vemos que muy pocos empresarios podrán aplicar nutrientes a sus verdeos y pasturas, quedando relegada la técnica en el mejor de los casos a un pequeño aporte de nutrientes en la modalidad “fertilización de arranque”. 

Al momento de escoger qué plantar en cada potrero debemos entender el “funcionamiento” de cada especie forrajera en general y de cada variedad en particular. Así podemos decir, para el caso de los verdeos de invierno, que en aquellos potreros que tienen buena reserva de humedad y fertilidad adecuada lo más aconsejable sería el establecimiento de especies forrajeras de alta acumulación de materia seca en cortos períodos de tiempo, como por ejemplo centenos diploides. En la otra cara de la moneda están los lotes con poca humedad y fertilidad, que dependerán de las lluvias que están por venir para producir. Estos campos se deben sembrar antes del 15 de abril (por poner una fecha promedio), para no perder el estímulo de la temperatura, escogiendo especies con curvas de acumulación de materia seca distintas, que concentren gran parte de su producción más adelante, evitando que se encañen prematuramente, dándoles tiempo de explorar el suelo en busca de humedad y nutrientes. Aquí encontramos centenos tetraploides y en el caso de la avena aparecen variedades como por ejemplo “Cristal” como las más adecuadas, o de lo contrario se deberá recurrir al triticale. Dentro de lo posible se debería sembrar centeno, por rusticidad al frío, capacidad de rebrote y alta tolerancia a pulgones, lo que disminuye los costos de producción si se llegan a suscitar ataques de áfidos (pulgones). En el caso de contar con potreros de baja fertilidad, la utilización de leguminosas forrajeras como el melilotus y la vicia es una opción más que interesante que permite por un lado incorporar fertilidad al sistema, a la vez que alarga el aprovechamiento del verdeo hasta “bien entrada” la primavera. La vicia a su vez disminuye drásticamente el síndrome de la “vaca caída” por acumular muchos minerales en sus tejidos, y presenta efectos alelopáticos que inhiben el crecimiento de “malas hierbas”. Esto mejora el retorno económico de la inversión y hace un uso más inteligente de la cadena forrajera toda, dejando acumular materia seca a las alfalfas, pastoreándolas cuando hayan florecido y disminuyendo el riego de timpanismo (empaste) en una época en que el mismo es complicado.

En el caso de las siembras de praderas perennes, fundamentalmente alfalfas, conviene el establecimiento de las mismas en lotes de alta capacidad productiva, estableciendo pasturas puras (solo alfalfa), lo que mejora el control de malezas y logra la máxima producción de forraje por hectárea, prolongando la duración del cultivo en el tiempo si lo manejamos adecuadamente. El inconveniente es que al aprovechar este tipo de praderas con animales en herbivoría directa aumenta mucho el riesgo de empaste. Este último inconveniente se subsana con la incorporación de gramíneas, como por ejemplo “festuca”, al momento de la siembra. El agregado de estas especies (gramíneas) en la mezcla polifítica favorece el mayor aprovechamiento del potrero durante el año ya que muchas de estas forrajeras siguen produciendo entrado el invierno, cuando la alfalfa está en latencia por el frío.

Finalmente, es importante hacer algunas consideraciones en cuanto al verdeo de invierno, pues el mismo tiene la “mala prensa” de ser una técnica cara, sin embargo diremos que el mismo es caro si produce poco. Si hacemos bien las labores y logramos altas producciones, pasa a ser un negocio fabuloso, ya que se obtienen conversiones de un kilo de carne por cada 8 a 12 kilos de materia seca de verdeo sazonado (es decir, después de las heladas, cuando pierde un poco de humedad). De todo lo expuesto vemos que el desafío está en lograr altas producciones de forraje, y una vez que logro esa producción usarla eficientemente, para ello es necesario, junto a nuestro ingeniero de confianza, elegir muy bien el paquete tecnológico a aplicar, para lo cual los conceptos que hemos vertido le van a ser de gran utilidad. Debemos concatenar la capacidad productiva de nuestro ambiente a los costos que puede soportar cada actividad, a los efectos de tener el mayor retorno económico posible.

(*) Ingeniero Agrónomo (MP: 607 CIALP) - Posgrado en Agronegocios y Alimentos - @MARIANOFAVALP

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