La rana, el escorpión y un aire político tóxico

En la columna editorial de cada lunes, La Arena Vernácula, un repaso a algunos de los temas que quedaron de la semana que se fue: la detención del ex DT de inferiores denunciado por abuso sexual, la intervención del PJ y la detención del exgobernador de Jujuy.

Una de cal...

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La detención de Héctor “Patilla” Kruber, después de largos meses de investigación de una denuncia puntual -y tras décadas sobre comentarios y sospechas que no se tradujeron de modo institucional-, permitió que la familia que se atrevió a seguir el incómodo camino de la formalización de una acusación encontrara, al menos, algo de alivio.

Acusado de abuso sexual y corrupción de menores, el DT de infantiles e inferiores encontró poder a lo largo de su trayectoria en su presunto “éxito” deportivo, generalmente traducido en resultados y en su capacidad de llevarse pibes de un club a otro según el derrotero de su trayectoria.

El avance de la investigación permitirá esclarecer cuál es su culpabilidad concreta y qué grado de responsabilidad tiene, además de abrir la puerta a que aparezcan otras denuncias de quienes durante todo este tiempo no se animaron a ser revictimizados por un sistema llamado Poder Judicial que, en general, garantiza más burocracia que justicia.

Pero el caso tiene otro costado que va más allá de las togas y el banquillo: la dirigencia de los clubes por donde pasó “Patilla” no estuvo siempre a la altura de las circunstancias para atender comentarios y sugerencias de algunos padres y chicos que dieron pistas e indicios sobre su comportamiento convertido en costumbre.

En algunas instituciones, ciertos dirigentes vieron un poco más allá de lo que ordenaba entonces el sentido común reinante y al menos se desprendieron de un DT que no solo era noticia por esos asuntos morbosos y aberrantes, sino también por su discurso y práctica vinculada al deporte, donde lejos del divertimento o la recreación, hacía hincapié en el resultadismo extremo, a tono con el “vale todo” que se impone en tantas instancias futboleras.

En otros casos, en cambio, las advertencias familiares chocaron con dirigentes no tan dispuestos a marcar la diferencia, y más cómodos en su lugar de “no hacer olas” ni de moverse demasiado para modificar la realidad.

En ese sentido, el papel del Club Mac Allister deja especialmente mucho que desear, no solo porque Carlos Patricio Mac Allister se haya ocupado personalmente de meter presión para que el caso no se judicializara ni mediatizara.

Antes que eso, los Mac Allister -Carlos Javier Mac Allister “El Colo” no puede hacerse el distraído- permitieron que “Patilla” ejerciera su poder, ellos mismos lo empoderaron pese a que ya lo habían apartado de la institución justamente a raíz de acusaciones del mismo tenor.

Aun después de ese proceso, y posiblemente en afán de seguir atrayendo jóvenes que garanticen el negocio de las transferencias, los Mac Allister fueron a buscar a Kruber otra vez, hasta que ocurrió lo que -como en la fábula de la rana y el escorpión- estaba cantado que ocurriría.

...y una de arena

barrionuevo

Los aires cargados de tóxico que se huelen en Brasil repentinamente contagiaron a la Argentina, o más bien se retroalimentan: algunas de las condiciones elementales de un sistema democrático quedan en riesgo cuando los procederes del Poder Judicial parecen en realidad maniobras diseñadas por quienes ostentan el poder económico y propician una suerte de pacto con potencias imperiales.

La detención del expresidente Lula Da Silva no encuentra razones en los expedientes que se abrieron en su contra, sino más bien en su potencial electoral: ostenta un innegable liderazgo y es el preferido del pueblo brasilero para las elecciones de este año, lo cual impediría la perpetuación de los representantes del proyecto neoliberal, que a su vez llegaron al poder político dando un zarpazo en forma de golpe institucional.

No de ese modo, sino por el voto popular, arribó a la presidencia de Argentina Mauricio Macri. Hasta ese momento era un empresario dedicado a negocios de distinto tipo, con clara pertenencia a la llamada “patria contratista”, acostumbrado a desviar sus dineros hacia cuentas en el exterior cuya razón de ser es la evasión impositiva.

Macri aparecía entonces como procesado por causas diversas, en expedientes que no mágicamente pasaron al archivo ni bien asumió el cargo.

En campaña electoral, cuando es hora de promesas, la dirigencia de Cambiemos gastó las palabras “republicanismo” e “institucionalidad”, renegando de algunas medidas del gobierno anterior que no parecían ni las más transparentes, ni las más consultadas con otros espacios, ni las más deseadas por la opinión pública.

Pero, sin embargo, es el gobierno actual el que, tarde o temprano -cuando el paso del tiempo permita una revisión más seria y pueda saltarse el cepo de complicidad mediática que todo lo ensucia- pasará a la historia como el que llevó el sistema democrático al límite de la vigencia del estado de derecho, con la aplicación de injustificadas detenciones y persecuciones, curiosamente siempre en contra de referentes de la oposición política.

Aunque no se perciban reacciones populares de masiva indignación, es cada día más grave el avasallamiento en que incurren figuras del Poder Judicial con el aval del poder político y la venia de los medios hegemónicos y las grandes corporaciones.

Como ha hecho el oficialismo frente a otros temas, donde juega a la “prueba y error” para saber hasta qué punto los sectores involucrados se bancan la pérdida de derechos, en este caso todo comenzó con la injustificable detención de una dirigente social como Milagro Sala, que se convirtió en una suerte de ensayo para ir corriendo esa frontera entre lo legítimo y lo ilegítimo.

Durante la última semana llegó la detención del exgobernador de Jujuy Eduardo Fellner, sin que hubieran aparecido nuevos datos en el expediente en que quedó involucrado.

Ese trámite, además, coincidió en el tiempo con la inconcebible intervención del Partido Justicialista a nivel nacional, un abuso en contra de uno de los partidos más tradicionales, que se vuelve una provocación a la actividad política en su conjunto, además con la frutilla del postre que significa haber designado interventor -entre gallos y medianoche, con un pacto entre amigos- nada menos que a Luis Barrionuevo, sindicalista de la vieja escuela que trascendió a la fama cuando confesó que el país podía arreglarse si “dejamos de robar por dos años”.

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