Agricultura: noviembre, el mes de la siembra de soja

Por Mariano Fava (*)

Llega una vez más el mes de noviembre y con él se da inicio a la ventana de siembra de soja. Se prevé una zafra con un lento avance en el área plantada como consecuencia de los problemas de pisos por excesos hídricos, tema al que nos hemos referido largamente en esta columna. En efecto, si bien la situación coyuntural de las inundaciones en el centro este de la provincia de La Pampa va camino hacia una lenta mejoría, cada vez que llueve, aunque sea un poco, se dificulta la tarea del productor rural.

Es por ello que debemos ser muy cuidadosos e ir trabajando las porciones de suelo que menos riesgo de pérdida de inversión representen. Debido a esto último es que se ha establecido menos girasol y maíz de primera de lo que se estimaba en un principio, y en cambio se destinará esa superficie a soja y/o maíz tardío. Esto se fundamenta en que al poder plantar más tarde y con una ventana de siembra más amplia estos cultivos, le permitirá al productor disminuir el rango de incertidumbre, pudiendo analizar si finalmente se estabiliza la situación hídrica de la primavera.

En lo que a mercado se refiere, si continúa “planchado” el mercado del maíz, es posible que la soja termine ganando la pulseada por el área, sobre todo en una provincia tan lejos de los puertos como la nuestra, donde el flete afecta mucho el resultado final del negocio. Así las cosas, el maíz puede llegar a quedar relegado a productores con fuerte componente ganadero en su empresa, a la necesidad de rotación agronómica, o a los sectores del campo que tienen alto riesgo de anegamiento en la cosecha, aún con lluvias normales. Este último aspecto es fundamental y debemos plantearnos en caso de que las lluvias vuelvan a complicar el estado de los caminos y los potreros cómo vamos a cuidar (pulverizar) y cosechar cada cultivo, escogiendo aquel que nos haga más sencilla esa tarea, y sea más tolerante a un suelo saturado. Sin duda esta fue otra variable bajista para el área plantada de girasol y alcista para la de maíz.

Ahora bien, entrado de lleno en el tema que nos ocupa en la columna de hoy, diremos que el nivel de producción de un cultivo es el resultado de la compleja interacción de la genética (genes del cultivo establecido) y el ambiente (lluvia, temperatura, tipo de suelo, radiación, manejo agronómico, etc.). Si bien el rinde se va determinando en una ventana de tiempo amplia, hay momentos, comúnmente conocidos como “período crítico”, que tienen una importancia relativa mayor en la definición de los componentes de rinde. Conocer esa ventana temporal permite focalizar los esfuerzos, de manera que ocurra cuando tenga la mayor probabilidad de encontrarse con un ambiente favorable. Los componentes del rinde en soja son:

1. Número de granos por hectárea.

2. Peso de los granos.

Para un rango amplio de condiciones agronómicas, de los dos factores mencionados, el número de granos por hectárea es el de mayor incidencia en la producción final del cultivo de soja. Si bien vale aclarar que existe cierta compensación entre ambos parámetros, es decir variedades con semilla más grande, tienen menor número de grano y viceversa. Es por ello que el productor, junto a su ingeniero de confianza, deberá procurar lograr el máximo de granos por metro cuadrado de soja, si quiere obtener altos rendimientos. Para lograrlo, debemos conocer cómo y cuándo se determina ese factor de rinde, de manera que a través de la elección de la variedad y la fecha de siembra se pueda hacer coincidir al mismo, en el momento con mayor probabilidad de encontrar un ambiente favorable.

La generación del número de granos por hectárea está gobernado por cuatro subcomponentes que son: el número de plantas por hectárea, el número de nudos por planta, cantidad de vainas por nudo y número de granos por vaina. El número de plantas logradas, determinada por la densidad y la eficiencia de siembra. En conjunto con la elección de la variedad (según localidad y la fecha de siembra), son las principales prácticas de manejo que afectan el número de nudos por planta. La cantidad de vainas por nudo es muy variable, dentro del canopeo (parte aérea de la planta), las mismas se distribuyen por gobierno de la genética, pero es altamente variable por las influencias del ambiente. Todo lo que favorezca una alta tasa de crecimiento del cultivo y de ritmo fotosintético conducirá a maximizar el número de vainas por nudo. El aborto de granos es mucho menor que el de vainas y, generalmente, no tiene una magnitud tal que deprima significativamente el rinde, salvo cuando ataques de insectos o enfermedades afecten directamente su supervivencia. De lo expuesto se deduce que, para maximizar la producción de la soja, debemos hacer que coincida la etapa conocida como R4-R6 (“etapa crítica”) con aquel momento climáticamente más propicio según la zona en cuestión.

Además de la fecha de siembra, otra decisión trascendental que debemos tomar para asegurar el éxito del cultivo es la variedad (marca y grupos de madurez). Obviamente que será resistente al glifosato, sin embargo, a la hora de seleccionar un cultivar, veremos que las opciones son muchas. La red nacional de evaluación de cultivares de soja es una información muy preciada, de fácil acceso, que todo técnico y productor de soja debería consultar.

Entre todos los grupos de madurez con los que hoy contamos (del 2 al 9) y a su vez, dentro de cada ciclo, la gran variedad de ofertas en cuanto a subgrupos (ejemplo: 4,2, 4,6, 4,8, etc.) y criaderos nos permiten afirmar que cada lote con posibilidad de producir soja tiene en el mercado un ciclo para él. Elegir uno u otro no tiene ningún costo adicional para el productor, por lo tanto escoger la genética a utilizar debe ser un párrafo muy importante en el proceso de toma de decisión.

Para finalizar, diremos que en nuestras latitudes, los ciclos más recomendados son los grupos 3 largos, 4 y 5 cortos indeterminados dependiendo del tipo de suelo y su vocación productiva. Cada variedad de soja está posicionada para un lote en especial, pero también para una estructura de cultivo en especial. Los grupos bajos, por ejemplo 3,1, precisan un menor espacio entre hilera (de 19 a 26 cm) respecto de los más altos como 3,7 o 4,8 (de 26 a 52 centímetros). En general, hay consenso respecto a que los ciclos 3 largos son los de mayor capacidad productiva, pero también los más exigentes en cuanto a calidad de suelo para expresar ese potencial. Los 4 largos o 5 cortos indeterminados son los más estables y los que mejor sortean los distintos tipos de estrés, como sequía o granizo (obviamente siempre y cuando los mismos no ocurran en su período crítico). 


(*) Mariano Fava - Ingeniero agrónomo - (MP: 607 CIALP) - Posgrado en Agronegocios y Alimentos @MARIANOFAVALP

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