Las confesiones de Vergez, el represor pampeano despreciado hasta por sus pares

Fue uno de los represores más feroces de la última dictadura. Dio una entrevista donde contó qué hicieron con los desparecidos en Córdoba: “Los pusieron en una máquina de moler piedras y los dejaron chiquitos como monedas”.

El pampeano Héctor Vergez, uno de los más feroces represores que tuvo la última dictadura cívico-militar en la Argentina, contó en una entrevista que a los desparecidos en Córdoba “los pusieron en una máquina de moler piedras y los dejaron chiquitos como monedas”.

El testimonio de Vergez fue publicado en el portal Enredacción.com por el periodista Waldo Cebrero, quien lo entrevistó mientras preparaba un libro sobre un jefe de policía que nunca vio la luz. La entrevista quedó guardada y ahora se dio a conocer, más de un año después.

Vergez nació en Victorica. Fue una celebridad durante la dictadura cívico militar y al momento de entrevistarlo, cuenta Cebrero, está preso en el pabellón de “los comunes”, apartado por sus camaradas. La nota fue en el penal de Bower, donde el hombre que lideró el Comando Libertadores de América, fue jefe de La Perla y del Batallón 601 de Inteligencia estuvo detenido hasta que este 2017 fue llevado a la Unidad 34 de Campo de Mayo.

Poco antes de septiembre de 2016 -cuando Vergez dio este testimonio- había sido condenado a prisión perpetua por los crímenes en el centro clandestino de detención La Perla. “A mitad del proceso, Vergez fue sacado del Módulo MD2, el pabellón de lesa humanidad, a pedido de sus camaradas, que lo acusaban de ser un ‘asqueroso, camorrero, que se tiraba pedos en la trafic’ que los llevaba a las audiencias. De ahí fue a parar al MD1, de presos comunes, donde se peleó a trompadas -y perdió- con el millonario Jorge Petrone, dueño de Gama, una de las constructoras más grandes del país”, cuenta Cebrero.

Alias “Vargas”, “Gastón” o “El porteño”, Vergez dio un relato por momentos certero e inédito, y por momentos confuso y disperso. Tiene varios problemas de salud y es bipolar diagnosticado. “Los psiquiatras del penal dicen que ‘hace la caída’, que en la jerga carcelaria es fingir”.

Contó como organizó la represión en Córdoba cuando Luciano Benjamín Menéndez se hizo cargo del Tercer Cuerpo del Ejército en 1975. “Tuve una charla con Menéndez -cuenta-. Le dije que nos teníamos que preparar para la guerrilla, los policías del D2 (Departamento de Inteligencia de la Policía) eran unos pelotudos que no sabían torturar. Los policías sólo preguntan: ‘Dónde están las armas, dónde está la plata’. Así no logran nada. Entonces le dije: ‘Mi general, ¿por qué no me da Campo de la Ribera para llevar a los que seguro son guerrilleros? No tenemos que dejar ninguno vivo porque si no después vamos a terminar todos presos’”.

También contó que le dijo a Menéndez que necesitaban autos, y que la mejor manera de conseguirlos era robándolos, “de caño”, y que así consiguieron unos 300.
Vergez estuvo al frente de La Perla, el mayor campo de concentración del interior de país, hasta mediados del 1976.

-¿Que hacían con los cuerpos de La Perla?, le preguntó Cebrero.
-Cuando se abrió La Perla yo le pedí a Menéndez que los que ejecutaron a los guerrilleros fueran los jefes y oficiales de la Guarnición Córdoba, muchos ni llegaron a juicio. Aceptó y dijo que él se pondría primero. Después fueron conformando equipos con distintos jefes.

-¿Cómo era el procedimiento?
-Había que hacer un pozo, llevar piedras...

-Siempre se dijo que Menéndez participó del fusilamiento del sindicalista Tomás Di Toffino.
-No lo sé, porque eso fue después de que yo me fui. Habría que preguntarle a la hija, Silvia. Ella quiere saber dónde está el cuerpo de su padre y yo lo entiendo, yo sé dónde estáà yo sé dónde están los desaparecidos, ya lo dije...

-¿Dónde están?
-Eh... Cuando vinieron a destruir todas las pruebas, se los desenterró, vinieron oficiales y suboficiales de distintos lugares del país, que ni Menéndez sabe los nombres, no los sabe nadie. Desenterraron los cuerpos, alquilaron una máquina para moler piedras y los pasaron por ahí. Los dejaron chiquititos así como una moneda, es lo que me han contado a mí, me lo contó uno de los imputados, y la mitad los pusieron en la capa más profunda del terraplén donde empieza la ruta que va a La Rioja. Apenas pasa Villa de Soto y empieza La Rioja, en los primeros cien metros a la derecha.

(La nota original: https://enredaccion.com.ar/hector-vergez-confesiones-de-un-capitan-indecente/)

Temas en esta nota: