La oscura gira de Pence

Por Eduardo Aguirre

El vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Richard Pence, realizó su tercera gira por América Latina en lo que va de su breve gestión. En este caso, quizás de manera más explícita que en sus expediciones anteriores, este conservador extremo que se define como “cristiano, conservador y republicano, en ese orden”, ha venido a recolectar voluntades para avanzar en la destitución del presidente Nicolás Maduro, recientemente reelecto en elecciones libres.

Hasta donde se conoce, la estrategia liderada por EE.UU. apuntará a “asfixiar” económica y políticamente a un país ya bloqueado, que exhibe severas dificultades económicas y sociales y ha sufrido el exilio de casi un millón de ciudadanos en los últimos tiempos.

Para eso, Pence articula con Brasil -el país más importante de América del Sur, que además posee fronteras comunes con Venezuela- estrategias unitarias para profundizar el debilitamiento bolivariano.

De hecho, este halcón se ha entrevistado personalmente con el deslegitimado presidente Michel Temer el pasado 26 de junio y ha publicado en su cuenta de Twitter el saldo de esa reunión: “Nos comprometimos a presionar al régimen de Maduro para restaurar la democracia en Venezuela”.

También visitó a ciudadanos venezolanos que debieron radicarse en territorio brasileño, más precisamente en Manaos. Pence espera, por otra parte, que el Gobierno de Ecuador se anime a ir “más allá” en tareas análogas, cosa que habría pedido en una reunión que tuvo hace pocos días con el presidente Lenin Moreno.

Según destaca la agencia Nodal, “a comienzos de este mes, Pence telefoneó a Moreno para hablar sobre la relación bilateral y no logró convencerle de que votara a favor de iniciar el proceso para suspender a Venezuela de la OEA, como sí lo hizo el denominado Grupo de Lima que agrupa a más de una docena de países, y tuvo que conformarse con una abstención ecuatoriana”.

Pence descansa, además, en la legitimidad de la derecha colombiana, recientemente ratificada en las urnas.

No la tendrá fácil el Gobierno de Maduro. Pence es un “duro” que no tiene problemas en definir a la experiencia bolivariana como una dictadura brutal. Un militante del “Tea Party”, que se ha pronunciado enfáticamente en contra del control de armas, del aborto y de los derechos de las minorías. Un verdadero cruzado, católico en su infancia (incluso se planteaba ser cura), luego devenido en evangélico, redactor de la “Patriotic Act”, un engendro que no titubeó en vulnerar el de por sí asimétrico y lábil derecho internacional y fascistizar las relaciones internacionales desde 2001 a la fecha.

Sin embargo, el presidente venezolano ha manifestado en las últimas horas, con su particular retórica, que la visita del representante de la Casa Blanca a América Latina ha sido un fracaso: “Mike Pence fracasó en su gira, está en campaña electoral, en esta minigira que hizo por América del Sur, mientras Mike Pence anda agrediendo a Venezuela, diciendo que en Venezuela esto, aquello (...), aquí estamos nosotros con los Comités de Tierra Urbana trabajando”. El voluntarismo no suele ser un buen consejero ante semejantes adversarios y en un marco de relaciones de fuerza tan desfavorables. Es obvio que el embate va a continuar, por estos u otros medios.

Como siempre, el discurso desestabilizador apelará a los grandes valores de occidente: la democracia, los derechos humanos, la república, la división de poderes, las libertades civiles y políticas, etcétera. Y se montará sobre las limitaciones y errores del Gobierno venezolano, sobre todo después de la desaparición física de Hugo Chávez, sobre lo que ya hemos conjeturado en entregas anteriores.

El propio presidente Evo Morales denunció este intento de desestabilización, que tiene al vicepresidente de la primera potencia del mundo como gestor explícito del golpe. En su cuenta de Twitter, el mandatario boliviano expresó lo siguiente: “Pese a los fracasos anteriores, el Vpdte. de #EEUU, Mike Pence, viene a Latinoamérica a instigar un golpe contra la hermana #Venezuela, con la bandera falsa de la libertad. El imperio debe entender que América Latina es zona de paz y de lucha por liberarse del intervencionismo”. No lo entenderá. Por el contrario, la administración Trump ha señalado enfáticamente que la “diplomacia de la paciencia” que atribuye a la gestión de Obama ha terminado definitivamente.
Un nuevo escenario geopolítico se abre en América Latina, seguramente muy distinto del que se vivía en la década pasada.

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