Charlín arrancó el juicio victimizándose

Vestido de jogging y con cambio de último momento en su defensa técnica, José Antonio Charlín se sentó este jueves en el banquillo de los acusados en la primera jornada del juicio en su contra por su escandaloso paso por el Juzgado Federal de Santa Rosa.

Después de numerosas demoras por recusaciones, pedidos de juicio abreviado y otras dilaciones, arrancó este jueves en el Colegio de Abogados el juicio contra el exjuez federal José Antonio Charlín, acusado de diversos delitos cometidos durantes su paso por el Juzgado Federal de Santa Rosa.

Charlín no se privó ni siquiera de una demora de último momento: menos de 24 horas antes de la primera audiencia decidió cambiar su defensa, dejando de lado a la defensora oficial Laura Armagno y siendo representado ahora por Flavia Fernández y Francisco Pagani, dos abogados de la Ciudad de Buenos Aires.

El exmagistrado está acusado por los delitos de abuso sexual y laboral, amenazas y maltrato contra empleados judiciales, testigos y un fotógrafo, además de malversación de fondos públicos por usar fondos de la Secretaría Electoral para comprar muebles y arreglar un baño.

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El debate, que lo llevará adelante el Tribunal Oral Federal de Santa Rosa conformado por jueces subrogantes, se dividirá en nueve audiencias y tendrá un total de 49 testigos.

José Charlín se presentó al debate vestido de jogging y pidiendo disculpas por su look informal, advirtiendo que no tuvo tiempo de cambiarse por haber viajado sobre la hora. Además de su abogada y su abogado, lo acompañó un fornido guardaespaldas que vigiló cada uno de sus movimientos.

No quiso declarar
pero igual habló

Cuando se sentó delante de los jueces Orlando Cosia, Carlos Grosso y Luis Salas, aclaró que no iba a declarar. Pero a continuación, una formalidad como el detalle de sus datos personales (que en cualquier juicio no demora más que dar nombre, apellido, domicilio y prefesión) se transformó en un repaso de más de hora y media por su currículum prefesional donde no se privó de colar algún comentario sobre los hechos que se le denuncian.

El juez Cosia, presidente del TOF en este juicio, hizo gala de una excesiva permisimidad que le permitió a Charlín montar un acting que versó entre lo desopilante y la victimización.

Mientras tomaba agua reiteradamente ("tomo agua porque el hipo no se controla fácilmente", explicó), habló de sus más de 30 años de experiencia en la Justicia y advirtió que “es muy grave subvertir y malversar una lucha como la de la cuestión de género” para defenderse de las acusaciones de acoso y violencia en su contra. Incluso, llegó a decir que por la tarde iría al acto en la Plaza San Martín en la jornada por el Día de la Mujer y pidió al tribunal que citen a Gladys Kruger, Elena “Lenny” Cáceres y Marynes Ortellado (las describió como "conocidas militantes de género") para que declaren -supuestamente- a favor suyo en esas cuestiones.

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Volvió sobre el tema dos veces más: cuando habló de la buena relación con su exesposa y para aclarar porque no convive con su pareja actual. Dijo que en ninguno de los casos han habido “situaciones de género que tengan que ver”.

Se quejó de que el fiscal Jorge Bonvehí (que formuló la acusación previo a jubilarse) le pidió una pericia psiquiátrica. “He pasado varios exámenes psicofísicos, incluso para cuando concursé al Juzgado Federal de General Pico”, mencionó. “Soy muy autoexigente y exigente, si la exigencia se entiende como acoso laboral, no soy quien lo debe condenar”, dijo en otro momento.

Insinuó también que la causa que se le inició es “cobrar un vuelto” por perseguir la trata de personas.

Charlín no cortó su perorata por voluntad propia. Su abogado lo interrumpió, para decir que más adelante seguirá declarando.

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La acusación

En el inicio de la audiencia, se había leído el detalle de los delitos por los que está siendo sometido a proceso: usar fondos destinados para la organización de las PASO 2013 en comprar un sillón, un reproductor de DVD, un equipo de música, un escritorio y sanitarios para reformar un baño, realizar comentarios groseros e incómodos hacia la secretaria penal Iara Silvestre, romper paredes y muebles a golpes y patadas, amenazar con echar a un grupo de trabajadores contratados (les hizo preguntar su filiación política y quién los había contratado “porque tenía que traer su gente”), amenazar al agente fiscal de AFIP Raúl Amirall, amenazas contra las empleadas Celia Traverso y Lía Bauman (a quien le llegó a apoyar una trincheta en el cuello) y a el fotógrafo de El Diario Adrián Pascual, entre otras situaciones.

Los delitos formales son abuso de autoridad, malversación de caudales públicos, abuso sexual simple, daño y amenazas reiteradas agravadas por violencia de género.

Después de repasar semejante lista, Charlín pidió si le podían leer otra vez toda la acusación porque no había llegado a hacer anotaciones. Obviamente, se lo negaron.

Todo eso ocurrió en alrededor de 60 días -entre junio y agosto de 2013- que estuvo en Santa Rosa. Charlín había llegado a la provincia para hacerse cargo del Juzgado Federal de General Pico, que nunca fue puesto en marcha. Tras la denuncia, terminó renunciando para evitar un juicio político.

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