La víctima que no olvidó el rostro de Pérez Oneto

El actual secretario administrativo de la UNLPam, Pedro Molinero, fue secuestrado en el 77 y pasó tres años detenido. Contó las sesiones de tortura que sufrió en la Primera. Reconoció a Pérez Oneto como el médico que lo atendió en los calabozos.

El actual secretario administrativo de la Universidad Nacional de La Pampa, Pedro Molinero, fue secuestrado en el 77 y pasó tres años detenido. Contó las sesiones de tortura que sufrió en la Primera. Reconoció a Pérez Oneto como el médico que lo atendió en los calabozos.

Molinero estudiaba en Económicas y militaba en agrupaciones estudiantiles. Había participado de las movilizaciones por la nacionalización de la UNLPam. Lo detuvieron el 2 de febrero de 1977 en la Terminal y lo llevaron a la Primera. Lo sometieron, vendado, a una sesión de tortura. Lo interrogaban sobre su actividad estudiantil y política, y sobre una encomienda que habían secuestrado. “Casi me desmayan. Perdí el control y me colocaron algo en el estómago y me pasaron corriente eléctrica”, detalló.

“Fui torturado en otras oportunidades con picana, me colocaron la picana en la cabeza, en las sienes. Sentía algo que me atravesaba. En otra oportunidad en el pecho, a la altura del corazón”, contó. “Me preguntaban insistentemente si teníamos armas. Nunca en mi vida tuve una”, mencionó.

En una oportunidad lo sacaron al patio, ‘me sacaron la venda y me sacaron una foto”. Sufrió tres sesiones de tortura, y en la última le hicieron firmar una declaración.

El rostro del médico

Molinero evocó que durante el encierro “de anoche me ahogaba y no podía respirar, pedí asistencia médica a los gritos, tenía como una taquicardia”. “Fui atendido por una persona en el calabozo. Yo recuerdo su cara. Buscando médico años después para atender a mi hija, que tenía problemas en la piel, me indicaron un médico. Voy con mi hija a ver ese médico y cuando entré me sorprendió... lo reconocí. Era Pérez Oneto. Cuando le comenté a mi mujer, le dije que yo lo conocía, y mi familia me contó que era quién los había recibido cuando llevaron medicamentos a la Primera”, puntualizó.

“El médico me vio en la celda, a oscuras, con las manos atadas atrás”, describió.

Preso en La Plata

Molinero estuvo tres meses en la Colonia Penal. Fue trasladado en avión, donde también fue golpeado, y lo alojaron en la Unidad 9 de La Plata. A fines del ’78 le iniciaron una causa penal. “Se apersonaron tres personas. Me pidieron ratificar la declaración que había firmado después de a sesión de tortura. No tenían identificación, no sabíamos quiénes eran. Se me inició una causa por asociación ilícita. Me entregaron la absolución cuando me dieron la libertad vigilada” precisó.

Estando preso, en el ’79, lo entrevistaron miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y él denunció los “vejámenes” en una carta cerrada que entregó. Allí estuvo detenido hasta julio de 1980, cuando salió con libertad vigilada y se fue a General Alvear, en la casa de sus padres.

En el ’82 retomó sus estudios en Santa Rosa. “Era una universidad distinta. No sentí rechazo, pero era otra universidad. Fui a una reunión del centro de estudiantes y no me dejaron hablar”, manifestó, a modo de anécdota.

“Defendíamos la democracia y nos oponíamos al golpe. Tengo cuatro hijos que crecieron en democracia. Hoy estoy a cara descubierta en un juicio. Ustedes tienen la posibilidad. Yo nunca vi a un juez. Estoy en la universidad, donde todas las voces se escuchan, estudiantes, docentes, no docentes y autoridades. Interactuan con la sociedad‘, reflexionó.

Dos años preso “por los libros”

Por otro lado, también declaró Adrián Adolfo Disanto (72) quién contó que estuvo preso en el ’72, en el ’75 y en el ’77. Había participado de la lucha por la nacionalización de la universidad desde la Facultad de Agronomía. Militaba de un frente estudiantil de izquierda.

En el '72 el dictador Agustín Lanusse vino a festejar el 25 de Mayo a Santa Rosa. Habían fusilado a los presos políticos de Trelew. Le gritaron "asesinos" a las autoridades militares, frente al ACA. Por eso lo detuvieron unos días. "Fue una patriada", recordó.

“En febrero del 75 fui detenido en mi casa por policías y personal del Ejército y se llevaron una pila de libros. Habré estado siete días y me liberaron”, recordó. Lo interrogaron Fiorucci, Baraldini y Gualpas. No estuvo ni esposado ni vendado y no fue sometido a tormentos.

Dos años después, en el 77 lo detuvieron nuevamente y lo llevaron a la Primera. Ahí lo sometieron a una sesión de tortura con picana eléctrica, vendado y esposado. “Siempre giraron alrededor de los libros”, dijo, sobre los interrogatorios. No reconoció a sus torturadores.

Estuvo detenido dos años. De la Primera lo llevaron a la Colonia Penal y luego a la Unidad 9 de La Plata. Allí recibió la visita de la Comisión Latinoamericana de Derechos Humanos. No recordó si denunció su situación por escrito porque había miedo de que las autoridades del penal accedieran a los escritos.

Le hicieron un juicio. A él lo defendió el abogado Ciro Ongaro. “El juez Lema dijo que no había sido subversivo porque yo pertenecía a un partido que defendió el orden constitucional. Ordenó la libertad pero yo quedé a disposición del Poder Ejecutivo”, indicó.

"Nos golpeaban con guantes”

Jorge Luis Canciani era estudiante de la UTN y trabajaba en una oficina de la administración provincial en el parque industrial de Pico. “El 24 de marzo llegó la policía a la oficina, me preguntaron por algunos compañeros, Barabaschi, fuimos a la casa de ella y de ahí me llevaron a la comisaría de Pico y a la madrugada nos trajeron a Santa Rosa en un carro de asalto, éramos 40 o 50 personas”, relató este martes en el juicio de la Subzona 14 II.

Dijo que lo llevaron a la Colonia Penal, en celdas individuales. “A la mañana siguiente nos llamaron a Calvo, Cortada y Canciani. Nos trajeron a la Primera. Ya era de noche y todavía estábamos esposados en los pasillos de la Seccional. Logré ver a varios compañeros, Raquel, Audisio, Rosalín Gancedo. Llegada la noche de a uno nos vendarnos los ojos y nos llevaron al primer piso. Comenzó una indagatoria con cosas que no teníamos ni idea, dónde teníamos las armas, por qué habíamos matado a una persona… y nos empezaron a golpear, aparentemente con guantes. No teníamos marcas cuando llegamos a la Colonia, las marcas aparecieron después, a los cinco o seis días”, recordó.

Luego del interrogatorio, los devolvieron a la Penal. Eso ocurrió tres veces. Aunque en tercera oportunidad, lo llevaron a la Segunda, en la Raúl B. Díaz. “Ahí hice una declaración normal. Hice la declaración que tenía que hacer y volví a la Penal”, señaló.

No pudo identificar a ninguno de sus torturadores porque siempre estuvo vendado.

Después de dos semanas, lo liberaron. Manifestó que el jefe de la Policía, Luis Baraldini, citó a sus padres y los de otros detenidos después y les recomendó que “nos cuidaran”.

 

 

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