Un rayo de luz y medidas que generan temores

En la columna editorial de cada lunes, La Arena Vernácula, un repaso a algunos de los temas de la semana que se fue: la aparición de la hija de Lucía Tartaglia y las primeras medidas anunciadas tras la victoria electoral de Cambiemos.

Una de cal...

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Un rayo de luz cruzó por la vida de unos cuantos pampeanos cuando el jueves estalló el alegre anuncio de la aparición de la nieta recuperada número 125 y se supo, como plus para nuestra región, que es la hija de la desaparecida pampeana Lucía Tartaglia.

Resultó un cóctel de emociones y alivio para la familia, que peleó a brazo partido para llegar a esa verdad, aunque en el medio tuviera que soportar el dolor de nuevas pérdidas e incluso que así como se abrían algunas puertas otras se “cerraran”, según dijo Aldo Tartaglia en medio de la satisfacción y sin dar precisiones respecto de a qué o a quiénes se refería específicamente.

María Tartaglia, abuela de la aparecida María Lucila, murió sin poder toparse con la buena noticia, después de un calvario que incluyó el ninguneo social en épocas en que estos temas se metían bajo la alfombra o ni siquiera formaban parte de la agenda de las instituciones, sobre todo cuando en los ’90 se impuso la idea de la “reconciliación”.

Esa misma teoría, que mezcla los dos demonios con un improbable perdón entre supuestas dos partes, es la que reina hoy mismo en los relatos oficiales negacionistas, pero la realidad es otra: la historia, que siempre es avances y retrocesos, hizo que algunos de esos progresos sean imposibles de desmontar.

Estos sacudones de alegría, el resultado concreto que en un solo acto incluye la evidencia del amor y la revelación de que hubo terroristas de Estado y delincuentes de lesa humanidad, tienen semejente potencia en todo nivel -político,cultural, humano- que se hace imposible dar vuelta la cara para mirar otra cosa o retroceder como si nada hubiera ocurrido.

En ese sentido, no hay vuelta atrás, por más que persistan amenazas, riesgos y deseos de dar un zarpazo sobre lo conseguido: en el área de Derechos Humanos hubo claramente una década ganada desde aquellos días en que se bajaron los cuadros y un presidente pidió perdón en nombre del Estado por haber callado frente a los crímenes atroces.

Esa seguridad respecto de la columna vertebral del proceso de Memoria, Verdad y Justicia, sin embargo, no impide alertas sobre determinados capítulos: los delincuentes de lesa humanidad recuperan su libertad o están disfrutando de sus hogares, las causas judiciales no avanzan como hace un par de años, los expedientes que involucran la participación de civiles están paralizados y un discurso negacionista impregna la opinión pública desde el Gobierno y desde los grandes medios que son sus socios políticos y comerciales.

En síntesis: aunque la Memoria, la Verdad y la Justicia han ganado batallas y siguen haciéndolo con felicidad como en esta semana que se va, hay una ofensiva que tiende a reproducir los peores momentos de la historia de la democracia, cuando con acuerdo del establishment se facilitó y garantizó impunidad a los “feroces caníbales de nuestro pueblo”, según la referencia de la militante de Derechos Humanos Graciela Trotta, quien fue compañera de cautiverio de la desaparecida pero siempre presente Lucía Tartaglia.

...y una de arena

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Apenas una semana después del proceso electoral que consolidó al Gobierno Nacional de Cambiemos, con victorias en todo el país, una serie de medidas concretas o anunciadas empieza a generar temores en los sectores menos favorecidos, en paralelo con el festejo de lo que llaman “los mercados”.

Así como el lunes se hizo realidad un fuerte aumento en los combustibles que impactará en la economía general y ratificará el fracaso en la pelea contra la inflación, el fin de semana se inició una nueva era del “fútbol prohibido”: llegó a su fin el derecho que tenían ciudadanos y ciudadanas argentinas de un recreo deportivo-cultural en su semana.

La ratificación en las urnas de un rumbo que trae novedades (aunque en muchos sentidos viejas novedades) en lo económico, en lo político y en lo cultural tiene bajo amenaza también a las provincias, cuyos mandantes decidieron juntarse para estar preparados frente a un ofensiva que se presenta como “reforma” y que pretende avanzar sobre derechos conquistados en distintas áreas.

Los gobernadores lucen más preocupados por defender sus cajas, que lógicamente les permiten administrar sus jurisdicciones, y por la garantía de que no les faltarán fondos, mientras el Gobierno no duda en apretar el acelerador de un ajuste que hasta ahora se ha presentado como “gradual” pero que necesariamente se acelerará porque el nivel de endeudamiento es fenomenal y porque el macrismo interpreta el mensaje de las urnas como algo bastante parecido a un cheque en blanco.

Para ello, y con la innegable y ya sabida ayuda de los medios hegemónicos porteños, ha operado un voto que sigue pensando en sacarse de encima al “populismo”, encarnado especialmente en el espacio político kirchnerista, señalado como autor de todos los males y responsable de una “pesada herencia” y que -según ese relato- fue apenas un grupo de oportunistas que ocuparon el Gobierno para “robarse todo”.

Mucho más allá de esa batalla cultural de interpretación histórica, en los próximos meses el “cambio” volverá a notarse en los bolsillos, como ya ocurrió anteriormente.

Otras medidas preocupantes que viene impulsando el Gobierno Nacional, con el falso argumento de que la elección banca también ese tipo de decisiones, impactan directamente sobre el Estado de derecho: el país ha quedado seriamente bajo la lupa de organismos internacionales de Derechos Humanos, pero sin embargo no se nota un poder político dispuesto a corregir los abusos, que han incluido -entre otros episodios- la detención ilegal de Milagro Sala, la represión sistemática de las fuerzas de seguridad, el intento de colar por la ventana dos jueces de la Corte Suprema de Justicia o la desaparición forzada de Santiago Maldonado.

La frutilla de ese postre amargo: los funcionarios que llegaron al poder agitando el fantasma de un “republicanismo” fanático que venía a pelear contra el centralismo del poder son los mismos que ahora buscan, a cualquier precio, llevarse puesta a una procuradora por hacer su trabajo.