Sedición: no atendían las emergencias y las comisarías estaban tomadas

Continúa el juicio a los policías sediciosos, con una nutrida ronda de testigos. De los catorce imputados, dos continúan prófugos.

La mayoría de los testigos convocados por los defensores que declararon este miércoles en el juicio por sedición terminaron comprometiendo la posición de los imputados: ratificaron que no se atendían las emergencias por teléfono, no se podían comunicar los móviles a través de la radio y que, además de la Jefatura, había comisarías como la Primera, Segunda y Tercera que directamente estaban tomadas por el personal durante el primer día del acuartelamiento de diciembre de 2013.

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Los testigos que declararon fueron convocados por el defensor oficial, Martín García Ongaro. Si bien apuntalaron la tesis defensiva de que no hubo hechos de violencia ni hostigamiento hacia los jefes y comisarios que no se plegaron a la protesta, ni tampoco cabecillas visibles, también dejaron en claro que el 101 quedó fuera de servicio y que se rompió la cadena de mandos durante el levantamiento. Solo uno de los acusados recibió un alivio: un jefe de la comisaría declaró que Silvio Rojas no se plegó al acuartelamiento y que se quedó en las dependencias de la Primera porque él se lo ordenó. 

El juicio se inició la semana pasada y, si bien hay 14 policías imputados del delito de sedición, dos de los acusados permanecen prófugos: Pablo Montes (quien estaría en Las Vegas, Estados Unidos) y Jeremías Martín Salvatierra. El resto de los policías acusados son Julián Giménez, Luis Horacio Bruno, Fernando Rolhaiser, Diego Hernán López, Carlos Daniel Gatica, Daniel Narciso López, Carlos Aníbal Mendibe, Marcelo Cisneros, Roberto Germán Mora, Silvio Norberto Rojas y los retirados José Luis Furriol y Rodrigo Wiggenhauser. Hay dos policías, Rojas y Montes, que también están acusados del delito de coacción y daño porque violentaron el portón de ingreso de Vialidad y cargaron combustible en un patrullero intimidando a los presentes.

Los artículos 229 y 230 del Código Penal castigan el delito de sedición con prisión de 1 a 6 años. Además, dos policías, Rojas y Montes, están acusados también del delito de coacción y daño porque violentaron el portón de ingreso de Vialidad y cargaron combustible en un patrullero intimidando a los presentes. El tribunal de juicio lo integran Carlos Besi, Gastón Boulenaz y Gabriel Lauce Tedín. Acusa el fiscal general Guillermo Sancho y la defensa se reparte entre el abogado Boris Vlasich y los defensores oficiales Paula Arrigone y Martín García Ongaro.

"El teléfono no se atendía" 

En primer lugar, el agente Aldo Jesús Arhex, que trabajaba en el 101 y el día 11 estaba de franco, contó que al día siguiente, el jueves 12, no se pudo incorporar porque la Jefatura estaba tomada y le dijeron que el servicio no funcionaba. “El teléfono no se atendía”, aseguró.

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Por otra parte, el policía Alfredo Gustavo Sierra, que era operador del CECOM, declaró que estuvo presente en la protesta de la Jefatura. Dijo que el sistema de comunicaciones funcionaba pero admitió que no se atendían los teléfonos. “No me convocó nadie. Entre otras cosas, se reclamaba un aumento de sueldo y el cambio de la ley, que es muy vieja y por la que nos sentimos damnificados”, dijo. “La protesta fue pacífica. Lo único que se logró un aumento, no el reclamo de fondo, que era una ley que nos protegiera”, agregó. “Los que protestaron fueron castigados de alguna manera y por eso el resto no se animó a reclamar más”, añadió.

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Este viernes también declaró Natalia Daniela González, quién participó de la marcha de la plaza con su niña de 8 años en “solidaridad” con los policías por considerar que “estaban mal pagos, con adicionales atrasados y los móviles hecho bolsa”. “Me enteré por faceboock. Fui con mi nena, no hubo ningún problema de violencia”, atestiguó. Respondió a los defensores que no identificó cabecillas en la protesta.

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Luego la médica Romina Beatriz Camarero, del Servicio de Emergencias Médicas, contó que atendió tres pacientes el día 12, uno herido de arma blanca. “Alguien llamó y fui con ambulancia y chofer”, recordó. El defensor Martín Ongaro intenta demostrar con su palabra que el 101 funcionaba. Sin embargo, la profesional dijo que la emergencia pudo haber sido atendida por el 107 y no aseguró que haya habido intervención policial.

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Por otra parte, una vecina de la sucursal del supermercado La Anónima, de Zona Norte, Claudia Pardo, declaró que la noche anterior al acuartelamiento la policía reforzó la seguridad del lugar porque antes habían querido saquear un negocio cercano. “Había mucha gente en la Pilcomayo, constantemente las camionetas de la policía iban allá”, dijo.

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 “Rojas no estaba de acuerdo”

El comisario Juan Carlos Mendis, que era el segundo jefe de la Primera, relató este miércoles que no se plegó a la protesta y recorrió con patrulleros las calles junto al encargado principal, Temístocles Torreani. Dijo que entró y salió de la comisaría "sin dramas", a buscar armas largas y pertrechos para prevenir saqueos. “Salí y entré un montón de veces, no tuve drama con el personal”, afirmó. También aseguró que desde la Primera se trasladó a un detenido hasta tribunales.

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Mendis dijo que uno de los acusados, Silvio Rojas, llegó al otro día a la comisaría, a las 7 de la mañana, y le manifestó que no estaba de acuerdo con el acuartelamiento. “Le pedí que se quede en la comisaría a cumplir el horario y se retirara porque no entraba en el patrullero, es una persona de porte muy grande”, aseguró.

Declaró que el personal debía entregar los patrulleros con el tanque de combustible lleno porque inclusive se exponían a una sanción. De esta manera, pareció beneficiar a Rojas, que está acusado junto a Pablo Montes de cargar combustible por la fuerza en Vialidad. Dijo desconocer que sucedió en ese episodio.

Consultado por el fiscal Guillermo Sancho, el comisario Mendis admitió que “las primeras horas las cadena de mando estuvo rota, estuvimos patrullando sin saber a quién responder”. “No estuvo bajo control, la orden era no volver a la comisaría para no tener ningún roce. Volví varias veces, no había hostilidad, pero no les di órdenes porque ya no era el jefe de ellos”, reveló.

También aseguró que al otro día “más de media comisaría” se fue con él a trabajar a la Escuela de Policía, Rojas entre ellos.

“La Tercera estaba tomada”

Por su parte, el oficial de policía Brian Elizondo recordó que durante la madrugada del acuartelamiento lo convocaron desde la Tercera para patrullar junto a los comisarios. “La comisaría estaba tomada, era una situación hostil. Quedaron dos vehículos solo para usar”, describió. “No funcionaba el 101. No podíamos operar con equipos, la frecuencia para coordinar lo obstruían pasando música. Incluso conmigo hubo un altercado porque nos empezamos a comunicar por teléfono… de esa manera se hizo el patrullaje”, detalló.

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"Se llevaron patrulleros a la Jefatura”

Finalmente, el comisario Omar Eduardo Obholz, que en la época del levantamiento era jefe de la Segunda, declaró que “la noche del 11 todo el personal paró los móviles y dejaron de trabajar. Permanecieron en el patio de la comisaría hasta el otro día a la mañana que se trasladaron a la Jefatura”, puntualizó. El policía dijo que no hubo hostilidad ni violencia hacia los jefes. “

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"Evidentemente respondían a algún mensaje de texto. Nadie se llegó a la comisaría para que tomen esa decisión”, dijo. Aseguró que los manifestantes solo dejaron un cabo de guardia, encargado de los detenidos, y para atender la guardia. “Los teléfonos sonaban y no se atendían”, contó. “Solo quedaron dos vehículos, el resto no estaba trabajando. Al otro día llevaron algunos patrulleros a la jefatura”, concluyó.

 

 

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