Una mirada al inicio de la cosecha fina 2017

Por Mariano Fava (*)

Se están empezando a cosechar los primeros lotes en la provincia de La Pampa y el oeste de Buenos Aires, y el factor común que podría resumir el estado actual de la zafra es: “heterogeneidad”. Se observa un importante mosaico de datos, con una gran disparidad tanto en lo que a rinde como a calidad se refiere. Así, vemos que en el este de La Pampa y el oeste de Buenos Aires los lotes, en general, están entre las 3 y 4 toneladas por hectárea; mientras que en el extremo oeste de La Pampa no se llega siquiera a las 2 toneladas de grano por hectárea y con calidades bastante pobres. Esto se debe en parte a problemas de heladas tardías, pero también a otras cuestiones como la falta de fertilización, la lixiviación del nitrógeno por exceso de lluvia y la fuerte desnitrificación por suelos saturados. Más adelante vamos a desarrollar un poco más estos conceptos.

En la porción central de la provincia de La Pampa, lo que denominaríamos la planicie con tosca, los rindes están entre las 2 y 3 toneladas. En lo que a calidades respecta, la misma es bastante dispar, según la variedad y tecnología aplicada. De la marcada heterogeneidad que se observa en lo que a trilla se refiere, si analizamos la otra cara de la moneda, es decir “la siembra tardía y de segunda”, ahí se ve una gran similitud de situaciones entre los distintos productores. Es vox pópuli que el arado de doble acción ha sido la vedete de los potreros trabajados tarde por obligación, ante la falta de piso, tema al que nos hemos referido en varias oportunidades. Muchas veces una sola pasada del implemento de labranza no ha sido suficiente, debido a que la importante masa de pasto que se debe remover deja el suelo en condiciones no aptas de alojar una semilla, debiendo por lo tanto trabajarlo por segunda vez. Una alternativa a esto es el paso primeramente de los rolos trituradores de rastrojo, para luego con una doble acción bien pesada y enterrada dejar un potrero en condiciones “7 puntos”, plausible de ser sembrado con una máquina de siembra directa que puede laborear el surco de siembra, siempre que pensemos en implantar cultivos de los cuales sembramos mucha cantidad de individuos, como por ejemplo la soja que se coloca para la fecha tardía, alrededor de 300.000 plantas por hectárea, con lo cual no hay peligro de perder un lote por fallas en el nacimiento de algunos individuos, si se toman los recaudos del caso calculando el coeficiente del logro de plántulas.

Si bien en la profundidad de los suelos hay muy buena humedad, surge la paradoja de que muchas veces falta la misma en la capa superficial, es decir donde es alojada la semilla. Esto se debe a que por el efecto de la labranza rompemos la capilaridad, dejando un suelo con mucha masa de aire, lo cual complica la imbibición de la semilla. Esta situación es tan así que se advierte más humedad en los potreros donde se van a plantar cultivos de segunda (que por lo tanto son potreros en siembra directa). Para finalizar, haremos un breve comentario respecto de las sorpresas que están teniendo algunos productores que, habiendo plantado trigos de grupo de calidad 1, en lotes donde históricamente obtenían buenas calidades, se encuentran con la novedad de que están obteniendo granos que no llegan ni a la condición dentro de los estándares comerciales de “cámara”, siendo por lo tanto trigos que calificaríamos como forrajeros. Esto ocurre por varias cuestiones, la primera sin duda tiene que ver con los excesos hídricos. Este fenómeno ha tenido un doble efecto, por un lado la lixiviación de los nutrientes móviles en el suelo, como lo es el nitrógeno, principal responsable de la falta de proteína (y glúten) en el trigo, si este elemento no se encuentra en las cantidades necesarias en el suelo cuando el cultivo lo demanda. Por otra parte, los procesos de desnitrificación del suelo, los cuales si bien son situaciones normales de cualquier ecosistema sano, ante la anoxia o falta de oxígeno en la posición gaseosa del suelo por exceso hídrico, magnifican el proceso a tal punto que pueden comprometer la productividad de un lote, tanto en calidad como en cantidad de grano. Muchas veces las pobres fertilizaciones que realizan los productores, con no más de 80/100 kilos de urea por hectárea, lo que significa exactamente la mitad de nitrógeno elemento (40/50 kilos por hectárea), alcanzan para no comprometer la productividad en cuanto a kilos por hectárea de grano obtenido, pero para nada resultan suficientes para obtener una calidad de gluten adecuada. El otro aspecto que esta zafra ha comprometido en cantidad y calidad de la producción está dado por dos fenómenos, uno es la “roya amarilla” que este año ha afectado de singular manera gran parte del área triguera nacional; y el otro es más puntual, para zonas un poco más al oeste o el sur provincial que tienen que ver con temperaturas muy bajas en momentos inadecuados del cultivo (floración) que afectaron el rinde y obviamente la calidad de los granos en esas regiones.

En resumen, si bien la cosecha recién empieza, vamos a estar ante la presencia de una zafra que definiríamos como promedio, con alrededor de 20 a 22 quintales/hectárea, con algunas zonas al este bastante por encima de la media y al oeste bastante por debajo de la misma. En lo que a calidad se refiere, todavía es muy pronto para llegar a alguna idea concluyente, pero en general estaremos en el estándar comercial conocido como “cámara”. Será difícil encontrar calidades superlativas de trigos, como así también habrá lotes aislados de calidades realmente pobres, típicas de trigos forrajeros.

(*) Ingeniero agrónomo (MP: 607 CIALP) Posgrado en Agronegocios y Alimentos

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