“Todos los géneros tienen un cimiento folclórico”

Con un repertorio que excede las fronteras del folclore y lleva la música de raíz a los extremos de la intensidad y el desgarro, Luciana Jury se presentará este domingo, a las 21 horas, junto a la guitarrista pampeana “Pampi” Torre.

El músico santarroseño Juan Ignacio De Pian será el músico invitado que abrirá el show.

Nacida y radicada en la provincia de Buenos Aires, “una especie de resultado argentino neto” en el que conviven “provincianos e hijos de provincianos” y se tiene una “cercanía con la ciudad” - y por eso mismo con las nuevas músicas y también con el tango- Luciana Jury creció en un universo en el que la cumbia, el rock, el folclore o el tango convivieron sin contradicciones, enebrados por la creencia de que “todos los géneros tienen un cimiento folclórico” porque “nacen de la necesidad de los pueblos por desplegar sentimientos colectivos”.

Sobrina del célebre cineasta y cantautor Leonardo Favio e hija de Zuhair “Negro” Jury (guionista, músico y pintor) y Marta Mantello, lectora empedernida, amante de la palabra y cantante natural, Luciana continúa el linaje artístico anclado en la expresión de raíz latinoamericana, con una voz propia y potente que reinventa tema a tema, disco a disco.

“Creo que mi forma de abordar la música tiene que ver con los recuerdos y con lo aprendido, ¿no? De todo eso hago una especie de fuerza centrífuga en el presente que devuelve esas melodías, convertidas a otras formas musicales que son propias, mías”, reflexionó Jury, que cuenta con tres discos solistas: “Canciones Brotadas de mi Raíz” (2011), “En Desmesura” (2013) y “La Madrugada” (2015); uno a dúo con el guitarrista Carlos Moscardini (“Maldita Huella”, 2008) y otro con el cantautor argentino Gabo Ferro (“El Veneno de los Milagros”, 2014).

Con este último participó en la película “Zonda” del reconocido director español Carlos Saura y fue nominada a los Premios Carlos Gardel como “Mejor álbum del año” y como “Mejor álbum canción testimonial y de autor”.

En el 2015 fu premiada por la Fundación KONEX con el Diploma al Mérito como una de las 10 Voces Femeninas de la Década y este año recibió la Mención Especial del Festival Nacional de Folclore de Cosquín.

Kresta - Te suelen presentar como una artista que “creció en un universo donde conviven el tango, la cumbia, el rock, el folclore”. ¿Cómo fue crecer en esa multiplicidad? y ¿cómo conviven esos géneros actualmente?
Luciana Jury - Crecí en un ambiente familiar en el que la música folclórica argentina y latinoamericana estaban a la orden del día. Mi cimiento es más bien folclórico. Pero creo que el rock, la cumbia, todos los géneros tienen un cimiento folclórico porque nacen de la necesidad de los pueblos por desplegar sentimientos colectivos ¿no? De alegría y de penas. Actualmente, conviven simultáneamente, en tanto internet, la radio son elementos a los que una, aunque no quiera, accede de todas formas.
Y conviven perfectamente; en este momento estoy muy en la búsqueda de otras músicas y otras poesías para poder sentirme cada más identificada con mi presente.

Claro que eso es difícil y tampoco me resisto a lo otro; me gusta salirme de esta multiplicidad de géneros, en tanto vivo en el conurbano [bonaerense], que es una especie de resultado argentino neto, en el que convivimos provincianos e hijos de provincianos que también tenemos una cercanía con la ciudad y por eso mismo con las nuevas músicas y también con el tango. Yo sigo viviendo en el conurbano y de alguna forma sigo siendo...no sé si una fiel exponente pero si una espécimen musical bonaerense.

K. - Decidir una profesión puede estar influenciado por gustos paternos o maternos e incluso familiares (tíos/as, abuelos/as, etc). En tu caso podría haber sido también el cine, la escritura, la poesía...¿Qué te llevó a expresarte a través de la música?
L.J. - Yo estoy conectada con la escritura de alguna forma, aunque no escriba para afuera, por decirlo de algún modo, para un público. Estoy conectada con las palabras, con el mundo poético. No con el cine, porque me parece que es una profesión muy difícil de llevar a cabo, de sostenerla -por los costos -. No sé; siempre me gustó la música. De hecho mis padres son muy musicales...entonces no sé. Supongo que será por eso, porque naturalmente tengo más predisposición a la música. Además, me parece que como disciplina artística es más fácil en el sentido de que una puede estudiar alguna técnica, algún instrumento o simplemente ejercer el canto y la búsqueda de distintas canciones. Está todo al alcance de una. Igualmente no lo elegí por una cuestión practica sino porque tiendo a irme hacia esas disciplinas.

K. -Previo al folklore, te codeaste con el rock ¿qué te dejó esa etapa?
L.J.- Yo siento que en mi canto no dejo de lado ninguna de las disciplinas que he abordado. Entonces entiendo que en mi sonoridad también confluye el rock, el blues, el tango, la cumbia, la música folclórica. No obstante, lo que me dejó fue una enseñanza de libertad; me autorizó a soltar un grito de libertad. Creo que es el gran legado de esas músicas. Una necesidad de descargar el alma a través de un sonido más estridente quizás.

K. - “Cada disco representa una etapa del artista”, ¿en qué etapa te encontró cada disco ­diversos de por sí-?
L.J.- El primer disco me llevó muchos años; estuve haciéndolo durante tres años, con una selección de canciones muy minuciosa, en la que muestro mi ADN musical.

En el segundo sucede lo mismo pero con una connotación ya un poco más profunda y con una búsqueda de músicas anónimas. En este segundo material también aparece una ruptura, una propuesta estética, fundamentalmente en el primer tema del disco, en el que hago un tema de rock emblemático, como es ’Post Crucifixión’, en una versión más folclórica.



En ella realizo un desligue estético total del rock, haciendo prevalecer más la poesía, que me parece que es muy cruda, desgarradora y que muestra un estado de ánimo de agonía, de últimas pulsiones de vida antes de la muerte. El otro tema en el que rompo con mi ADN musical es una canción que lleva letra de mi padre, ’En desmesura’, y que lleva una música que se sale del canon folclórico. Allí ya hay una inquietud, o mejor dicho una libertad más que una inquietud. Una libertad que me llevo a poder poner en un disco un triste o un estilo, o una tonada cuyana y también una canción libre, ¿no?

Creo que mi primer disco es un muestrario de mi ADN musical y el segundo es un desgarro doloroso de situación de muerte, porque alrededor mío y en lo familiar había sentido unas pérdidas muy importantes. Y además, es como las muertes de los padres artísticos, de los padres políticos. En este caso fue la muerte de esos hombres que me marcaron fuertemente, como fue Hugo Chávez, que fue por esa época y que marcó el transitar por un sendero de oscuridad, en el que la idea de la patria grande comenzó a desdibujarse. Ese es el profundo sentir de ese segundo disco.



Y el tercer disco, ’La madrugada’, es un ramito de canciones que me acompañaron en un año de desvelo en el que yo no podía dormir. Como llegada la noche no podía descansar, usé ese espacio para mi soledad y para mi encuentro con la música nuevamente. En este disco continúo realizando rupturas; aparecen canciones que a mí me influenciaron mucho en mi vida de niña y adolescente como es una canción de Rafaella Carrá, que hace también de puente emocional entre mi hija y yo, en relación a mi infancia con la de ella. También hay una canción que yo había escuchado en voz de Lía Crucet allá en los 90’, cuando era mi época de adolescente y la bailaba en forma de cumbia; y a la cual volví más densa y más seria, en una versión amilongada.

Creo que mi forma de abordar la música tiene que ver con los recuerdos y con lo aprendido, ¿no? De todo eso hago una especie de fuerza centrífuga en el presente que devuelve esas melodías, convertidas a otras formas musicales que son propias, mías. Todo de un modo muy inconsciente. No pienso mucho las canciones, ni lo que voy a cantar. Como que aparecen y salen. Casi te diría que como arte de magia.

K.- Uno de los datos de tu biografía que suelen destacarse es que sos sobrina de Leonardo Favio e hija de Zuhair “Negro” Jury. Pero también hablás de tu mamá como una gran cantora. ¿Cómo es eso?
L.J.- Sí, claro. Mi madre también ha sido una gran dadora de información musical y también una transmisora de emociones a través de los sonidos de su propia voz. Ella también suele agarrar la guitarra y cantar. Ella fue la que me transmitió músicas como las de Violeta Parra, Raúl Carnota, Mercedes Sosa y músicas que por ahí no tienen mucho que ver con lo folclórico pero que también me llegaron a través de su manera de cantar, de su manera de decir. Yo siento que ella podría haber sido una gran cantante, aunque ella no quiso serlo. No sé si quizás estoy cumpliendo un sueño que no soñó pero que podría haber sido y que es esto de andar caminando por el mundo con la música.

K.- En esta oportunidad te vas a estar presentando en dúo junto con “Pampi” Torre. ¿Cómo es la relación con ella? Y ¿cómo te sentís con las presentaciones en dúo?
L.J.- Pampi Torre es una gran guitarrista pampeana, de la que soy amiga desde hace más de diez años. Cada tanto nos cruzamos o la invito a participar en algunas de mis presentaciones porque la quiero mucho y porque tenemos una gran conexión musical. Cruzarme con ella representa un placer absoluto, porque cuando los dúos son buenos una siente que la una y la otra, y la otra con una, se vuelven una misma cosa: somos dos que se unen.

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