Un acto político innovador, entre carcajadas compañeras

El stand up de Gustavo Berger ("Un rubio peronista") no es un espectáculo cómico, sino un hecho político cargado de humor. Se presentó en el Club Fortín, a la gorra, ante más de 400 personas, con organización del Frente Peronista Barrial. Sonó “el hit del verano”.

El estallido del “hit del verano” era obvio: antes y durante el “show” sonó entre aplausos el MMLPQTP, en alto volumen, como ocurre cada día en algún encuentro popular en cualquier punto cardinal del país. Dirá la leyenda que en Santa Rosa el cantito sonó por primera vez una noche del 7 de marzo.

La presentación de “Un rubio peronista”, en el Club Fortín, no fue un espectáculo: fue un acto político cargado de humor, pero no solo de humor. Haciendo base en las carcajadas, pero repasando ideologías y memoria. El salón estuvo repleto. Repleto de personas, de sensaciones y de ideas.

Para los organizadores del Frente Peronista Barrial fue un golazo: demostraron capacidad de movilización, reunieron a una muchedumbre a la que tienen cerca y presentaron un hecho político innovador, en el que prometen reincidir con otros nombres, en otra fecha, pero quizá con el mismo hit.

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Reunión nac&pop

El encuentro en Fortín, entre el humo de los choripanes y el olor de las empanadas, fue una reunión nacional y popular en la que los comentarios previos a la presentación de Gustavo Berger, la complicidad con sus chistes y conceptos y las charlas posteriores fueron en un mismo camino: todo muy político.

Para completar ese combo, el espectáculo fue “a la gorra”. El humorista se llevó lo que cada cual aportó voluntariamente a la salida, porque la entrada fue gratuita. En la cantina, un chori y una birra costaban $100. Y como fue un acto peronista, no pudieron faltar la impuntualidad ni una dosis de machismo.

Entre el público, estuvieron altos referentes del peronismo local, incluídos algunos de los que sueñan con la Intendencia. Fueron a reírse y socializar diputados, líderes de sectores internos, gremialistas, comunicadores. Una clarísima mayoría de filoperonistas, compañeros y compañeras.

Sobre el escenario, con la metodología del stand up, Berger definió al peronismo como “una puerta giratoria”. Y mostró los aspectos más bizarros e increíbles de una realidad: “Mauricio Macri es el presidente electo de los argentinos”, además de ser un titular periodístico del 22 de noviembre de 2015, constituye una situación inconcebible que se convierte en la columna vertebral de su relato-exposición-crónica.

“Atractividades”

El repaso de todas las intervenciones penosas de Macri y su troupe, la referencia a varias de sus “atractividades” y sus indisimulables problemas de lectura, un recorrido por el gabinete CEO y sus implicancias, finalmente le hacen fácil la tarea a Berger.

Él mismo contó que se topó con una época riquísima para hacer humor político, a contramano de lo que los trolls del PRO le auguraban y deseaban en las redes sociales, dando por hecho que un actor así, un show así, solo podía vivir del asistencialismo K en días kirchneristas.

Los días más felices fueron peronistas, en la memoria de un rubio que en su barrio de Olivos era mirado de reojo porque algo extraño “le pasó: es peronista”. Ese es el relato que Berger hace de sí mismo: criado en una familia de gorilas, enviado de pequeño a una escuela privada alemana, el mundo se le abre cuando “cae” en la escuela pública. La sola referencia a ese episodio derivó en una ovación de las trabajadoras y trabajadores docentes en el salón.

Extraños y propios

Los monólogos de Berger no se agotan en los papelones del macrismo ni el comportamiento de “Globerto”: la mordacidad se ríe particularmente de (y con) los personajes de la izquierda nacional, desde Nicolás Del Caño hasta la militancia del Partido Obrero.

Sus ácidas intervenciones, además, castigan a los “compañeros”: los Black Berry de La Cámpora, los derrapes de Florencio Randazzo y su holograma, el tono “evangélico” de la campaña de Cristina, los vaivenes con el Papa Francisco y la actual pasividad de la CGT -entre otras referencias- aparecen en el radar del rubio peronista que sube al escenario apenas con un micrófono y una remera en la que aparece dibujada la mirada de Néstor Kirchner.

Después de los palazos al propio peronismo, Berger repite para sí mismo -un poco en broma y un poco en serio, como todo-: “unidad del peronismo, unidad del peronismo, unidad del peronismo”.
Es probable que lo mismo estuvieran pensando unos cuantos de los presentes, dirigentes y militantes del peronismo -sobre todo santarroseño- que anda buscando rearmarse, espiando de reojo qué paraguas nacionales se arman.

En síntesis: peronistas que, desperdigados y no tanto, rondan esa puerta giratoria para buscar la “unidad” -que nunca fue magia- para zafar de aquella situación que no imaginaban ni en las peores pesadillas, cuando el título de los diarios confirmó que “Mauricio Macri es el presidente electo de los argentinos”.

La enumeración de dichos y actos del macrismo que hace el rubio peronista por momentos impresiona: en el vértigo de cada día, y con la connivencia del cepo mediático que protege, oculta y manipula, esos tropezones presidenciales pasan prontamente al olvido, se convierten en una anécdota edulcorada. Menos mal que existe la política, o un acto político como el de este miércoles en Fortín, para que no caigan en el olvido.

Juan Pablo Gavazza

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