La naturaleza autoregulada: de la inundación, a la sequía y los incendios

Por Mariano Fava (*)

En la columna anterior hicimos mención respecto de lo importante que era contar con alguna lluvia de al menos 20 milímetros en la provincia de La Pampa para poder terminar de plantar los cultivos tardíos y de segunda en la porción agrícola de esta región. Otro aporte fundamental de una precipitación sería apagar los incendios en la zona de monte. Lamentablemente el 2017, un año signado por la inundación y los excesos hídricos, se fue sin precipitaciones, y con él la posibilidad de mejorar la coyuntura productiva de La Pampa. En efecto, quedó un número importante de hectáreas de campo sin sembrar, tanto en lo que a siembras tardías como de segunda se refiere.

Esto es un gran inconveniente, sobre todo para los empresarios que desarrollan su actividad en la modalidad de arrendamiento, pues una vez que caduca el plazo por el cual arrendaron el potrero, la inversión realizada representa un costo hundido que no se puede recuperar. En el caso de los campos no plantados que son de propiedad del empresario la problemática no es tan grave, ya que esos lotes están en un proceso de barbecho que les permite acumular humedad y fertilidad para los cultivos subsiguientes en la rotación. Es de esperar que toda fracción de campo que haya quedado durante este diciembre último sin ser plantada, se destine a cereales de invierno, pasturas o de lo contrario a verdeos de invierno. Siempre se dijo que el “barbecho de navidad” (en clara referencia a preparar los lotes con la suficiente antelación respecto de la siembra) era la receta ideal para obtener buenos cultivos de invierno, ya que dispone la tierra del suficiente tiempo para acumular fertilidad y humedad que les proveen a los cultivos los nutrientes necesarios para rendir a su máximo potencial.

Si bien un período de normalización de las precipitaciones en la zona afectada por los excesos hídricos fue positiva para recuperar gran parte de los potreros y volver a ponerlos en producción lentamente, no es menos cierto que, producto de las labores tardías, la necesidad de arar gran parte de los lotes y la ausencia casi total de lluvias durante los últimos 20 días del año 2017 han hecho perder la porción final de la ventana de siembra de cultivos de verano. Ante esta situación quedan pocas opciones por escoger: o bien se destinan los lotes trabajados a trigo, pasturas o verdeos de invierno para la próxima zafra, o de lo contrario, pasan a la campaña agrícola de gruesa (soja, maíz o girasol) 2018/2019.

En una situación intermedia están los ganaderos, pues por la falta de humedad las pasturas se han detenido en su crecimiento pudiendo generar algún faltante coyuntural de forraje. Es por ello que si llueve en unos 5 o 6 días, es probable que algún empresario mixto (agrícola ganadero), piense en sembrar maíz, y en todo caso luego regule su cadena forrajera con menor área destinada a verdeos de invierno, si finalmente no pueden cosechar los cultivos de maíz tardíos por algún episodio adverso (como por ejemplo una helada temprana), debiendo destinarlos a pastoreo directo.

Finalmente y lo más importante, si llegamos a tener lluvias generalizadas en La Pampa en los próximos días, permitirán controlar los focos de incendios que tanto daño hacen a nuestra querida provincia, fundamentalmente a los pobladores del oeste provincial, esa porción tan querida de La Pampa hoy afectadas por estos desastres naturales.

(*) Ingeniero agrónomo - (MP: 607 CIALP) - Posgrado en Agronegocios y Alimentos.

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