El pueblo que naturalizó la muerte

Dos suicidios en los últimos meses. Varios intentos más en los últimos años. Un joven que aparece ahorcado entre los yuyos. Un cuerpo que aparece en la ruta. Un asesinato en un enfrentamiento entre sindicatos. Un joven que se arroja a morir en el canal. Un niño que muere atropellado en una picada. Un joven que muere atropellado. Un asesinato brutal de un niño aún impune.

Nadie se inmuta. Lo lamentamos, sí. Lloramos tristemente, en vano. Los días pasan y eso también se olvida. El pueblo, nosotros, hemos naturalizado la muerte. Hemos perdido no solo la memoria. Hemos dejado atrás, machacada y arrumbada, nuestra identidad, nuestros lazos.
Esto no es culpa de los padres, no es culpa de lxs chicxs, no es culpa de un Estado (municipal, provincial y nacional) que los olvidó ya hace muchos años. Es culpa de todxs. Hemos perdido nuestra niñez, nuestra juventud y hemos olvidado a nuestros padres y abuelos.
25 en estos últimos quince años se ha abandonado a sí mismo. Se han roto, deshecho, destruido los lazos sociales, familiares, identitarios y culturales.
No es una muerte más. Es la reafirmación de un SÍNTOMA SOCIAL. Es un problema que nos atañe a todxs. Debemos recuperar los porqués de un pueblo que ha luchado para conseguir todo lo que tiene.
En estos últimos años lo único que generamos para ellxs, para nosotros, fue dinero, regalías, camionetas, autos, cuatris. Y, ¿cómo nos está yendo? Nada más les hemos dado. Solo la vacía abundancia material.
¿Qué pueden hacer hoy los jóvenes más allá de la escuela, el deporte y los boliches? ¿Qué futuro hay para ellos en el dinero? ¿Más cultura, más educación, más arte, más sensibilidad, más espacios de expresión? ¿Qué les contamos de los abuelos y abuelas que resistieron la crecida, de los que construyeron el pueblo y el puente con sus manos, de los paisanos que crearon los caminos que hoy transitamos, de los piquetes chacareros, de las huelgas docentes, de la lucha de los puesteros y mujeres del campo? ¿Qué poesías y cuentos les leímos?
¿Qué contexto les brindamos más allá de la comodidad material? ¿Les dijimos cuánto lxs amamos? ¿Cuánto nos gusta su sonrisa?
Amo mi pueblo y a cada uno de sus habitantes. El río Colorado es la sangre de mis venas. Su cielo franquea cada uno de mis sueños. Su olor a monte cuando llueve es el aroma más familiar que siento.
Tuve la suerte en mi infancia de que me formaran mi familia, mi abuelo con su inmenso amor por estos pagos y su gente, la sabiduría de Don Pineda, la ternura y el trabajo de Don Héctor “Peludo” Navarro. Tuve la suerte de poder expresarme, de conocer lo que me precede y forjarme un futuro.
Pero, ¿qué herramientas le damos hoy a nuestra niñez, a nuestra juventud? ¿Qué lugares les brindamos para expresarse, para que se lo apropien y lo sientan suyo? Ninguno, nada. Ni artes, ni ciencia, ni palabras, ni música, ni pinturas, ni grafitis, ni lápices de colores.
Hoy me digo basta y lxs invito a que construyamos, reconstruyamos nuestra identidad, nuestra memoria, nuestro pueblo y les demos a ellxs la posibilidad de forjarse un futuro. De tener objetivos, de imaginarse más allá del horizonte, debajo de un arcoiris o lo que ellxs quieran inventarse para sonreír.
Lo que nos precede nos construye en parte y nosotros construimos lo faltante, porque para lo desconocido que viene por delante bien sienta la fuerza de un pueblo unido y pujante.


Juan Galo Santamarina

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Comentarios  

+3 # Ana 01-07-2016 21:36
Cuantas verdades.como siento que se expresan cada una de mis sentimientos.
Tambien decidi vivir y criar a mis hijos aqui y veo este vacio para ellos...
DOLOR
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