Gente en la calle, salarios recortados y la dificultad del Gobierno para percibir la realidad

En la columna editorial de los lunes, La Arena Vernácula, la reunión de Verna con los gremios ante la preocupante realidad social, las medidas anunciadas por Macri y la vuelta de Cristina, entre otros temas de la semana que pasó.

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Una de cal...
 
El encuentro entre el gobernador Carlos Verna y los gremios nucleados en la Confederación General del Trabajo es, por un lado, un positivo gesto político de verdadera conciliación de intereses y análisis de la realidad, y por el otro el fruto de una situación económico-social que no hay que ser mago para definir como de crisis.

Los imprescindibles anuncios que el presidente Mauricio Macri hizo el sábado, de acotado alcance en medio de un estado de cosas que el propio oficialismo provocó, son bienvenidos en el marco de un panorama caracterizado por una profundización de las injusticias sociales.

La reacción del Gobierno Nacional, ante el generalizado planteo para que mire la realidad con ojos que no sean solo los de los gerentes que forman parte del Gobierno, dio algún fruto con esta decisión de universalizar la Asignación y devolverles lo que paguen de IVA a los jubilados que cobren la mínima.

Se trata de una muy pequeña morigeración, con alcances sectoriales puntuales y de no tan sencilla implementación burocrática, en un escenario en el que como señalaron los sindicalistas y funcionarios de la Provincia en el aludido encuentro, el Estado no solo no parece dar respuestas suficientes a las necesidades de los más vulnerables, sino que pone a vastos sectores de la sociedad frente a problemáticas que parecían olvidadas.

El desempleo, fruto de las decisiones gubernamentales, ha vuelto a ser una realidad, y de ahí que bien hace el Ministerio de Trabajo en anunciar un incremento del seguro para quienes se queden sin trabajo.

El mismo oficialismo que dictamina ese remedio de escaso impacto es el que provoca la enfermedad más importante: la gente en la calle y los salarios recortados, además en una situación dificultosísima para los que menos tienen a partir de la devaluación y la inflación.

La despreocupación con la que en los primeros meses el Gobierno trató a desposeídos, trabajadores, jubilados, pequeños y medianos comerciantes y clase media en general -quizá los sectores económicos donde está la mayor porción de sus votantes- contrastó con la enorme transferencia de ingresos de la que gozan en esta hora exportadores varios, patronales agropecuarias, buitres, medios de comunicación corporativos y mineras, entre otros.

La caída de la imagen presidencial en las encuestas, también golpeada por los efectos del Panamá Papers -que por más operaciones mediáticas que existan para el ocultamiento continuará en el tapete-, es uno de los motivos por los que el Gobierno Nacional miró para el lado que hasta este sábado había ninguneado absolutamente.

La reacción de Macri y los suyos, haciendo el que es quizá el primer anuncio en beneficio de los más perjudicados con un débil alcance, se insiste coincidió con la reaparición de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner en la escena pública: lo que era una indagatoria judicial se convirtió en un multitudinario acto, y sobre todo en un hecho de mayúsculo impacto político, con lógicas consecuencias y expectativas.
 
...y una de arena

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El presidente del PJ pampeano, Rubén Marín, aclaró que no comprendía bien el llamado a conformar un “Frente Ciudadano”, pero no pudo dejar de reconocer la movilización que genera un liderazgo popular y advirtió, como la mayoría de quienes conocen el tema, que la causa judicial en sí parece bastante absurda.

Al entusiasmo de los propios kirchneristas se suma el de algunos peronistas que no se sienten tan lejos, pero que reconocen errores de los más fanáticos, y que al mismo tiempo no ven con buenos ojos la derechización del PJ: el diputado Roberto Robledo, consciente además de la realidad cotidiana de los trabajadores por su función como secretario general de UOCRA, fue uno de los primeros en acomodar el discurso a la ocasión.

Mucho más allá de que Macri haya elegido apenas un calificativo para referirse al acto que fue una virtual cadena nacional (“desafortunado”, dijo), la situación volvió imprescindible el anuncio de medidas sociales y simpáticas, hasta podría decirse populares, aunque ni por asomo resulten suficientes para reparar todo el daño causado en estos 4 meses.

Aun cuando esta vez sintió el golpe, por momentos queda la sensación de que el oficialismo tiene serios problemas para percibir la realidad, o al menos algunas de las realidades circundantes: en La Pampa, los dirigentes del radicalismo se mostraron negacionistas con la cantidad de despidos que sacuden al país y que se sienten incluso en nuestra provincia, pese que -a contramano de otras jurisdicciones- el Estado provincial no echó a nadie.

Es que los despidos resueltos en el Estado nacional, que se cuentan de a decenas de miles, no son los únicos que existen: hubo un inmediato correlato en la actividad privada y resulta difícil ser optimista para las PyMEs, que son las que generan más empleo, cuando se avecinan los concretos sufrimientos de un tarifazo brutal para quienes producen.

Mientras la ministra de Desarrollo Social Fernanda Alonso advierte sobre la situación social y no disimula su preocupación porque además está en contacto con intendentes de distintas realidades, los defensores del Gobierno de Macri que se juntaron en la UCR (diputados nacionales Francisco Torroba, Mario Negri y Ricardo Alfonsín como cabezas visibles) insistieron en relativizar los despidos y eligieron el verbo “sinceramiento”, que es una de las palabras bastardeadas en esta era.

Tal vez la “grieta” que ya todos conocen (y que a grandes rasgos se supone que divide a “populistas” de “liberales”, por definirlo a las apuradas) no es la única que existe: una de las situaciones que dificultan entender todo el contexto, y acercarse a la compresión, es que hay un país que se cuenta en la televisión, más que nada preocupado por los escándalos de corrupción, y otro que está en la vida cotidiana de los pueblos y ciudades, en los lugares de trabajo, en las escuelas, en las oficinas y en la calle.