“Intentamos brindar un mensaje, un decir con compromiso social”

Este sábado, la “Escuela de Tambores” festejó su tercer aniversario con “La Danzadera”, un festival que combinará música, danza y artes visuales.

Surgida a fines de 2014, a partir de ensayos en el predio del ferrocarril de Santa Rosa y de la necesidad de formar un grupo de trabajo que siembre “la semilla de la cultura rítmica y los ensambles de percusión”, la “Escuela de Tambores”, que dirige Pablo Ardovino, se conformó como un “colectivo musical con compromiso social” con activa participación en los reclamos de los movimientos populares santarroseños.

Recuperando un lenguaje ancestral de señas -desarrollado también por la “Bomba del Tiempo”, Santiago Vázquez, Buch Morris, entre otros- la “Escuela...” establece códigos musicales en tiempo real, generando ritmos musicales.

“Nos definimos como una Escuela de Percusión que además de aprender lo disciplinario intenta, con lo aprendido, brindar un mensaje, un decir con compromiso, una mirada un poco más artística”, reflexiona Pablo Ardovino en una entrevista con Kresta.

Este sábado, a las 21 horas, en La Usina, festejarán su tercer aniversario con “La Danzadera”, un festival en el que presentará un repertorio de ritmos latinoamericanos junto a Club Mesmer, el bailarín de tap Manuel Heredia, la cantante Laura Quintero, el Cuerpo Artístico de Danza Contemporánea dirigido por Magalí Gigena y la bailarina Gaby Ayala, como artistas invitados/as. Como se realizará en el mes del Día del Respeto a la Diversidad Cultural, la propuesta girará en torno al concepto de descolonización

K. - ¿Cómo surgió la Escuela de Tambores?
Pablo Ardovino - La Escuela de Tambores surgió básicamente de la necesidad de formar un grupo para seguir trabajando en la percusión en mi vuelta a La Pampa. Específicamente nació en octubre de 2014, en la estación del tren, con el objetivo de sembrar la semilla de la cultura rítmica y los ensambles de percusión. Desde 2014 hasta acá han pasado alrededor de 50 personas que han podido vivenciar el trabajo grupal, la caminata conjunta y el decir colectivo en las intervenciones que hemos hecho. Y ahora, la Escuela está conformada por un grupo de 25 integrantes, entre los que hay hombres y mujeres de 20 a 65 años, que han podido consolidar el método y aprender variados ritmos y claves.

K.- Tienen un método de comunicación bastante particular, ¿cómo es?
P.A. - Esta escuela funciona bajo una dirección, que con un sistema de lenguaje de señas con las manos, desarrollado por “La Bomba de Tiempo”, Santiago Vázquez o Buch Morris, nos permite establecer los códigos musicales en tiempo real, generando ritmos a partir de estas señas. Para entender este lenguaje tiene que haber conocimientos de lectura musical y por eso hemos diseñado una pizarra con imanes para explicar esta lectura de una forma alternativa.

K. - Hace poco presentaron por primera vez en la “Black Cream Fest Vol. I” un nuevo proyecto: “El Cajoneto”...
P.A. - La escuela tiene dos orquestaciones: una compuesta por tambores de metal, similares a las de las “Escola do Samba” en Brasil y otra formación, muy reciente, llamada “El Cajoneto”. Esta última está conformada por cajones, congas, bongoes, shakers, etc.; y propone un sonido más acústico.

K. - Se definen como un colectivo musical con compromiso social: ¿Cómo construyen lo colectivo? Y ¿cómo debaten y deciden los espacios en los que intervienen (manifestaciones, fechas reivindicativas, etc.)?
P.A. - Para las intervenciones con compromiso social, se abren los temas para charlar y debatir, se hacen resúmenes de lo hablado y luego se intenta, desde la dirección, contextualizar con música y con un criterio estético.
En cuanto al funcionamiento, se proponen diferentes roles. Los instrumentos trabajan como un engranaje; se va desde toques más fáciles hasta más complejos, de acuerdo al instrumento que se elija. No obstante, están pensados para que funcionen como una sola cosa. Por eso cada uno/a tiene la misma responsabilidad e importancia.
¿Cómo nos definimos? Como una Escuela de Percusión que además de aprender lo disciplinario intenta, con lo aprendido, brindar un mensaje, un decir con compromiso, una mirada un poco más artística.

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