Otro reclamo por el atuel y el arreglo con los holdouts

En la columna editorial de todos los lunes, La Arena Vernácula, un repaso -con opinión mediante- por los temas más salientes de la semana pasada.

Una de cal...

caminata


La “correcaminata” organizada por diversos organismos del Estado provincial y municipales, pero con representación nutrida y clave de entidades no gubernamentales, permitió poner en el centro de la escena la problemática del río Atuel: el reclamo que se canaliza por diversas vías está definitivamente arraigado en la comunidad y es una demanda popular.

La convocatoria en el autódromo provincial resultó un éxito si es que este tipo de encuentros se miden por el número de participantes, pero aun independientemente de ese detalle está claro que fue una movida que por un lado contribuye a extender la conciencia respecto del reclamo, y por otro a entender cabal y definitivamente que es un tema que la ciudadanía tiene quizá no entre sus prioridades, pero sí anotado en la agenda de asuntos de que deben ocuparse las autoridades.

Esa situación también habla a las claras de un par de cosas.

Por un lado, la pereza, o si se quiere el retardo o hasta la desidia de los funcionarios en llevar esa pelea a otros escenarios donde las cosas se definen más concretamente: la política y el Poder Judicial, espacios donde la provincia lució candidez y extrema paciencia, perjudicándose a sí misma.

Tuvieron que dar el primer paso ante la Corte dos particulares para que el Estado moviera un dedo y se dispusiera a reclamar lo que a La Pampa le corresponde en vinculación con ese río que le ha sido robado.

La otra evidencia de la movilización masiva es que cuando desde un Gobierno fuerte como el de La Pampa existe la decisión política de instalar una problemática como potente, aun cuando signifique conflicto, ese cometido no es tan dificultoso de lograr, y requiere de la confluencia de espacios de pensamiento muy disímiles.

La lucha por el Atuel involucra a dirigentes, organizaciones y entidades que extrañamente hubieran podido estar en una misma vereda si de otro tema se tratara.

A la vez, no se puede desconocer el aporte de vanguardistas que avisaron mucho antes y pusieron la causa entre sus prioridades cuando el funcionariaje no solo miraba para otro lado, sino que parecía jugar el mismo partido en un tono conciliador que necesariamente llevaba a la derrota.

Durante largos años quedó la sensación de que el papel de los gobiernos pampeanos, en el conflicto por el Atuel, era convencer a sus ciudadanos de que no había demasiado que reclamar, porque finalmente los derechos eran mendocinos.

Más vale tarde que nunca, pero hoy la realidad es otra: hay una masiva representación popular detrás del reclamo, y eso no debe impedir, de modo alguno, reivindicar más y mejor a quienes desde el primer momento pelearon, educaron e influyeron para que La Pampa no cayera de rodillas ante la política de los hechos consumados.

...y una de arena

torroba

Algo extraño quedó después del voto de los diputados nacionales pampeanos en favor del arreglo con los buitres: sus intervenciones no fueron, en ningún caso, luminosas, y en otros dejaron picando la duda de cuáles son los reales intereses que motorizan la inclinación por uno u otro espacio.

Aunque estaba cantado que los representantes del PRO y del radicalismo se alinearían con la propuesta oficialista, ni Francisco Torroba ni Daniel Kroneberger, ni mucho menos Martín Maquieyra alcanzaron a explicar con convicción cuál es la verdadera conveniencia para la patria de firma ese acuerdo.

Por otro lado, exageraron en su positiva visión de lo que ocurrió: bien estuvo Kroneberger en decir que nada hay para festejar, pero debiera convencerlo a su joven socio político, el debutante, que rápidamente salió a difundir la sesión como supuesto hecho histórico en el que se acabó la “escribanía”.

En todo caso, esa estigmatización del Congreso Nacional durante la etapa anterior, que además es una falacia histórica, podría aplicarse al comportamiento de los legisladores oficialistas de la actualidad, que a contramano de otros bloques votaron a pedido lo que les pidió el Ejecutivo.

Eso es tan legítimo como es desubicado referir a los años previos como una etapa en la que no funcionó el Congreso, puesto que el mero recorrido de lo que se hizo y se votó demuestra un período que es, incluso, de cierta riqueza en comparación con otros momentos de nuestra historia.

El voto del bloque Justicialista parece ser el que contiene al peronismo pampeano, pero tanto el discurso de Sergio Ziliotto como el de Gustavo Fernández Mendía parecieron argumentar un voto negativo para llegar a la conclusión contraria.

Ziliotto consideró que el arreglo era un mal necesario y admitió la pérdida de soberanía; Fernández Mendía, que además contradijo las propias reivindicaciones que hizo en su momento de la Ley de Pago Soberano, cuestionó la soberbia del equipo económico de Macri.

Pero los dos votaron a favor, dicen que en defensa del interés pampeano, que es distinto -como se ha dicho varias veces en esta línea- que el de la caja del Gobierno pampeano.

El caso de Fernández Mendía es triste paradigma de la actuación de dirigentes que prefieren usar ropas de camaleón para mutar de un sitio a otro: flaco favor se le hace a la política cuando supuestos leales de un bando repentinamente encuentran excusas para pasarse al otro lado, lo cual encierra un peligro extra, habiéndose aprendido que los más fanáticos suelen ser los conversos.

Temas en esta nota: