Precipitaciones: alivio en el norte, vigilia en el centro y sur

 

Por Mariano Fava (*)

Como bien sabemos, la provincia de La Pampa pasó de una de las inundaciones más importantes de su historia a una seca homónima. Todo en el lapso de unos pocos meses y sin transición alguna. Un clima tan extremo ha generado un sinnúmero de daños colaterales, tanto en las ciudades como en el campo. Pensemos por un momento que la economía de alguien depende del clima, con una empresa a cielo abierto transitar tales extremos no puede ser gratuito. Como si todo esto fuese poco, La Pampa tuvo que soportar además incendios forestales de grandes magnitudes en el oeste. Con lo expuesto resulta evidente que ha sido un período de tiempo crítico, que ha puesto a prueba el temple y las habilidades adaptativas del empresario agrícola ganadero de La Pampa.

Afortunadamente el tema de los incendios ha pasado y, en lo que a sequía se refiere, lentamente parece que se va cortando el período de escasez hídrica. Siempre que transcurre un tiempo de seca, lo normal es que empiece a llover primero al sur y luego al norte, pero esta vez los caprichos de la naturaleza han querido que sea de la forma inversa. De todos modos, la buena noticia es que empezó a llover y no deberían demorar en generalizarse las precipitaciones en todo el territorio provincial. Si bien los registros no fueron importantes, en promedio rondó los 20 a 30 milímetros; al menos comenzó a llover, alejando el fantasma de una helada temprana que hubiese sido el broche de oro de un escenario catastrófico. En efecto, si demora unos quince días más la primera helada, permitirá que la mayor parte de los cultivos estén en la etapa de madurez fisiológica o muy cerca de ella como para que no dañe sustancialmente la calidad y el potencial de rendimiento de los cultivos un corte abrupto del ciclo de madurez por baja temperatura, como sí lo haría de acontecer antes de esa fecha (mediados de abril).

La sequía ha sido extrema (y en algunas zonas aún lo es), con alrededor de cinco meses de ausencia casi total de lluvias. El año pasado a esta misma fecha llevábamos aproximadamente unos 550 milímetros, y ahora antes de esta lluvia llevamos apenas 70 u 80 milímetros en promedio. Sin duda, si no fuese por la enorme cantidad de humedad que había en la capa subsuperficial de los suelos (napa), el panorama hubiese sido desolador. Sin embargo, la moneda tiene dos caras y las penurias de la inundación fueron el salvavidas para sortear de la manera más armónica posible la sequía, y que hoy, a pesar de haber soportado semejante escasez de precipitaciones, estemos hablando de la posibilidad cierta de trilla de soja y maíz en los próximos meses en La Pampa. Seguramente que los rindes han mermado de manera significativa, de hecho se observa en soja desprendimientos de chauchas y reabsorción de granos, mientras que en maíz vemos plantas estériles y fallas en el proceso de fijación de granos de las espigas. Sin embargo es posible pensar en un año con rindes rondando el promedio histórico de unos 18 a 20 quintales de soja por hectárea y maíces de unos 40 a 50 quintales por hectárea de promedio.

En lo que a ganadería se refiere, la falta de humedad ha “achicado los campos”, como se dice en la jerga, queriendo significar que la falta de desarrollo de las praderas ha menguado la receptividad de los campos (menor producción de forraje), siendo necesario entonces aliviarlos ya sea vendiendo animales, destetando vacas o bien suplementando la hacienda con grano. Respecto del establecimiento de verdeos, pasturas o incluso la confección de reservas forrajeras de cara al próximo invierno, la cosa viene muy demorada. Prácticamente lo único que se ha podido hacer es algo de picado de maíz de planta entera. La seca, que viene impactando fuertemente a lo largo y ancho de la Argentina, ha catapultado el precio del grano de maíz, insumo fundamental en el proceso de terminación de la invernada y de los feed lots. Como consecuencia de ello, y de que estamos en plena zafra de destete y comercialización de invernada, es que vemos un estancamiento y retraso de los precios de la hacienda en pie. La categoría de la vaca preñada es la más complicada de vender, debiendo dar plazo para defender el precio del animal.

En resumen, la situación continúa siendo crítica para la ganadería a lo largo y a lo ancho de la provincia. En lo que a agricultura se refiere, se ha producido una leve mejora en el norte provincial por las precipitaciones, que servirán también al sur como un mecanismo retardador de la fecha media de la primera helada. No obstante esto necesitamos que durante abril y mayo precipiten en promedio unos cien milímetros, para poder recomponer el estatus hídrico de los suelos y encarar la zafra 2018/19 de cosecha fina con una probabilidad de éxito razonable. De lo contrario se verá muy resentida el área plantada con trigo y cebada.

(*) Ingeniero Agrónomo (MP: 607 CIALP) - Posgrado en Agronegocios y Alimentos - @MARIANOFAVALP

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