La tapa de EL DIARIO de hoy

  • Farmacias de turno del día 4 de julio de 2022

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En la columna ambiental de hoy vamos a ver por qué son tan trágico los incendios que están ocurriendo en los humedales de los Esteros del Iberá y cuáles son sus causas.

Escribe: Ing. Florencia Srur

Desde hace unos días hay incendios en la provincia de Corrientes, famosa por albergar al segundo humedal más grande del Sudamérica, los Esteros del Iberá. Un enorme hábitat de, aproximadamente, 45000 km2 de los cuales 12 mil km2 representan la masa de agua o humedal en sí, esto es un 14% de la superficie de la provincia. Es hogar de más de 350 especies de aves y muchas de fauna, como yacaré, carpincho, yaguareté, tapir, pecarí, entre otros, sin mencionar la enorme diversidad de flora que presenta. Además, es un sitio RAMSAR, es decir, un lugar de alto nivel de conservación debido a todos los bienes y servicios ecosistémicos que brinda el sistema de humedales, como ser fuente de agua, mitigar sequías e inundaciones, suministrar alimentos, albergar una rica biodiversidad y almacenar carbono, entre muchos otros.

Este ecosistema ha tenido varios problemas desde ya hace muchos años. En 1980, debido al exceso de cacería furtiva, el yacaré negro y el yaguareté estaban en alto riesgo o habían desaparecido de la zona, esto conllevó a una alteración en las relaciones ecológicas lo que derivó en cambios del ecosistema que amenazaba a muchas otras especies. En el año 1994, la finalización de la construcción de la represa binacional Yaciretá-Apipé contribuyó a la modificación del paisaje. En la actualidad, el territorio se encuentra invadido de empresas forestales de pino y eucalipto que ha impactado fuertemente en el ecosistema. Sobre esta última cabe aclarar, que es una de las causantes de los incendios en la región. Tengamos en cuenta que la zona de los Esteros del Iberá y toda la provincia de Corrientes, no presenta bosque de manera natural, si no que pertenece a un sistema denominado “Campos y malezales” donde el pastizal es el paisaje natural dominante. Las especies forestales foráneas incorporadas para la producción de maderas son altamente inflamables y contribuyen a la generación de incendios.

Otro factor importante a tener en cuenta es la actividad ganadera. Dado que los pastizales y la buena cantidad de agua son factores primordiales para un buen ganado, siempre fue una práctica recurrente, que también se utiliza en nuestra provincia, realizar “quemas” para mejorar el forraje. Lamentablemente, estas quemas deben ser siempre realizadas por personal capacitado de Defensa Civil, cosa que, desde una planificación provincial y nacional no se ha tenido en consideración. Si las quemas no se realizan en las condiciones meteorológicas adecuadas se transforma en un incendio incontrolable.

Ya que estamos hablando de las causas. No debemos olvidar que se está afrontando una de las sequías más grandes de las que hay registros en el país. Claro que, no necesariamente porque haya sequía tiene que haber incendios, si hay buen manejo la tragedia se previene. Actualmente, el fuego ha consumido más de 800.000 hectáreas, lo que representa un 9% de la provincia.

Pero, ¿esto es algo de ahora? Recién repasamos un poco de la historia del mal manejo que ha tenido este rico ecosistema, pero, particularmente en cuanto a incendios esto no es nuevo. En el año 2020 se prendieron fuego 6.700 hectáreas, lo cual representó una pérdida del 90% del Parque Provincial San Cayetano. Un dato interesante es que se vieron afectadas unas 20 mil hectáreas de pinos y eucalipto que se quemaron en solo 48 horas.

Cabe remarcar que cuando una turbera se incendia, como es el caso de los Esteros del Iberá, el fuego va por debajo de la primera capa de suelo que representa mayormente contenido orgánico (hojas, ramas, entre otros). Esto significa que la extinción con aviones hidrantes no es una opción. Una forma es dar vuelta el suelo con topadoras para sofocar el fuego, aunque esto representa un daño extra al ecosistema. Claramente, extinguir un incendio es mucho más caro que prevenirlo, no solo en el sentido económico, que dicho sea de paso se estiman pérdidas mayores a US$ 500 millones, si no ecosistémico.

Entonces, si todas las causas se podrían prevenir y teniendo en cuenta que no es la primera vez en la década que ocurre esta catástrofe, ¿cómo es que no se hace nada? Desde hace más de 10 años se pide por una Ley de Humedales, que regule cuáles son las actividades que pueden llevarse a cabo dentro de los territorios de humedales y haga un manejo adecuado del ambiente para evitar estas catástrofes. El proyecto nunca fue aprobado en el Congreso. ¿Y ahora?

*Ingeniera en Recursos Naturales y Medio Ambiente, MPnº 365. Email: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.