Trigo: ¿hacia un nuevo récord de producción?

Por Mariano Fava (*)

Luego de que en la última campaña el trigo alcanzara un récord de producción de alrededor de 18,5 millones de toneladas, todo hace pensar que para la presente zafra de cereales de invierno 2019/2020 nos encaminemos hacia un área plantada muy importante, alrededor de 6,5 millones de hectáreas. De acompañar un clima favorable, significará un nuevo récord histórico de originación de grano en torno a los 20 millones de toneladas (más/menos 2 millones de toneladas). Tal expectativa de parte del mercado a esta altura de los acontecimientos, cuando aún no se ha plantado prácticamente ni una sola hectárea, se sustenta en una serie de variables coyunturales y estructurales que confluyen actualmente todas en conjunto, y “empujan” al empresario agrícola a plantar trigo, entre ellas:

1. Es un cultivo muy barato de establecer y cuidar.
2. Tiene un retorno de la inversión razonablemente alto. Además hoy en día se puede capturar rentabilidad con ventas forward en torno a los USD 185 por tonelada.
3. Es muy rústico ante adversidades bióticas y abióticas, por lo cual en cierta forma se puede manejar y calcular el riesgo de producirlo.
4. La rotación trigo/soja de segunda en un escenario de lluvias superiores a la media está dejando un margen bruto difícil de igualar por un solo cultivo
5. El precio de los demás cereales en relación al trigo está retrasado.
6. Los cereales de invierno facilitan la lucha contra malezas problemas resistentes a glifosato como yuyo colorado, clorídeas, rama negra, entre otras.
7. Hay una coyuntura climática favorable en las principales provincias productoras de este cereal, las cuales vienen además de una excelente cosecha gruesa.
8. Estamos en un momento de incertidumbre política, donde no está claro el marco jurídico para el negocio agropecuario en el próximo período presidencial.

9. Finalmente, y tal vez el punto más importante, por ser una gramínea, tiene un sistema de raíces que ayuda a la recuperación de la estructura del suelo, y junto con los restos de la parte aérea contribuye de manera importante a la recuperación del carbono (materia orgánica) del suelo, en otras palabras aumenta la fertilidad física. 

Analizando lo antes expuesto, permite inferir que el empresario agrícola va a plantar tanto trigo y cebada como le sea posible, para aprovechar todas las ventajas antes dichas. Pasando a aspectos de índole agronómico, diremos que en nuestra zona se utilizan toda la gama de ciclos de trigo (largo, intermedio-largo, intermedio, intermedio-corto y corto). Los trigos de ciclo largo e intermedio-largo son, en términos generales, más estables en cuanto a producción de kilogramos de granos por hectárea a lo largo de los años. El hecho es que al tener la variedad un ciclo más largo, tiene una raíz que explora mayor porción del perfil edáfico, lo que es de vital importancia en lotes profundos, para poder captar todo el agua que pueda estar almacenada en el mismo. Es decir, que en un mismo suelo, profundo y completamente lleno de humedad, un trigo de ciclo largo tiene más milímetros disponibles que uno de ciclo corto, por poseer un sistema radicular más “poderoso”. En zonas agroecológicas como la nuestra, donde el agua siempre es escasa, esta característica es de vital importancia. Distinto es en lotes menos profundos (menos de un metro de suelo efectivo), ya que cualquier ciclo puede explorarlo en su totalidad, incluso una variedad de ciclo corto, y tal vez aquí los de ciclo intermedio, intermedio-corto, o cortos lleven la delantera, pues, al sembrarse hasta un mes o un mes y medio más tarde que los largos, es más fácil que lleguen con las reservas de humedad del suelo a las lluvias primaverales, sin sufrir estrés respecto a un trigo de ciclo largo, ya que empiezan a consumir agua antes. Otra ventaja de los trigos de ciclo corto es en la siembra de segunda, pues, si bien es cierto que al final de las etapas fonológicas todos los ciclos de madurez se emparejan, las variedades cortas se cosechan hasta 4 días antes. Esto optimiza drásticamente la logística que supone una siembra de segunda, ya que a medida que pasan los días la humedad desaparece rápidamente de la capa de siembra en manos del sol y la temperatura de diciembre, y además el potencial de rinde del cultivo implantado también cae conforme pasa el tiempo. A esto debemos agregar que si se siembran los trigos de menor duración, incluso unos días antes de la fecha óptima de siembra para estas variedades cortas, estaremos corriendo algún riesgo de helada tardía, pero acortaremos aún más la fecha media de inicio de cosecha, favoreciendo al máximo al cultivo de segunda.

Para finalizar, es bueno resaltar que los trigos de ciclo corto tienen mayor potencial de rendimiento teórico que uno de ciclo largo.

En resumen, el trigo tiene “viento de cola” para alcanzar un área de implantación muy importante, con un paquete tecnológico acorde a altas producciones. Solo falta saber si en los próximos 3 meses todos los supuestos enumerados al principio de esta columna finalmente acontecen, dando como resultado la conducta esperada antes descripta del agricultor argentino.

(*) Ingeniero agrónomo (MP: 607 CIALP) - Posgrado en Agronegocios y Alimentos - @MARIANOFAVALP

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