Le dieron la pena mínima al policía que mató al cazador

El policía Fernando Safenreider fue condenado a 12 años de cárcel, la pena mínima de la escala del homicidio agravado, que va de 12 a 25 años, por el caso de gatillo fácil en Lonquimay. Los familiares de la víctima, Santiago Garialdi, apelarán el fallo.

Después del mediodía, se leyó en la Ciudad Judicial la sentencia en el juicio que se le sigue al policía Fernando Safenreider. Fue condenado a 12 años de prisión por el homicidio del cazador Santiago Garialdi, ocurrido el domingo 24 de julio del año pasado, en un camino vecinal entre Lonquimay y La Gloria. El Tribunal de Audiencia, integrado por los jueces Daniel Sáez Zamora, Alejandra Ongaro y Carlos Chapalcaz, leyeron la parte resolutiva del veredicto. Los familiares de la víctima, a la salida de la lectura, anticiparon que no quedaron conformes y apelarán para intentar una condena mayor.

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"Doce años no es nada. Lo condenaron a eso porque es un milico, nada más. Yo sí voy a tener una perpetua, mientras viva le tendré que llevar una flor a mi hijo al cementerio. Lo único que le deseo a Safenreider es que mientras duerma vea la cara de mi hijo. Son todos unos desgraciados", dijo Rosa, la mamá de Garialdi, luego del fallo.

La fiscala Cecilia Martiní y los abogados querellantes Eduardo García y Omar Gebruers habían pedido una pena de prisión perpetua para el policía. Además, habían solicitado el procesamiento del policía Norberto García por falso testimonio, ya que declaró que existió un enfrentamiento, lo que fue negado por la víctima que resultó herida y por los otros cazadores. El abogado defensor, José Mario Aguerrido, había pedido la absolución del policía.

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Con las pruebas reunidas durante el juicio oral y público, el tribunal concluyó que ocurrió lo siguiente: “El 24 de Julio de 2016, con posterioridad a las 20.30, en la intersección de dos caminos, uno denominado del Cementerio y el otro La Armonía, que es perpendicular a la ruta nacional 5, a la altura de los kilómetros 554/555, el móvil policial de la comisaría de Lonquimay, conducido por el cabo Fernando Martín Safenreider, y en el que viajaba como acompañante Norberto Daniel García, empleado policial, se estacionó sobre allí, previo a haber recibido una comunicación de Marcos Sebastián Ochoa, funcionario policial de La Gloria, acerca de la presencia de cazadores en esa zona”.

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 “Ambos empleados policiales –continúa el fallo– descendieron del vehículo dejando las puertas abiertas. Mientras Safenreider se ubicó delante del móvil, García lo hizo al lado de la puerta del conductor. Momentos después pasó por esa intersección una camioneta Ford 100, color gris, que circulaba por el referido camino vecinal, en dirección norte a sur. Este rodado se encontraba visiblemente preparado y así funcionaba, en ese momento, para realizar tareas de caza”.

Los jueces dieron por probado que en él “viajaban cuatro personas. Enrique Andrés Casabonne (conductor), Juan José Castilla acompañante) y los dos últimos –en la torreta de caza que se hallaba en la caja de carga de la camioneta–, Mario Luján Arroyo ( portaba una carabina calibre 22) y Héctor Santiago Garialdi ( iluminador). La camioneta pasó por la intersección, y realizó una maniobra de esquive, por cuanto en el inicio de la encrucijada, había una cadena de acero, con pedazos de hierros soldados, denominados ‘miguelitos’. En esa maniobra, la cadena fue arrastrada, impactó contra la rueda delantera derecha, la pinchó y la despidió. Al mismo tiempo, y dado el corto lapso en que se desarrolló todo el suceso (entre siete y diez segundos), desde la camioneta, específicamente desde la torreta, Garialdi iba mirando e iluminando en dirección hacia el móvil policial, apuntándolo con el reflector”.

“Como respuesta –prosiguió el tribunal–, Safenreider, cuando ya la camioneta había sobrepasado al personal policial y no representaba ningún peligro, con el arma de fuego que le fuera asignada en su carácter de funcionario público policial, realizó ocho disparos, en dos secuencias, desde dos sectores de boca de fuego distintos. El primero ubicado en la arteria que se dirige a la localidad de Lonquimay, desde donde realizó seis disparos, y la segunda secuencia de dos disparos se ejecutó sobre el camino vecinal con dirección a la ruta 5. Los dos primeros impactaron en la persona de Garialdi –uno a la altura de la cabeza y el otro rozó su antrebrazo derecho–, provocándole el primero heridas de tal gravedad que se constituyeron en la causa de su deceso. El tercer disparo, efectuado en la misma secuencia, impactó sobre la puerta izquierda de la camioneta Ford, atravesándola e ingresando en el glúteo izquierdo del conductor (Casabonne), quien a raíz de ello, resultó víctima de lesiones”.

En la fundamentación del fallo, los jueces consideraron probado, a partir de las pericias y testimonios, que los cazadores no realizaron disparos contra los policías e hicieron una maniobra de esquive porque habían tirado miguelitos en el camino. La velocidad en la que la camioneta pasó delante de los policías fue de 40 kilómetros por hora.

"La camioneta había sobrepasado al personal policial cuando se efectúan los disparos", concluyeron. "Se trató de una sucesión de tiros rápida, lo que se denomina dobletap, que es efectuar dos disparos simultáneos casi inmediatos, para asegurar el objetivo", subrayaron.

Los ocho tiros que disparó Safenreider se hicieron en un lapso de apenas diez segundos.

"No pudo ni hubo error alguno, en cada uno de los ochos disparos que realizó hacia el vehículo al que esa autoridad pretendía detener en la encrucijada donde ocurriera el hecho", remarcaron.

Por otra parte, descartaron la justificación del temor que sintió, expresada en indagatoria por el policía. "En efecto, los relevamientos realizados desde los trabajos técnicos y científicos develan que los riesgos a ser atacado por parte de la camioneta de los cazadores, ya no existían al momento de los disparos Es más, los dos últimos disparos efectuados por Safenreider cambiando la posición originaria y a una distancia de 50 a 60 metros de la camioneta, revela esa expresión dada por los técnicos “ para asegurar el objetivo” , es decir, para asegurar el resultado muerte y con ello queda claramente completado el aspecto subjetivo de la figura típica seleccionada", redondearon.

Los jueces eligieron la pena mínima, en la escala de 12 a 25 años de prisión que tiene el delito, según fue tipificado.

"En este análisis parto de la premisa básica que corresponde adecuar el monto de la sanción a las características personales del imputado, para que opere la prevención especial y se proyecte un mejor pronóstico de readaptación especial", señaló el fallo.

"Se trata de una persona joven, de 25 años de edad, que carece de antecedentes criminales, según así lo informa el Registro Nacional de Reincidencia. Ambas circunstancias tienen incidencia sobre los atenuantes en este proceso de imponer la pena, por cuanto permiten descartar que conductas de esta naturaleza o similares, sean la forma habitual de enfrentar y resolver las contingencias de vida", fundamentaron.

 

Interpelación

Por el caso de gatillo fácil, el ministro de Seguridad, Juan Carlos Tierno, fue interpelado en la Legislatura provincial, pero, a pesar de los pedidos de renuncia de la oposición política, el gobernador Carlos Verna lo respaldó y lo mantuvo en su cargo.

 

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