Hizo cumbre en el Aconcagua: "Una sensación que no tiene precio"

Un comisario pampeano, Fabián Cortés, escaló el pico más alto de América el pasado 3 de febrero, apenas tres años después de haberse iniciado en el montañismo. “Sé lo que es gritar un gol, pero esto es inigualable", dijo.

“Es el sueño hecho realidad. Después de todo lo que uno se entrena para hacer esto, cuando llegás arriba, se te viene una sensación que no tengo palabras para describir. Es único”, dijo Adrián Fabián Cortés, un comisario pampeano, retirado hace un año de la fuerza. El pasado 3 de febrero hizo cumbre en el Aconcagua, el pico más alto de América del Sur, con 6.960 metros de altura sobre el nivel del mar.

“Jugué al fútbol y se lo que es gritar a un gol. Fui policía y me agarré mis broncas. Pero esta es una sensación inigualable”, confió Cortés. “Es lindo escalar, pero también disfrutar. De eso se trata, escalar y disfrutar”, agregó, reconfortado por la misión cumplida.

Cortés tiene 49 años y en diciembre pasado fue designado director del Instituto de Seguridad Social por el estado provincial. Hace apenas tres años comenzó a practicar montañismo con el entrenador de trekking de altura Juan Pablo “Pollo” Polack.

El desafío

Cortes contó que comenzó con el montañismo a partir de una crisis personal durante la cual sintió que había “tocado fondo”. “Vi una propaganda y arranqué, despacito. Primero cicloturismo, Siete Lagos, Bariloche, Cañón del Atuel, varios cerros, hasta que me dijo que me veía para hacer montaña”, recordó.

Primero escaló el volcán Maypo, en San Rafael (5.323 msm), y varios cerros más. “Pero como en toda actividad, cuando arrancás, hay un sueño, y es hacer el Aconcagua”, explicó. El año pasado tuvo un intento fallido. Una tormenta de viento y nieve lo obligó a bajar desde Nido de Cóndores, un refugio a 5.560 metros.

Este año finalmente pudo lograrlo. El entrenamiento previo fue, básicamente, aeróbico. Algo de gimnasia localizada, pero 12 kilómetros de trote diarios y 30 de bicicleta, alternando con algunas caminatas de cuatro o cinco horas, con mochila pequeña.

El 24 de enero a las 7 de la mañana ingresó al parque, por Laguna Horcones, junto a Vanina Bertolini, una oficial de policía mendocina. Llegó a Plaza de Mulas, a 4.300 metros, a las 18, después de 37 kilómetros de treaking. En ese campamento base se aclimató durante varios días, subiendo al Cerro Bonete y la roca Canadá, “viendo como responde el cuerpo a la altura”.

El 31 de enero encararon la recta final y llegaron hasta Nido de Cóndores, a 5.550 metros, donde hicieron noche. “Ahí la cosa se pone más complicada. Tenés que derretir la nieve para hacer agua en el refugio. Hay que hidratarse muy bien, con agua, te y jugo, para resistir, tener capacidad aeróbica”, contó.

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En ese refugio, su compañera de travesía abandonó. Él siguió junto a un guardaparques que conoció en el camino, que está hace quince años en el Aconcagua y nunca había hecho cumbre, “Yago” Olivera. Siguieron a dos miembros de una patrulla de rescate de la policía mendocina, que los acompañaron hasta el final, Joel Gómez y Fabricio Corro.

El próximo paso fue subir hasta otro refugio, que los andinistas bautizaron “Cólera” no de casualidad. “Esa zona es fría. No dormís bien. Encontramos el refugio con mucho hielo. Armás la carpa entre las piedras y dormís como podés”, comentó.

La cumbre

El sábado 3 de febrero a las 6 de la mañana encararon la cumbre. Pasaron por refugios abandonados, Berlín e Independencia, hasta llegar a La Cueva. “Ahí encontrás de todo, a los que están vomitando y no pueden seguir. Estás realmente cerca. Llegué bien, perfecto. Ya te quedan pocos metros para la cumbre, hidratamos con el último agua que quedaba, una manzanita que comimos entre dos, y lo encaramos. A las 14.40 hicimos cumbre”, detalló.

“Es lo que te dicen todos los guías. Te vienen ganas de llorar, de criticar, de cantar si tenés fuerza. Por suerte, salió todo bien. Lo que sentí es inigualable. He jugado al fútbol y gritado un gol, he estado en la policía y me agarré mis broncas. Pero estar ahí es una sensación única, no tiene precio”, asegura.

“Son 3, 4 o 5 minutos. Sacás alguna foto, un video para la familia. No había mucho viento y pudimos estar cinco minutos. Es una superficie plana, como una cancha de fútbol. Hay una vista panorámica impresionante, hacia Chile y Argentina. Cuando volvíamos me tocaron la espalda pra que mirara, salía el sol y estaba la sombra del Aconcagua sobre la Argentina”, describe.

Según le contaron sus acompañantes, en el regreso, fruto del cansancio extremo, caminó hablando incoherencias en varios momentos. “Bajamos a Nido de Cóndores, más rápido para recuperar energías mejor, a las 20 estábamos de vuelta”, recuerda. “Es más difícil bajar que subir. La cumbre termina cuando vos llegás a tu casa. Más del 90% de los accidentes ocurren bajando. Cuando subís vas concentrado en no caerte, en no agarrar una grieta. Después que llegás a la cumbre, te relajás”, advierte.

Escalar y disfrutar

Cortés dijo que su próximo objetivo es repetir cumbre del Aconcagua, pero bajando por Plaza Argentina, otro trayecto “con mejor vista”. Desconoce si hay una lista de pampeanos que hayan hecho cumbre. De hecho, un día después que él, el domingo 4, un productor de Castex, Hernán Buffa, también consiguió hacer cumbre en el techo de América.

La posibilidad de ir a Nepal, todavía, es una idea que parece inalcanzable. De momento, haber hecho cumbre en el Aconcagua es “el sueño hecho realidad”.

“Con todo lo que entrenás, cuando llegás arriba, se te viene una sensación única, que no tengo palabras para describir. Siempre hice fútbol. Nunca había pensado en hacer montaña. Es lindo escalar. Pero también disfrutar. De eso se trata, escalar y disfrutar”, concluyó.

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