Silvestre reveló que Charlín avisaba al poder político sobre las causas judiciales

El primer testimonio en el juicio al exjuez fue el de Iara Silvestre, secretaria del juzgado, que fue acosada por el imputado. “Me miró los pechos y me dijo: ¿todo eso es tuyo?”, relató.

Iara Silvestre, secretaria penal del Juzgado Federal de Santa Rosa, declaró que el exjuez José Antonio Charlín avisaba al poder político de allanamientos y causas judiciales que pudieran comprometerlos.

Fue el primer testimonio durante el juicio que se le sigue al exmagistrado por los hechos ocurridos durante su paso por la capital pampeana.

Silvestre es una de las denunciantes. En el expediente figura como víctima de situaciones a acoso por parte del magistrado.

Entre las primeras situaciones que sufrió, contó una a partir de que el juez tenía “una forma de ser que parece que habla en chiste pero es chocante”. “Me pidió que me quede un día en el juzgado y le dije que le iba a avisar a mi marido. Me dijo ‘dale mentile, tantas veces le habrás mentido’. Eso me chocó”, relató.

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Relató que Charlín nunca llegaba antes de las 11 de la mañana. “Un día me mira los pechos y me pregunta ‘¿todo eso es tuyo? Otra vez me pidió que llame a la doctora Rosaura Barrios, secretaria electoral, también de forma muy chocante. Le dijo que había traído un libro y que había marcado una página. ’No te vendría mal leer un poquito’, le sugirió”.

La funcionaria judicial contó que Charlín llegó en junio y se fue en agosto, pero ese tipo de situaciones “eran cosas que se vivían todos los días. Se empezó a escuchar cosas que pasaban con otros compañeros, cada uno lo vivia de distintas formas”.

“Se interesaba por la ropa que una llevaba puesta. Cuando te hablaba se te acercaba mucho, uno siempre estaba retrocediendo y él siempre avanzando. Entró una mañana y me decía: ‘que lindo lo que tenés puesto’. Se me acerca, me mete la mano y me pregunta de qué tela es; le saqué la mano y le cambié de tema”, siguió.

Explicó que empezó a pedirle a los compañeros que no la dejen sola, que dejen las puertas abiertas y que si veían que el juez la cerraba que la abran con cualquier excusa. Dijo que él siempre hacía alarde de supuestos contactos, judiciales y politicos, y en función de eso decía que iba a ser convocado en juicios de lesa humanidad en distintas provincias. “El despreciaba el cargo, decía que estaba para más.

Me decía que había hablado con un juez del tribunal de General Roca y que íbamos a ir a trabajar allá, yo le decía que no podía, pero en realidad no quería”, confió.

“Sentía que si lo enfrentaba me tenia que ir de mi trabajo”, confesó angustiada.

“Llegaba a mi casa llorando, ya no tenia más ganas de de trabajar. Me sentía mal porque siempre fui muy apasionada en mi laburo y ya no tenía ganas de trabajar. Le pedí a un compañero que me acompañara cada vez que el me llamara al despacho”, siguió contando.

Charlín, a esa altura del testimonio, la miró y sonrió.

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Caos

Silvestre describió que en el Juzgado se acumulaba el trabajo. Charlín no firmaba nada, se citaban testigos a indagatoria y pasaban cuatro horas y no bajaba. “Cada vez empezó a venir más tarde. Se había transformado en un caos el juzgado‘, dijo.

Además, recordó que en la causa de trata de personas en el cabaret de Lonquimay, había un pedido del fiscal para citar a indagatoria al intendente Luis Rogers.

Como ella es oriunda de Lonquimay, le preguntó si conocía a Rogers. “Le dije que lo conozco como a cualquiera en el pueblo. Me preguntó por la orientación política y me dijo que lo iba a citar porque no le quedaba otra, pero que iba a avisar a la vicegobernadora Norma Durango y que íbamos a ver qué hacíamos”, recordó.

“Preparó las indagatorias para noviembre. Unos días después, me dicem que estaba en reunión con una persona, que quería que yo esté y cuando subo estaba el comisario Alanís. Ya me empezó a parecer raro. Cuando entramos a la reunión, el doctor (Charlín) abiertamente le sugirió que no declarara, que había llamado al jefe de Policía para que viniera, que no se juntara con el intendente porque así se le hacia más fácil a él desvincularlos. Hasta Alanis estaba nervioso”, reveló.

Hubo otro caso que describió como insólito. Dijo que hubo un pedido de allanamiento de la Policía Federal por una violación a la ley de marcas, en un comercio de Toay propiedad de personas de nacionalidad boliviana de apellido Marín. Cuando Charlín escuchó el apellido Marín, se alertó. “Como me dí cuenta, le expliqué que no tenía nada que ver con el exgobernador. Él me insistía que había que tener mucho cuidado. ‘Cuidado porque es Marín’, repetía. Damos la orden de allanamiento pero me advirtió: ’ojo con este expediente, no lo pierdas de vista’. Me dice que lo iba a firmar pero que había llamado al intendente Ariel Rojas para advertirle que le iba a mandar un allanamiento a Marín”, detalló.

“Si era cierto que él avisaba de los allanamientos, me empecé a preocupar porque iba a quedar yo vinculada a eso”, señaló.

Discusiones

Advirtió que entre ellos jamás hubo discusiones ni términos elevados. Pero sí había escuchado de episodios sobre que había pateado un sillón, y otro episodio a la mañana con Alicia Traverso (secretaria tributaria) que terminó yendo a la Fiscalía a hacer la denuncia. “Yo sabía los problemas que había tenido con otros empleados, a Celia Traverso se refería como ‘la conchuda’ o ‘la yegua’. Y también a otras compañeras en términos despectivos, a María Laura Alvarez le decía ‘el gato’, y así todo el tiempo con las mujeres”, completó.

“De los contratados en la secretaría electoral, empezó a circular que el juez les había preguntado por la orientación política y por quien habían entrado a trabajar en el juzgado. Él hacia alusiones de que los querían sacar porque quería traer a su gente”, apuntó. Y para remarcar el carácter machista de Charín, dijo que “nunca” lo escuchó “referirse de forma despectiva hacia un varón”.

Silvestre fue quien lo reemplazó como subrogante cuando Charlín se fue. Contó que empezaron a aparecer las dudas sobre los gastos y no quiso firmar los recibos. “El auto del Juzgado no estaba y el libro de gastos daba negativo. Había mobiliario nuevo, equipo de música, de dvd... y me negué a certificar con mi firma ese gasto”, remarcó.

El maltrato a
los empleados

Otros dos testimonios que se escucharon en la primera jornada del juicio al exjuez Charlín fue el de dos empleadas, Alicia y Celia Traverso. Las dos son hermanas: la primera fue quien lo denunció en la fiscalía federal, y la segunda recibió diversos maltratos por su papel en la secretaría electoral y como delegada gremial.

Alicia contó que por la ubicación de su oficina “veía y escuchaba lo que iba pasando”. “Conmigo prácticamente no hubo mucho trato. Veíaa como mis compañeros iban cambiando la cara, o las enormes esperas para que firme el despacho. Le daba satisfacción hacer esperar a la gente”, contó.

“Mi hija estaba como contratada por las elecciones en la secretaria electoral y ya había pasado situaciones. Los estuvieron llamando uno por uno, preguntando por quién habían entrado y a qué partido político pertenecían. Les llegó por escrito que él era el Juez Federal ‘nombrado por el Ejecutivo con acuerdo del Senado’ -que era la muletilla preferida- y que podía sacarlos en cualquier momento y poner ‘a su gente de La Cámpora’. Estaban bajo la amenaza permanente de que iban a ser echados”, relató.

Sobre el episodio con Raúl Amiral, contó que lo citó en la secretaría tributaria y lo hizo esperar. “Estaba en su oficina almorzando y le decia a Daniela Anocibar (la secretaria) ‘dejá que esperen esos...’. Se ve que le daba satisfaccion hacer esperar. Amiral después de hora y media se fue, y de ahí bajó línea de que no entrara mas al juzgado. Y que iba a hablar con los superiores de la AFIP para hacerlo echar”, explicó.

Contó que hizo la denuncia en la fiscalía porque fue “un momento desesperante”. “Gritaba y rompía cosas a la tarde, siempre a la tarde. Pero esa vez era en horario de mañana, donde había gente. No le importó nada, estaba fuera de foco. Había momentos donde parecía una persona razonable. Pero después no sé si va al baño, se droga y se desquicia o qué...”, detalló la mujer.

También relató otro episodio que, según supo, le ocurrió al chofer del Juzgado. “Él se alojaba en el hotel La Campiña, el chofer iba y venía constantemente. Lo hacia esperar muchísimo y tenía un custodio. Y a veces, desnudo se ponía a leer el diario adelante del custodio”, contó.

Celia, por su parte, contó que “con el correr de los dias la situación se fue poniendo dificil, hasta que se tornó insostenible”.

De entrada, le espetó que “no sea forra” para que la acompañe a hacer compras por el centro de la ciudad, lo que implicó ir a ópticas, vinotecas y casas de celulares.

“Llegué a mi casa a las 7, 8 de la tarde, y me senté sola a llorar. No me había pasado eso en los 36 años que tenía. Llamé a Julio Piumato (secretario general de la Unión de Empleados Judiciales de la Nación), le comenté la situacion y me aconsejó que no dé un paso más. Me tranquilizó saber que tenía un respaldo gremial”.

Los ataques que recibía siempre le llegaban por terceros. Un sábado a la mañana, Rosaura Barrios (secretaria de la secretaría electoral) le mandó un mensaje a las 7 de la mañana para hablar en el juzgado. “Me llamó anoche, me tuvo 2 horas en el teléfono, me dijo barbaridades sobre vos”, le contó.

“Yo sentí que este señor lo que quería era la chequera. Hacía hincapié constantemente que tenía que poner su gente. Mandó a decir que ninguno acatara mis órdenes y que ninguno estaba seguro por mi culpa. Se vivía un estado permanente de locura”, señaló.

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