Cambios en la UNLPam y la metáfora de Cavallo

En la columna editorial de cada lunes, La Arena Vernácula, un repaso a algunos de los temas que quedaron de la semana que se fue: los nuevos rumbos en la Universidad de La Pampa con la llegada de Oscar Alpa al rectorado y la realidad económica del país con la reaparición de Cavallo como paradigma.

Una de cal...

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El sector de “Proyecto Universidad”, encabezado por Oscar Alpa, festejó con todo derecho la victoria en la segunda vuelta de las elecciones de la Universidad Nacional de La Pampa: una victoria legítima lo convierte en el nuevo rector de la alta casa de estudios.

El acto electoral concretó así una innegable renovación: después de 16 años cambia el sector político que conducirá los destinos de la UNLPam.

El propio Alpa anunció una renovación y no pudo evitar referirse a los “cambios”, en un momento de sensibilidad política donde la sola utilización del sustantivo genera el primer ruido, que es determinar si ese “cambio” alude a la alianza gobernante a nivel nacional.

Alpa llegó como consecuencia de -entre otras cosas- el lógico desgaste de una gestión que se extendió, con sus variantes, durante 16 años, y que despertó críticas y cuestionamientos en diversos sectores.

La figura de Graciela Alfonso, con una destacadísima gestión como decana de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, no alcanzó para despegarla de algunos aspectos negativos que una porción del electorado colocó en el centro de sus prioridades. Tampoco fue suficiente la idea de que la UNLPam tuviera por primera vez en su historia una rectora mujer.

Pero amén de esas debilidades de lo que era el oficialismo, el rector electo -desde ya- acumuló méritos propios: su gestión al frente de la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas alcanzó alta visibilidad, fue productiva, hizo fuertes apuestas de vinculación con otros sectores de la comunidad, estableció puentes con la ciudadanía y otras organizaciones y puso en el centro de la escena las problemáticas de los Derechos Humanos y de la Economía Social, entre otros puntos que pueden ser enumerados.

Además, el espacio concretó una estrategia política que le dio resultados: sus alianzas, en algunos casos hasta paradójicas, lo dejaron mejor posicionado para la segunda vuelta, después de haber armado una lista que causó sorpresas entre los actores universitarios, pero que a la luz de las consecuencias pareció una inteligente movida para contar con el favor de distintos sectores a la hora del voto.

La campaña tuvo sus ruidos y algunas acusaciones cruzadas, en medio de la tensión que siempre supone una competencia de este tipo.

A la vista de los espacios que se metieron en la pelea y de las personas que representaron a cada sector, no resulta sencillo etiquetar a ganadores y perdedores según los clásicos bandos de “centroderecha” o “centroizquierda”, más allá de que cada postulante también tiene un estilo propio que lo posiciona, y en ese sentido es clara una tendencia más “marketinera” del ganador.

Se verá en el andar de la conducción si Alpa y su corrección política incluyen la definición que él hace de sí mismo como un “progresista” que tiene para mostrar de su trayectoria también el vínculo en el trabajo con el cooperativismo.

...y una de arena...

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Si algo faltaba para incentivar la angustia de los ciudadanos comunes después de que el Fondo Monetario Internacional volviera a ser parte de las conversaciones cotidianas, la aparición de Domingo Cavallo en el Banco Central y su despliegue mediático como figura de consulta del macrismo constituyen una fuerte metáfora de las horas que se viven y de su inevitable comparación con algunos aspectos del peor pasado.

La disparada del dólar, el fracaso de las medidas políticas y económicas del macrismo y la ideología de la clase dominante que conduce el país derivarán necesariamente en lo que ya se vive “gradualmente” desde el inicio de la gestión, pero que promete volverse feroz más temprano que tarde: un ajuste económico que constituye una brutal transferencia de ingresos de los sectores menos pudientes hacia los que más tienen.

Cambiemos se había ilusionado con la posibilidad de enriquecer a los ricos y empobrecer a los pobres de manera más sutil, de modo tal que pudiera garantizar su sostenibilidad política y ganar elecciones, pero la realidad forzó a esa dirigencia a apretar al acelerador del recorte que de todos modos se estaba aplicando y que es -no cabe duda- parte de la biblia neoliberal que la alianza vino a imponer.

El panorama es oscuro para las clases populares, tal como lo era en los meses previos, solo que ahora se nota más y los funcionarios han quedado en evidencia con dichos, conductas y caras que remiten a tiempos funestos: a veces ni el impresionante cepo mediático alcanza para tapar el sol con las manos.

Un repaso lo más objetivo posible sobre las decisiones que se tomaron hace que aquella bautizada “campaña del miedo” quede chica respecto de lo que sigue ocurriendo: la inflación disparada e inmanejable; el dólar altísimo y amenazando con acentuar una devaluación que obviamente impacta en el precio de los productos de consumo cotidiano; un endeudamiento récord que pagarán las futuras generaciones, en paralelo con una mayúscula fuga de capitales; un tarifazo dañino para las pequeñas y medianas empresas y para los ciudadanos comunes; el aumento de los combustibles que añade imprevisibilidad; el crecimiento descontrolado de la importación que deriva en la clausura de fábricas; miles de despidos en organismos estatales y en empresas privadas; cierre de plantas industriales; jubilados sin el auxilio del PAMI para la compra de medicamentos; discapacitados sin pensiones; desfinanciamiento de numerosos organismos del Estado (desde la Educación hasta la Agricultura Familiar, pero sin que haya alguno que se salve).

Ese combo económico se complementa con medidas de otro tipo que van en el mismo sentido estratégico: el monopolio garantizado a los grandes pulpos de la comunicación, fuerzas de seguridad con las manos libres para matar y reprimir, delincuentes de lesa humanidad que quedan libres después del histórico proceso de Memoria, Verdad y Justicia, más los retrocesos en materia de soberanía y de derechos de los pueblos originarios.

El contexto le suma a la falta de sensibilidad de los CEOs que gobiernan una creciente falta de credibilidad: han sido violados todos los pactos preelectorales y la gestión tiende a hacer exactamente lo contrario de lo que se prometió en campaña.

El “efecto derrame” tan promocionado también va a contramano de lo prometido: lo que derrama es el ajuste y llegan a La Pampa los despidos, los “retiros voluntarios” y los achiques al modo municipal, que achica sus gastos en pan, leche, agua o yerba.

El secretario de Hacienda Luis Evangelista dice, para justificar ese panorama, que “a la fiesta hay que pagarla”. Y en la misma semana designan como funcionario del Ministerio de Trabajo al empresario Luis Bertone.

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