Lóriga: "he vivido años de terror que han marcado mi vida"

Mario Lóriga, periodista y poeta, fue otra de las víctimas del operativo contra los siloístas que declaró este jueves ante el Tribunal Oral de Santa Rosa.

Recordó como antecedente que en agosto de 1974 había participado con su novia de unas actividades en Córdoba y fueron detenidos al finalizar ese encuentro. Allí les hicieron una ficha en la SIDE. “En su momento pensamos que eso sirvió de precedente para la detención de 1975”, reconoció.

“Nos habíamos casado en febrero con Alicia Milner. Así que el primer mes de casados lo pasamos detenidos. No eran años de tranquilidad. Habían asesinado a un compañero en La Plata a fines del ‘74, crimen atribuido al CNU, y teníamos miedo”, describió.

Con su esposa quedaron detenidos cuando acompañaron a un amigo que vivía con ellos. Para no dejarlo solo, fueron con él a la Seccional Primera y allí se quedaron.

Después de pasar una noche en la Jefatura, al día siguiente lo llevaron otra vez a la Primera que estaba recién inaugurada en marzo del ‘75. “Nos alojaron en una celda para incomunicados. Todo impecable y recién pintado, creo que fuimos los que inauguramos esos calabozos. Ahí estaban nuestros compañeros. También fue detenido Héctor Bruzzone, que era el dueño del bar donde nos juntábamos, junto a su mujer. También fue detenida la madre de Américo Pracilio, que dijo que las reuniones eran tan familiares que hasta participaba su mamá”.

Contó que la resistencia pacífica era cantar. “No sabíamos porque estábamos detenidos. Cayó un policía enloquecido a pedirnos que nos calláramos la boca. Y seguimos cantando”.

De los acusados, dijo que vió a Yorio, a quien conocía del barrio, en la Seccional Primera.

Valoró que previo a que los llevaran a declarar ante el juez Lema, en el diario La Arena salió un artículo que criticaba esas detenciones. “Lo escribió Saúl Santesteban, y eso mejoró nuestra situación. Fue una buena mano la que nos dieron ahí”, reconoció.

Lema le dijo que estaban detenidos por infringir la Ley de Seguridad Nacional. “Pero no nos dijo jamás porqué habíamos infringido esa ley. Nosotros éramos pacifistas”, advirtió. Días después los liberaron a todos juntos y volvieron cantando por la calle Padre Buodo.

Al año siguiente, después del golpe, apareció “un flaco rubio” en el bar donde se juntaban, que era un policía federal encubierto. Otra vez los detuvieron. Al día siguiente él y su esposa se reunieron con el comisario Mariano Amartino, jefe de la Federal. “Nos preguntó que pensábamos hacer. Dijimos que pensábamos ir a Trelew. Nos dijo ‘muy bien, tienen una semana porque sino terminan en una zanja’. Nos fuimos expulsados”.

Terminaron en Puerto Madryn y él consiguió trabajao en Aluar. “Había operativos por todos lados, yo vivía asustado. Renuncié a un trabajo y después no conseguía otro porque tenía ficha en la SIDE. Cuando volví a Santa Rosa me espiaban por la ventana de casa, me seguían, detenían a mis amigos. Recién en el ‘85 conseguí trabajo como periodista en Radio Nacional”.

“He vivido años de terror que han marcado mi vida. Esta declaración viene a cerrar un ciclo en mi vida.  El que nos hizo todo esto a nosotros fue el Estado argentino, no fue una mafia, no fue algo al voleo. Es curioso que la Justicia Federal no me haya dicho en aquel momento porque me detenían, y es curioso que ahora me brinden esta oportunidad. Hoy hay un runrún que se asemeja al de aquellos años”, dijo en el final de su declaración, la que cerró leyendo una de sus poesías antes de un emotivo aplauso de buena parte de los presentes en el auditorio.

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