Condena por robos y unificacion en ocho años

El juez de audiencia santarroseño, Daniel Alfredo Sáez Zamora, condenó a Walter Luis Alberto Hernández a ocho años de prisión, por ser autor de los delitos de robo calificado por el uso de arma y robo simple en concurso real, y le unificó la sanción con otra condena del Tribunal Oral Federal a cinco años, en una pena única de ocho años de prisión de cumplimiento efectivo.

En el juicio oral y público, el fiscal Facundo Bon Dergham había solicitado la misma pena dispuesta por el magistrado; mientras que la defensora oficial, Paula Arrigone, requirió en su alegato la absolución del imputado por aplicación del beneficio de la duda y, subsidiariamente, pidió que el primer delito sea considerado robo calificado en grado de tentativa, se le imponga la pena mínima de cuatro años y seis meses de prisión y se la unifique en una pena única de cinco años.

Hernández, en las audiencias, admitió el robo –aunque dijo que no sustrajo dinero–, no recordó el segundo hecho, dijo estar arrepentido y que solo quiere cumplir la condena y “volver a mi casa”.

El acusado es pintor, tiene 24 años (este martes cumple 25) y permanece detenido desde hace dos años y siete meses porque está cumpliendo una pena de cinco años de prisión por comercializar estupefacientes.

Sáez Zamora dio por probado los hechos tal cual los reflejara la fiscalía. Así se acreditó que el 17 de enero de 2015, a la noche, Hernández ingresó a un local comercial del barrio Fonavi 42 y, apuntándole “con un arma de fuego en la cabeza” le dijo a la joven que lo atendió: “Esto es un asalto, dame toda la plata”. Luego sustrajo la caja registradora y una suma de dinero de 8.000 pesos, mientras le manifestaba que “a esta cara nunca la viste porque te voy a matar”.

Al retirarse del lugar, su propietaria –madre de la joven– “forcejeó con el acusado logrando quitarle la caja registradora, aunque Hernández se apoderó de la billetera de ella que contenía 1.800 pesos; retirándose en una moto roja sin dominio visible y efectuando al menos dos disparos antes de darse a la fuga”. La mujer declaró que le disparó directamente a ella; Hernández lo negó.

A su vez, también quedó demostrado que a los pocos días, el 23 de enero a la noche, el imputado –junto a otra persona que no fue identificada– interceptó a un menor de edad que iba en bicicleta, en Raúl B. Díaz y Esmeralda, para robarle un celular tras darle un golpe de puño.

Para fijar la pena, Sáez Zamora consideró como atenuantes la juventud del acusado, “lo que me permite abrigar la esperanza de que una sanción penal le permita la internalización de lo vivido y lograr de ese modo ser una persona útil para la sociedad”; agregando que “esto lo puedo presumir por las propias manifestaciones vertidas por él durante la audiencia de juicio oral”. Además valoró favorablemente que Hernández está cursando el séptimo grado en la cárcel y su colaboración en el proceso, al reconocer la autoría del robo, y el arrepentimiento mostrado.

Como circunstancias agravantes tuvo en cuenta que “realizó disparos de armas de fuego en un barrio de Santa Rosa, en horas en donde niños y adultos se encontraban en la calle, con el alto riesgo de dañar a los vecinos y clientes de la despensa”.

Además evaluó los dichos de la dueña del negocio acerca de las “secuelas psíquicas sufridas por su hija luego del hecho, al sostener que ya no quiere trabajar en la despensa, que intentó emprender estudios universitarios y los abandonó y que se recluye en la casa con pocas ganas de salir a la calle (…) Esos dichos también reflejan la angustia que ella sufre por la situación de su hija, por lo que lo debo contar como la extensión del daño”.

Con respecto al robo simple, el juez indicó que “si bien a la víctima no la observé con secuelas que puedan considerarse graves, lo cierto es que se halló incómodo con el hecho, al manifestar que no quería estar en la audiencia de juicio”.