Huevazos: agravaron el procesamiento del docente Aníbal Prina

La Cámara Federal de Bahía Blanca ratificó el procesamiento del docente universitario, pese a que la Fiscalía interpretó que no hubo intimidación pública. Además, lo acusan ahora por daños.

La Cámara Federal de Bahía Blanca aplicó su mano durísima contra Aníbal Prina: no solo ratificó el procesamiento de la Justicia Federal por la supuesta “intimidación pública” cuando presuntamente arrojó huevazos a la caravana presidencial, sino que lo acusó también por daños a los vehículos involucrados en ese recorrido.

El episodio ocurrió en Santa Rosa, el 12 de octubre del año pasado. Fue, además, uno de los tantos episodios en el marco de denuncias por una persecución política y judicial a referentes opositores. Prina había sido precandidato a diputado nacional por el Frente Peronista Barrial en la interna del PJ pampeano.

Ese día Macri llegó a la capital pampeana para hacer campaña electoral. A su paso en la zona de la rotonda de El Avión, fue repudiado por militantes entre los que estaba Prina. Acusado por los huevazos a partir de un comentario en las redes sociales, el docente hasta estuvo detenido por esa situación.

Pese a que la Fiscalía interpretó que no existía una “intimidación”, los camaristas aplicaron máximo rigor y se agarraron de uno de sus planteos para caerle a Prina también con la acusación de “daños”.
El docente se encamina a sentarse en el banquillo en el marco de un juicio oral y público, por más que le quedan plazos y recursos para oponerse. Desde ya, la Cámara también desechó las argumentaciones de la defensa.

“Medios violentos”

La Fiscalía había opoinado que "no hubo intimidación pública en los términos del artículo 211 del Código Penal. Para que las conductas puedan ser reprochadas por este delito deben haber puesto en riesgo el estado de tranquilidad, de paz pública, lo que no ha ocurrido en autos".

El fallo lo argumentó el juez Pablo Candisano Mera. A él adhirió Juan Leopoldo Velázquez.

"En el caso se corrobora la utilización de medios violentos para expresar una opinión política, lo que no solo no es la manera apropiada para este tipo de expresión, ya que no lleva a diálogo racional alguno, sino por el contrario, dicho ejercicio de la fuerza demuestra el desprecio hacia las razones que otros podrían brindar, y podría llevar a una escalada que no tendría fin, situación bien conocida en nuestro país", apuntó el magistrado.

Se basa en las pruebas recolectadas en primera instancia: una filmación detectó la presencia de Prina en la manifestación. Y dio por hecho que su comentario en Facebook era una suerte de confesión. El docente escribió en las redes sociales: "Nosotros le recagamos a huevazos el coche".

"Su accionar fue premeditado, con la finalidad precisa de hacer zozobrar el paso presidencial, circunstancia que se vio corroborada y que generó gran repercusión pública", consideró el juez.

Añadió que "la idea central de accionar de Prina fue suscitar desórdenes que adquirieran eficacia en relación al bien jurídico protegido, esto es, alterar el orden y la seguridad pública, debiendo ser juzgado de acuerdo a lo que pretendió provocar, que fue el ataque a la comitiva presidencial, sus custodios al público en general".

“No hubo delito”

En su momento, el fiscal Alejandro Cantaro desautorizó al renunciante juez federal Facundo Cubas: interpretó que no hubo ningún delito en los huevazos que tiró el militante y docente.

Cantaro es fiscal del Tribunal Oral Federal. Al intervenir en el caso, en lugar de pedir la elevación a juicio, solicitó el sobreseimiento del referente del Frente Peronista Barrial.

El episodio había sido utilizado en plena campaña electoral por el macrismo. En medio de sobreactuaciones y presiones del Ejecutivo Nacional, Prina terminó procesado por “intimidación pública” y además detenido durante varios días.

Un párrafo de su resolución señaló “No sabemos si el Sr. Presidente o alguien de su comitiva se vio siquiera perturbado, ya que los funcionarios a cargo de la seguridad no hacen referencia alguna ni siquiera por ellos mismos. Solo se habla de una alteración de ruta y algún posible retraso o reprogramación de los actos, que jamás podrían constituir el desasosiego general cuya lesión o peligro deban ocasionar las conductas para ser típicas”.

 

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