“Nos intentaron separar y nos unieron más”

Mabel Ochoa integraba el grupo de siloístas, era empleada en la Jefatura y fue detenida cuando concurrió a trabajar. Identificó a Yorio como su interrogador y dijo que le hicieron firmar una declaración armada.

Mabel Ochoa era empleada de la mesa de entrada de la Jefatura de Policía. Junto a varios jóvenes formaban un grupo de militancia pacifista que se denominada como “siloístas”, lo que hoy es el Movimiento Humanista. Para las fuerzas represivas eran sospechosos de ser guerrilleros y por eso fueron detenidos el 3 de marzo de 1975, incluso algunos que eran menores de edad.

Ochoa contó este jueves durante su declaración en el juicio de la Subzona 14 II que ese día se presentó a trabajar a las 8 de la mañana, pero le pidieron que vuelva a las 13. Cuando regresó le dijeron que suba al primer piso, a la oficina del jefe, José Silva Garracini.

“Apenas entor me empujan, me dicen que diga los nombres de todos, que ya sabemos cuáles son los planes teroristas. Me mencionan la Ley 2840. Me sacan una agenda con los datos de todos mis amigos. Me hicieron firmar un acta sin leer y me dijeron que tenía que renunciar”, relató. Le advirtieron que su papá y sus tíos trabajaban en la fuerza “y que si no firmaba se la iban a tomar con ellos”.

Firmó todo y pensó que la iban a dejar ir. Pero la llevaron a un cuarto, donde estuvo incomunicada durante cinco días. “Una de esas noches me llevaron a un cuarto donde por las luces no podía reconocer las caras. Otras vez las mismas preguntas, donde estaban mis compañeros, dónde entranábamos con las armas”. También preguntaban si “tenían orgías” entre ellos.

Sobre sus interrogadores, dijo que “uno hostigaba más que los demás”. “Lo conocía. Era el señor Yorio”, apuntó. “Era el único que preguntaba. Los otros supongo que no preguntaban porque los conocía de ir a mi casa. El que me dijo que firmase fue el jefe”.

“Yo era de un grupo siloísta, creo que fue eso lo que inquieto. Nos intentaron separar y nos unieron más”, advirtió.

La llevaron a la Seccional Primera y allí la volvieron a interrogar, otra vez Yorio a quien le vio la cara. Después la llevaron a una celda donde se encontró con tres de sus amigas. Sus padres contrataron al abogado Ciro Ongaro, que representó a todo el grupo de siloístas, y fueron liberados el 25 de marzo. Ella, sin embargo, nunca tuvo conocimiento si algún juez intervino en su detención.

“Éramos muy jóvenes, nos tuvimos que ir de la ciudad porque no podíamos ir a ningún ládo. Sin trabajo y con la condena social. Y también el daño a mi padre, que al otro año, cuando asume Baraldini, lo trasladaron un montón de veces. Murió joven, creo a consecuencia de lo que le provocó todo esto”, describió. Ella se fue de la ciudad y volvió hace poco tiempo.

Además de Yorio, indentificó a Fiorucci, Aguilera, Cenizo y Constantino como otros policías que estaban en la Jefatura. Ella hacía un año que trabajaba allí y comentaba sus reuniones con una compañera que luego fue secretaria de Baraldini, algo que relaciona con su detención.

Dijo que en ningún momento la golpearon, pero si hubo amenazas y torturas psicológicas. “Después me enteré por mi hermano, comisario retirado ahora, que yo quedé como delatora de mis amigos. Eso me destruyó. No se si mis amigos lo saben”, detalló.

Yorio

Oscar Yorio volvió a repetir su estrategia de hacer aclaraciones luego de que alguna víctima o testigo lo incrimine. Esta vez aceptó preguntas del fiscal y las querellas.

Admitió que le tomó declaración a Ochoa, a Mario Lóriga (también declaró este jueves) “como a todos estos chicos”, en referencia al grupo de siloístas. Dijo que lo habían designado como “secretario de actuación” en esa causa.

“A Mabel Ochoa nunca le produje ningún daño. Le tomé declaración en la Unidad Regional (funcionaba en el mismo edificio que la Seccional Primera), solo estábamos Constantino y yo. Fue una declaración normal, a cara descubierta, sin luces y con un trato correcto”, describió.

Insistió en que las actuaciones fueron “todo legal bajo control y actuación del Juzgado Federal”. “Constantino era quien tenía contacto directo con el juzgado federal y hacíamos las actuaciones a partir de esas directivas. Constantino tenía un interrogatorio básico, y así fue. Nadie se negó a declarar, los menores declararon bajo la presencia de los padres en algún caso y se los puso en libertad. Estas actuaciones vinieron desde Jefatura, yo recién tomo contacto en la Regional”, se defendió.

Reconoció que participó de algunos allanamiento en su carácter de secretario de actuaciones en esta causa pero que eran disposiciones del juez federal Walter Lema.

Cuando el abogado querellante Franco Catalani le pidió detalles sobre los órdenes de mando, el relato de Yorio se volvió genérico.

-¿Quiénes se ocuparon de esta investigacion y qué roles cumplían?, preguntó el abogado
-Varias personas. Mi función era administrativa. Excepcionalmente me tocó hacer ese sumario de los siloístas.

-¿Cómo llegó la noticia de que había un grupo para detener?
-No tengo idea, me aviso Constantino cuando ya estaba detenida Mabel Ochoa y que yo tenía que hacer las actuaciones.

-¿Cuál era la cadena de mando entre Constantino y usted?
-No la recuerdo.

-¿Y por debajo suyo?
-No, nadie. Tenía un rango muy bajo.

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