Un padre fue condenado a 15 años de prisión por abusar de dos hijas

La resolución la tomó la jueza Flavia Ongaro (foto), que determinó que las víctimas sufrieron “un grave daño” en su salud mental. Fue absuelto de una tercera acusación.

La jueza de audiencia Alejandra Flavia Ongaro condenó este lunes a un hombre de 51 años a la pena de 15 años de prisión, como autor material y penalmente responsable del delito de abuso sexual mediando violencia y amenazas, con acceso carnal, agravado por ser padre de las víctimas y aprovechando la convivencia preexistente con las mismas.

Las víctimas fueron dos de sus hijas biológicas, una de las cuales sufrió “un grave daño en su salud mental” y otra quedó embarazada producto de los abusos. A su vez, la magistrada lo absolvió, por aplicación del beneficio del “in dubio pro reo” –en caso de duda se favorece al reo–, de una acusación similar contra una tercera hija y le extendió la prisión preventiva hasta que el fallo quede firme.

Con las pruebas recolectadas durante el juicio oral, realizado en General Acha, la jueza Ongaro dio por acreditado que el imputado –un analfabeto que trabaja de changas y tareas de albañilería y que es padre de siete hijos, uno fallecido– abusó sexualmente con acceso carnal de sus dos hijas “bajo amenaza, utilizando un cuchillo y violencia física, durante al menos cinco años”.

Los ataques se consumaron en su gran mayoría en el interior de las distintas viviendas en las que el acusado y su familia estuvieron viviendo.

Durante los alegatos, el fiscal achense Juan Bautista Méndez había solicitado que se le aplique una pena de 25 años de prisión por el abuso contra las tres hijas, y el defensor oficial Marcos Mezzazalma había requerido la absolución y subsidiariamente una pena que no se alejase del mínimo previsto en el Código Penal.

Fundamentos

Ongaro, en los considerandos del fallo, le dio absoluta validez a los relatos de las víctimas e indicó que ellos “fueron sostenidos por personas a quienes estas mujeres recurrieron para tomar la decisión de develar la agresión que venían padeciendo”.

“Muy lejos de consentir cada uno de esos ataques que recibieron de su progenitor, en cambio lo que se ha probado es que se vieron obligadas primero a resistir -de allí los golpes, las agresiones físicas- y luego a admitir y naturalizar estos ataques, temiendo castigos aún mayores, sobre todo en el caso de una de ellas, a quien su padre amenazaba con que ‘perdería’ a sus dos hijos pequeños”, acotó Ongaro.

Con respecto a la acusación contra una tercera hija, la jueza absolvió al imputado ya que los documentos y testimonios reunidos “no han producido la certeza necesaria para poder inferir, conforme la acusación fiscal, que los abusos sexuales deban ser atribuidos a la responsabilidad penal de su padre”.

Ongaro tuvo en cuenta como agravante “el aprovechamiento del imputado de la enfermedad que padecía la madre de sus hijas, lo que le permitió actuar bajo seguro, sin riesgo alguno, contando a su favor con el silencio -tal vez inconsciente- de su mujer”.

Además, valoró el daño causado a las víctimas, a tal punto que una de ellas “no puede recuperarse a pesar de todo el acompañamiento que tiene”. “No puede caminar sola por la calle, tiene terror a sus hermanos varones –quienes serían mandados por su padre– y posee un gravísimo e irreversible daño en su salud psicológica”, detalló la magistrada.

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