Condenaron al dueño de un taller por amenazar a tres empleados

La jueza de control de Santa Rosa, María Florencia Maza, condenó este miércoles a Jorge Daniel Abbona a un año de prisión en suspenso, por ser autor del delito de amenazas calificadas por el uso de armas, en perjuicio de tres compañeros de trabajo. El hecho ocurrió a principios de mes y la causa se resolvió en 24 días.

El primer episodio ocurrió el domingo 4 de febrero a la tarde, en el sector de oficinas donde trabaja Abbona, de 38 años, dueño de un taller mecánico y apodado “Gringo”. El imputado “sacó desde su cintura un arma de fuego plateada y brillosa, apuntando hacia tres compañeros de trabajo que se encontraban almorzando”, según puede leerse en el fallo. En esas circunstancias, mientras los apuntaba con el revólver y les decía que tenía el tambor “lleno de balas”, manifestó: “más vale que aparezca el pantalón porque si no van a ver”, en alusión a una ropa que le faltaba desde hacía dos meses. Y culpó a ellos de esa pérdida.

La magistrada tuvo en cuenta, entre las pruebas incriminatorias, que al allanarle su domicilio se encontraron municiones de distintos calibres y un informe de un gerente de la empresa donde trabajaba en esa época.

Maza dictó la sentencia a partir de haber admitido un pedido de juicio abreviado presentado por el fiscal Walter Martos, el defensor oficial Pablo De Biasi y el propio acusado, quien admitió su autoría. Ese acuerdo incluía las condenas por otras dos amenazas con armas, en perjuicio de su esposa y dos policías, en los días siguientes a aquél episodio.

Con respecto a esas dos acusaciones, y “sin perjuicio del acuerdo suscripto por las partes, y del reconocimiento efectuado por el imputado en la audiencia de visu, entiendo que corresponde analizar si los elementos de prueba colectados alcanzan para atribuirle a Abbona los hechos que se le achacan o, si por el contrario, corresponde decretar su absolución”, indicó la jueza.

Así, la magistrada concluyó –con relación a las amenazas contra su mujer– que debía absolverlo por entender que “las evidencias colectadas” no alcanzaron para probar su conducta delictiva; y sobre las amenazas a los policías, dijo que “no se acreditó que la conducta de Abbona, al tomar el cuchillo, haya estado dirigida a amedrentar al policía que se encontraba en su vivienda, ya que dejó pacíficamente el arma y se sentó en la mesa durante la primera oportunidad en que ello le fue requerido”.

El abreviado incluyó, además, la imposición de las siguientes pautas de conducta durante dos años: fijar domicilio, someterse al contralor de la Unidad de Abordaje, Supervisión y Orientación de personas en conflicto con la ley penal, abstenerse de entrar en contacto con los ahora excompañeros de trabajo, no acercarse a menos de 200 metros de dónde se encuentren ni de sus domicilios, no consumir estupefacientes ni abusar de las bebidas alcohólicas, y realizar un tratamiento psicoterapéutico, con seguimiento psiquiátrico en forma ambulatoria.

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