Ganadería: el aporte de la pradera perenne

Por Mariano Fava (*)

Luego del período de inundación la provincia de La Pampa vuelve a los regímenes de lluvias erráticos, marcados por un fuerte déficit hídrico en los meses de verano que se generan por una alta demanda atmosférica de humedad, correlacionada positivamente a las elevadas temperaturas. Para nuestro clima en invierno se produce otro momento de falta de humedad, que es en el invierno, pero en este caso relacionado con la ausencia casi total de precipitaciones. Más allá de que sea un problema de demanda de agua (verano), u oferta de esta (invierno), el riesgo asociado a la posibilidad de sufrir estrés hídrico y las pérdidas que ello conlleva han generado que cada vez sean más los productores que se refugian en la ganadería como su corazón de negocio. Si al riesgo asociado a una siembra se le suma el aumento de los costos internos, el retraso cambiario y el costo del dinero; la agricultura en ambientes marginales, por llamarlos de alguna manera a las regiones con fuerte probabilidad de sufrir estrés hídrico, y con una distancia al puerto de tal envergadura que puede llegar a representar el 30% a más del valor de producto, como por ejemplo el maíz o el trigo; no es de extrañar tal reconversión productiva de agricultor a ganadero.

La ganadería está recibiendo así cada vez más empresarios y muchos de ellos al ser de origen agrícola, le están imprimiendo un dinamismo muy importante, acuñándose el término de ganadería agrícola, lo que significa que se produce una cantidad importante de granos con destino a forraje, agregándole valor a estos vía la conversión en carne. Así, la técnica del silaje planta entera de gramíneas de verano, asociada a la suplementación proteica de este forraje con verdeos de invierno, diferentes expellers y nitrógeno no proteico (urea), como así también el enriquecimiento energético de la dieta con grano propiamente dicho (maíz, sorgo o cebada) están transformando lentamente el paradigma de una ganadería extensiva de pastoreo a una cría extensiva de pastoreo con invernada fuertemente influenciada con el engorde a corral (feed lots), al menos como estrategia de terminación.

Sin duda la cría y recría a campo de animales bovinos, con la terminación a corral, es la gran tendencia actual entre los empresarios pecuarios. Los más eficientes optan por el ciclo completo, es decir vaca de cría, con recría de terneros y engorde todo hecho por el mismo empresario. Quienes no quieren complicarse y buscan simplificar el sistema escogen uno u otro extremo de la cadena, es decir o bien hacen la cría, o bien la invernada. Más allá que se escoja cualquiera de estas alternativas de producción bovina (cría, invernada o ciclo completo) ha llegado el momento de captar en toda su dimensión los beneficios que proveen las praderas perennes, sobre todo las base alfalfa, como la variable más importante para lograr elevadas producciones, a un costo competitivo, ampliando la ventaja que significa recuperar la fertilidad física y química de los suelos.

En efecto se ha avanzado mucho en genética de pasturas durante los últimos años, sin embargo esta tecnología solo ha sido usufructuada por el sector lechero, siendo momento de que se masifique hacia el sector ganadero todo. Sin duda en lo que a alfalfa y festuca se refiere se han dado saltos drásticos de producción vía la mejora genética. El desafío es conocer el comportamiento productivo de cada especie y dentro de esta de cada variedad, de manera de saber asociar los beneficios de todos los materiales integrantes de una mezcla polifítica (varias especias) que van a ser establecidos en un potrero. La muy buena cotización del novillo en pie representa una invitación al productor ganadero a tecnificarse en lo que a pasturas se refiere, empleando la mejor genética y una adecuada fertilización fundamentalmente fosfatada (fertilizantes con un 30% o más de fósforo en su composición).

En cuanto a lo netamente productivo, ya es conocido por parte de los productores ganaderos que disponemos en el mercado de dos tipos de alfalfas:

1. De grupo 6 o 7 comúnmente denominadas con latencia.

2. De grupo 8 y 9 o sin latencia.

Si bien ambas producen más o menos lo mismo en cuanto a toneladas de materia seca por hectárea y por año, las de grupo corto lo hacen en menor cantidad de cortes, es decir concentran su producción, en consecuencia dejan de producir antes en invierno y empiezan a producir más tarde en primera que las especies sin latencia. Esto es algo a tener presente por el productor, para ver cuáles de las 2 opciones le conviene, quizás sea una combinación de ambas, es ese caso habrá que determinar en qué proporción.

La festuca es quizás en lo que más se ha avanzado respecto a la mejora genética dentro de las especies forrajeras más empleadas en nuestra provincia. Hoy contamos con variedades tradicionales que pueden tener una diferencia de producción muy importante con respecto de la antigua festuca alta identificada, ya que a igualdad de recursos (agua y nutrientes) se pueden obtener un diferencial de hasta treinta por ciento más de raciones. Además de contar con especies de latencia estival, que “descansan” mientras la alfalfa está en plena producción, retomando el crecimiento durante los meses de invierno cuando la leguminosa declina su actividad, permitiendo de este modo prolongar el aprovechamiento de la pastura. Además existen variedades rizomatosas adaptadas a bajos salinos, lo que sería una mejora respecto de las especies que contábamos hasta ahora para estos ambientes (agropiro). Esta gramínea, por su condición de rizomatosa, puede ir colonizando sectores del potrero en ambientes muy enmalezados o salinizados. Sabido es que los manchones salinos de los campos bajos quedan sin cobertura vegetal, pues la mayoría de las hierbas no pueden crecer, es precisamente en estos lugares donde el animal prefiere depositar sus deyecciones, las que a su vez mejoran la calidad de esa porción del suelo tornándolo progresivamente productivo, y siendo invadido en una primera etapa por malezas. Si tenemos presente la festuca rizomatosa, sin duda podrá ir de a poco avanzando sobre estos sectores desnudos en desmedro de las malas hierbas. Como vemos hay mucho que decir y para innovar en materia de insumos ganaderos, sin embargo en virtud de lo extenso del tema, queda el compromiso de volver sobre el mismo en próximas ediciones.

(*) Ingeniero agrónomo (MP: 607 CIALP) - Posgrado en Agronegocios y Alimentos @MARIANOFAVALP

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